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Publicado el 9 Enero, 2019 por Bárbara Avendaño en Cultura
 
 

CATHRYN GRIFFITH

Paisaje actual de unas postales antiguas

El libro La Habana revisitada. Una herencia arquitectónica ha sido motivo para conversar con esta mujer estadounidense que ama entrañablemente a Cuba. Para ella, su obra es evidencia de nuestra dedicación por preservar la historia de la capital
Paisaje actual de unas postales antiguas.

Cathryn Griffith no imaginó que de aquel viaje fortuito a Cuba, en 2003, surgiría la idea de su libro y se enamoraría de La Habana. (Foto: EDUARDO LEYVA).

Por BÁRBARA AVENDAÑO

Fotos: EDUARDO LEYVA BENÍTEZ

Aquel  día, apenas vi a Cathryn Griffith salir del ascensor del habanero hotel Inglaterra –donde se ha hospedado en 21 de sus 26 viajes a La Habana–, me impactó la rebosante vitalidad de sus 80 años. Lucía un vestido de colores vivos, collar, pulso y aretes de hueso, confeccionados por un artesano matancero, y sostenía entre las manos una pamela rosa para disimular el sol del mediodía.

Tras las presentaciones sobrevino el diálogo grato con una estadounidense amante de Cuba y su gente, artista de la fotografía y viajera incesante. Entonces, contó detalles de su vida y del proceso de creación del libro Havana Revisited An Architectural Heritage (La Habana revisitada. Una herencia arquitectónica), interés supremo que llevó al equipo de BOHEMIA a su encuentro.

Este proyecto nació en 2003 y concluyó en 2010 con la publicación del volumen que relaciona cientos de postales ilustradas de La Habana entre 1902 y 1930 con fotografías actuales de esos mismos sitios. Cuenta con prólogo de Eusebio Leal, quien, al decir de la autora, “ha hecho de la restauración y rehabilitación de La Habana el trabajo de su vida y, a pesar de su ocupada agenda y múltiples compromisos, encontró tiempo para escribir un texto reflexivo y poético”. En 12 capítulos, el volumen resume ensayos de 10 prestigiosos autores acerca de temas referidos a la capital. Fue editado por Nancy Green, de la Editorial W.W. Norton & Company, y la traducción estuvo a cargo de Dick Cluster.

Nociones de un país

“Mi primer recuerdo de Cuba viene de los diarios escritos durante 60 años por mi bisabuela, Margaret Love Stone, en los que registró muchas actividades de nuestra familia y de su comunidad, de la cual era líder. El 21 de febrero de 1898 asentó: ‘[…] parece que podemos tener guerra con España […] ¡hundieron el Maine! Pobre Cuba”. De ahí una expresión que ella repetía y yo no sabía qué significaba “Recuerden el Maine’”, evoca Cathryn Griffith.

Pero quizás su determinación en la vida le llegó de la abuela, Helen Stone Schluraff, quien aprendió a dirigir un negocio de floristería y llegó a convertirse en sufragista. Cuando las mujeres obtuvieron el derecho al voto en Estados Unidos, ella fue la primera elegida para un cargo público en Pensilvania; como comisionada del condado se preocupó por las vías públicas y los hospitales.

En 12 capítulos, el volumen resume ensayos de 10 prestigiosos autores acerca de temas referidos a La Habana. Fue editado por Nancy Green, y traducido por Dick Cluster.

Paisaje actual de unas postales antiguas.

Al decir de Félix Julio Alfonso, este “no solo es un texto espléndido como libro de arte, sino también por los valiosos conocimientos que atesora, con el valor agregado de las imágenes”. (Fotocopia: EDUARDO LEYVA)

“Dorothy Schluraff Corboy era mi madre. Conoció a mi padre cuando ambos trabajaban en el periódico Erie Times: ella informaba sobre eventos sociales, y él era reportero de la Policía. Después de la muerte de papá mi mamá fue invitada a regresar al trabajo en el diario, y aceptó, pero le impactó que, en los contratos de la plaza de editor que ocuparía, la de mujer y hombre tenían un pago distinto, beneficiaban a ellos por encima de ellas”, rememora.

Esa discriminación hacia la mujer también le tocó de cerca a Cathryn cuando tenía 17 años y estudiaba Física en la universidad. En segundo año, la madre le explicó que no tenía cómo sostenerla, pues sus dos hermanos sí tenían que estudiar para casarse y mantener una familia, mientras que a ella la protegería su esposo.

En Boston, Massachusetts, nuestra entrevistada se movía en un mundo de hombres, “en el que no tenías que ser una persona buena, ni dulce para tener éxito, sino lo contrario, estaba muy bien visto que alguien le diera un codazo a otro, lo quitara del medio, y se hiciera camino de esa manera”. Incluso cuando navegó con su esposo en barcos de vela y participó en regatas, aunque ella era la timonel, siempre a él le acreditaron el triunfo de la carrera.

Cuando este murió, Cathryn tenía 40 años. Por entonces escuchó sobre la posibilidad de ir a la universidad a medio tiempo. Comenzó a estudiar Cultura Francesa y en el sexto año eligió como tema de tesis el Museo de Orsay, en París, dedicado al arte del siglo XIX. El edificio donde este se encuentra fue construido en 1900 para la Exposición Universal de París y en el tiempo tuvo muchos usos: fue estación de trenes y, durante la Segunda Guerra Mundial, hospital, hasta que terminó siendo museo. Aquel proyecto la preparó para otros futuros.

Ayer y hoy de la iglesia y convento de San Francisco de Asís que dan nombre a una de las plazas más visitadas por cubanos y extranjeros. (Fotocopia: EDUARDO LEYVA).

Después de graduarse, ingresó en la escuela del museo de Bellas Artes de Boston para estudiar fotografía. Recuerda que cierta vez uno de sus profesores le dijo:

“Vamos a hacer un viaje a Cuba. ¿Quieres ir?” Ella le respondió que en ese momento no podía. Pero al día siguiente el maestro le insistió, la invitó a un almuerzo en el que estarían muchas de las personas que irían a la Isla del Caribe, casi todas pintores y fotógrafos; le detalló que, durante la estancia, trabajarían todo el tiempo y en la noche oirían música. Además, significó que el cubano era muy bueno, daba la bienvenida con mucho calor, y a ella le gustaría el país. Entonces, lo pensó mejor, y aceptó.

Ese fue su primer encuentro con Cuba, en 2003. Cada artista traía su tema de investigación, y el suyo lo concentró en las conexiones existentes entre quienes habitan distintas localidades, y las suyas con esas personas.

Durante aquel acercamiento estuvo una noche en Pinar del Río y el resto del tiempo en La Habana. “Caminé desde el Parque Central hasta el mar, por el Paseo del Prado, y después hasta la Habana Vieja y la Plaza de Armas. Mientras andaba por las calles y tomaba fotografías, me interesé académica e intelectualmente por esta ciudad y su arquitectura”, confiesa.

Después de este viaje, Cathryn Griffith fue a París. Un día paseaba por una feria de objetos hechos de papel y vio que vendían unas postales de La Habana antigua, las cuales mostraban unos edificios. “Compré cinco, pues podían ser importantes. A lo mejor, si volvía a la capital habanera los buscaría”. Sin darse cuenta, así comenzaba su proyecto cubano.

Reconociendo La Habana

Según consta en el libro, la capilla del Cementerio de Colón fue erigida allí entre 1883 y 1885. En la imagen, la evolución de los coches funerarios antiguos a los vehículos motorizados contemporáneos. (Fotocopia: EDUARDO LEYVA).

De regreso a Cuba la fotógrafa trajo aquellas postales. “Una era del Paseo del Prado, y posé para la cámara en el mismo lugar que reflejaba la imagen. Entonces, se me ocurrió averiguar dónde estaban los demás sitios que mostraban las tarjetas y hacerles fotos de lo que eran ahora”. Cuando regresó a Estados Unidos, le comentó a uno de sus profesores de la escuela de arte la idea, a él le pareció interesante y la motivó a que continuara.

Antes de volver a La Habana por tercera vez entró a Ebay, sitio web de su país que vende de todo, y empezó a buscar postales antiguas de Cuba, de las cuales compró alrededor de 600. “Cerca de dos tercios de estas nunca fueron enviadas por correo, sino deben haber sido souvenir para las personas que viajaban acá desde otros países o lugares de la Isla. Las mandadas vía correo llegaron a muchos sitios del mundo. Yo sentí curiosidad por las personas que escribieron las dedicatorias”, apunta.

“En una postal que data de 1902, una joven francesa le escribió a un hombre, ‘Je changerai des cartes postales avec plaisir avec vous’  ‘Me encantaría intercambiar postales contigo’. Me pregunto si ese fue el principio de un romance”, discurre.

“En otra, la tía María decía, ‘Here is where I live at present’. ’Aquí es donde vivo actualmente’. ¿En realidad vivía en La Fuerza o solo bromeaba con su sobrino?”

Paisaje actual de unas postales antiguas.

De las postales de Cuba compradas por Cathryn en Ebay, las enviadas vía correo llegaron a muchos sitios del mundo. (Fotocopia: YASSET LLERENA).

Con su colección de tarjetas a cuesta y la imaginación desbordada, los viajes de Cathryn a La Habana se hicieron constantes. Les preguntaba a las personas dónde estaba el sitio que mostraba cada postal, se trasladaba allí y tomaba las imágenes. En esas largas jornadas la ha acompañado Esley Pérez, quien se convirtió en su mano derecha, y ella le llama “mi hijo cubano”. Unos cinco años le tomó tener las fotos de todos los lugares habaneros seleccionados.

“La demora se debió a que a la par del proyecto sobre La Habana llevaba otro de mi familia, a partir de los diarios de la bisabuela, la documentación de la abuela y de mi mamá. En esa suerte de árbol familiar de las mujeres junto a las que he vivido, incluí también a mi hija y a mí. Esto fue muy importante para ella, sobre todo porque no conoció mucho a sus abuelos, a su padre muy poquito porque murió cuando era muy pequeñita. Y decidí escribir todo para que pudiera conservar las memorias de la familia”, afirma.

Nuestra entrevistada, entusiasta por la historia –especialmente por las edificaciones que han perdurado en el tiempo porque siempre tienen algo que contar–, piensa que la principal razón por la que escogió la arquitectura como punto de enfoque de su investigación en La Habana fue la impresión negativa que recibió cuando hace diez años llevó a su hija y a sus sobrinos a Erie, el lugar de Pensilvania donde creció. “No quedaba nada de lo que yo conocía: ni mi casa, la de mi abuela, y la de la bisabuela; tampoco estaban mi escuela, ni el lugar donde compraba los alimentos, todos los edificios los habían derrumbado y construido otros. No se preservó nada de esa herencia arquitectónica”.

Una historia descrita a varias manos

Paisaje actual de unas postales antiguas.

El Club de Tenis del Vedado, construido en 1912, como muchos otros se convirtió en Círculo Social Obrero después del triunfo de la Revolución. (Fotocopia: EDUARDO LEYVA).

En las interminables jornadas para tomar fotos por las calles, plazas, parques y edificaciones habaneras, muchas veces Cathryn y Esley se encontraban a las seis de la mañana. Necesitaban tiempo para planificar a dónde irían y luego captar las imágenes antes de que la luz del sol se tornara muy fuerte.

De aquellos días reconoce que todas las personas fueron pacientes y estuvieron dispuestas a ayudar. “A veces necesitamos entrar en las casas privadas de algunas, o un edificio ya no estaba en pie y teníamos que hacer la fotografía desde otro cercano y, hubo casos, en los cuales pedimos autorización para acceder porque la instalación actual era estatal”, refiere.

Las fotos muestran una parte de la rica historia de la capital, pero los ensayos que las acompañan en el libro se encargan de exponer la otra parte. La autora narra cómo contactó y cautivó a los especialistas con su propuesta.

“Leland Cott, arquitecto de la Universidad de Harvard, me presentó a su colega Mario Coyula y le pedí que escribiera tres capítulos. Él, que era un hombre generoso, los redactó, además de un ensayo sobre la fundación de La Habana, el cual se convirtió en la introducción de la obra.

“A Daniel Taboada, Félix Julio Alfonso López y Silvia Maria Morales Pérez los conocí gracias al arquitecto Orestes del Castillo. Cada uno de ellos redactó un capítulo. Lillian Guerra, historiadora de la Universidad de Yale, escribió sobre los monumentos a la independencia de Cuba, y me puso en contacto con el investigador Carlos Venegas Fornias. Un amigo de un amigo me acercó a Pedro Contreras, quien, a su vez, me llevó hasta Felicia Chateloin”.

De la impronta de esta obra y su creadora comenta para BOHEMIA el doctor en Ciencias Históricas Félix Julio Alfonso López, ensayista, escritor y profesor. “Conocí a Cathryn Griffith cuando ella buscaba al grupo de colegas cubanos para conformar el libro de historia urbana de La Habana, el cual estaría acompañado por una colección de postales antiguas y fotografías contemporáneas, y su propuesta me pareció fascinante, por lo que de inmediato me sentí parte de aquel proyecto.

“Fue Orestes quien me pidió que escribiera de la Plaza de Armas –otros autores lo harían de las demás plazas: Mario Coyula acerca de la de San Francisco y Daniel Taboada sobre la de la Catedral–, algo que me dio mucha alegría porque se trata del espacio primigenio de la ciudad, su plaza fundacional”, explica Félix Julio Alfonso.

Paisaje actual de unas postales antiguas.

Ella encuentra en cada símbolo, callejuela o plaza de La Habana Vieja, la misma familiaridad de su ciudad natal. (Foto: EDUARDO LEYVA).

Para él fue una experiencia muy hermosa ver la obra terminada, “porque se trata no solo de un texto espléndido como libro de arte, sino también por los valiosos conocimientos que atesora, con el valor agregado de las imágenes”.

Al opinar acerca del trabajo de Cathryn Griffith expresa que ella es una mujer extraordinaria, muy apasionada con todo lo que hace y convencida de que tendrá éxito. “Cada nuevo proyecto suyo es un reto a la imaginación, y su amor por La Habana es verdaderamente ejemplar”.

La presentación de La Habana revisitada. Una herencia arquitectónica fue en la Universidad de Harvard, y en Cuba ocurrió en la Biblioteca Rubén Martínez Villena, el 10 de febrero de 2010. Los días 15 y 16 de noviembre de 2017, en homenaje al aniversario 498 de la ciudad, Cathryn exhibió unas 100 imágenes (de 4 x 6 metros) de las postales antiguas, a la entrada del Castillo de la Fuerza. A los dos acontecimientos asistió el doctor Eusebio Leal, y para ella fue un gran honor.

En cada uno de estos momentos, reconoció y agradeció al equipo de colaboradores que complementaron su obra. “Ustedes aman La Habana y compartieron vuestro íntimo conocimiento de la arquitectura y el paisaje urbano de la ciudad”.

Al preguntarle a Félix Julio Alfonso si Cathryn Griffith estará vinculada a las actividades por la celebración del aniversario 500 de fundación de San Cristóbal de La Habana, responde sin titubear: “Definitivamente sí. Estoy seguro que ya tiene pensado hacer algo por el medio milenio de la ciudad que tanto ama”.


Bárbara Avendaño

 
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