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Publicado el 21 Enero, 2019 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

Inocencia, un filme de muchos sentimientos

Nos consterna apreciar que el odio se interpone –cual cisne negro–, tejiendo una trama burda de la profanación, en medio de una sociedad corrupta, fanática y llena de un miedo que lleva a los hombres, especialmente a los Voluntarios, a odiar tanto, que la vida se subasta por solo satisfacer caprichos de un orgullo fascistoide

Inocencia, un filme de muchos sentimientos.Por IRENE IZQUIERDO

Cuando la historia se conoce desde las hojas y letras de un libro, no puede emocionar tanto como cuando toma figura en hombres y mujeres con quienes se humanizan sueños, travesuras, alegrías, amores y preocupaciones; y también – ¿por qué no? – cuando provoca una aversión incontrolable a la injusticia, al odio que son capaces de sentir los injustos.

Inocencia, un filme de muchos sentimientos.Tal es la sensación que experimentan las personas que han tenido la posibilidad de ver el filme cubano Inocencia, del director Alejandro Gil.

Cuento desde una vivencia, no desde un set, y retomo las palabras del director,  cuando comentó a la agencia Prensa Latina que su “propósito fundamental representar una obra de carácter humano, que desde la emoción permita entablar un diálogo con el espectador”.

Y lo logra, porque a cualquier persona a la que usted le diga: “27 de noviembre de 1871”, en seguida le responderá: “el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina”. Es una historia sabida, pero su equipo de realización se encarga de instarnos a ir –ellos nos llevan de la mano- por el camino de la historia nueva.

Inocencia, un filme de muchos sentimientos.¡Sí, nueva! Porque entramos en La Habana de la segunda mitad del siglo XIX, como quien la ve por vez primera. Y nos alegra el desenfado casi adolescente de los estudiantes. Y nos hacemos cómplices de los amores furtivos…

Al mismo tiempo, nos consterna apreciar que el odio se interpone –cual cisne negro–, tejiendo una trama burda de la profanación, en medio de una sociedad corrupta, fanática y llena de un miedo que lleva a los hombres, especialmente a los Voluntarios, a odiar tanto, que la vida se subasta por solo satisfacer caprichos de un orgullo fascistoide.

Es la historia rediviva con lirismo y amor, y sin perder de vista la crueldad de aquellos momentos. Se hace honor a la solidaridad, a la hermandad, pero también se juzga, sin que se escuche el golpe de sentencia del juez, porque el mejor mallete incriminador es el llanto silencioso de quienes, desde la sala oscura, pese a conocer los hechos, hoy desean intensamente,  que esos muchachos hubieran vivido.

 


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo