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Publicado el 17 Enero, 2019 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

CASA MUSEO HURÓN AZUL

Paisaje criollo con mujer

La antigua vivienda del pintor cubano Carlos Enríquez acoge cada mes a intelectuales y artistas, en un intento de rescatar las famosas tertulias de otros tiempos
Paisaje criollo con mujer.

Entre palmas, pinos y árboles frutales, la casa es el espacio ideal para una reunión de amigos.

Por RANDY CABRERA-DÍAZ

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ

Pagana, despierta sobre la pared del recibidor, Eva flota desnuda. Sus manos acomodan el pelo de un rojo tímido, la cabeza se ladea con un gesto de extraño placer. En el pecho, redondos, levemente desigual en cada caso, el mismo fruto para la tentación y la discordia. Y más abajo, Eva se curva, débil sobre las caderas desbordadas sobre el pubis cubierto por la transparencia posible de una popelina… Ella no duerme, solo te mira.

Frente a la pared, una escalera da acceso a la segunda planta de la casa, donde Carlos Enríquez tenía su estudio. Si subía, Eva le miraba la espalda; en la bajada, directo a los ojos. Así, incluso cuando algunos años después, ya sin romance y sin su esposa, el pintor despertaba por la mañana y al aroma de los pinos alrededor de la casa, la primera vista, a todo color, era el cuerpo transparente de ella, pintado por esas mismas manos temblorosas por la resaca nocturna.

Encima de la chimenea del hall ecléctico de la casa, conocida como Hurón Azul, la definición pictórica de la palabra hogar en una esbeltísima y sola figura femenina.

El resto es madera, tejas, arcos de medio punto rematados por una semicircunferencia de vitral. En el dormitorio, una reja colonial resalta con sus motivos de flor y lira. La edificación asemeja una cabaña de estación de trenes en Pensilvania; el paisaje que la rodea en el actual municipio de Arroyo Naranjo, es una campiña típica cubana.

En una lámina acrílica en el estudio de Carlos Enríquez se lee este fragmento de una carta que el pintor enviara en 1943 a su amigo Alfred Barr: “… desde la ventana de mi estudio veo todos los días este misterioso palmar alejarse de sus raíces terrenas para acercarse al misterio de las estrellas”.

Recobrar el tiempo

Paisaje criollo con mujer.

La tertulia La Verónica incluye proyectos de arte comunitario y desarrollo social.

Ese misterio de las estrellas queda disuelto en Paisaje Criollo, un cuadro de luz como la mañana: un centenar de palmas, la tierra escindida en un camino que llega, como sin quererlo, hasta su propia casa.

Y junto a este mismo paisaje, el pasado 20 de octubre, coincidente con el Día de la Cultura Nacional, los trabajadores de la Casa Museo Hurón Azul celebraron el 80 aniversario de la construcción de la vivienda, y el decimoctavo de la declaración de la finca como Monumento Nacional.

A la celebración se unieron los participantes en la Tertulia La Verónica, espacio mensual (se realiza desde septiembre de 2017) dirigido por la promotora cultural Reyna Esperanza Cruz y el escritor Roberto Manzano. Es un proyecto para rescatar el ambiente de las reuniones de intelectuales ocurridas en aquel lugar a inicios de la década del 40, y fomentadas por Carlos Enríquez.

Sienesio Verdecia, Yanelis Encinosa, Miguel Terry Valdespino, Félix Guerra, son algunos de los escritores que han participado en las tertulias. “Queremos que sea un espacio donde se pueda escuchar un poema, pero también donde hablemos de música, artes plásticas o filosofía. Un lugar para la buena conversación”, declara Reyna Esperanza.

En el mismo portal donde el pintor y sus amigos pasaban las tardes, hoy el grupo de tertulianos festeja la vida y la magia de aquel lugar donde amor y arte se vertieron en iguales proporciones.

Paisaje criollo con mujer.

Roberto Manzano y Reyna Esperanza: una pareja de promotores culturales unidos por la vida y por el arte.

El laureado poeta Roberto Manzano no pierde la oportunidad para hablar de literatura con BOHEMIA. “También tenemos un taller: Poesía cubana de cordel; un proyecto cuyo objetivo es editar poemas con características específicas: son breves y tratan, preferentemente, temas populares. Además, circula en pequeñas ediciones manufacturadas. En la tertulia se aboga por el rescate de una poesía sencilla y al alcance de todos. Basta con algunas hojas sueltas de poemas y un cordel extendido en un parque”.

Precisamente, desde la sencillez de la palabra, pero con apreciable métrica, los versos del libro Flora cubana, del investigador y escritor Luis Toledo Sande –quien leyó sus décimas aquella tarde– transmitieron a los oyentes el mundo simbólico de lo cubano, en una plática constante con la historia nacional.

En esta ocasión, la periodista de BOHEMIA, Liset García, presentó el último número de la publicación y compartió con los presentes la experiencia editorial, rutinas productivas y proyectos de la revista en activo más antigua del país.

El mundo mágico

La sombra del árbol de Mabolo cae sobre la casa, la refresca. Contra la pared de tablas, bancos de madera. Sentados, los tertulianos conversan y beben el vino de la fruta del mismo árbol que los cobija. Y en la fachada azul, casi junto a la puerta, un clavo testigo donde –contaron algunos– estuvo colgada una piel de hurón teñida de añil.

“Porque si hay algo que se pareciera a Carlos Enríquez realmente era su casa […] Por lo tanto esta casa es como un aguafuerte de Carlos, como un retrato de Carlos”. Estas palabras del escritor Félix Pita acompañan una foto del pintor. Y es cierto: no hay nada más parecido a este hombre que el lugar donde tan intensamente vivió. Por eso fue necesario rescatar su morada espiritual y física, y convertirla en su residencia atemporal.

Paisaje criollo con mujer.

Un fresco de Eva preside la entrada de la casa. Es una de las piezas que componen la colección de obras de Carlos Enríquez.

Hoy día la Casa Museo Hurón Azul cuenta con una colección de 750 piezas distribuidas en cinco secciones: pintura, objetos personales de Carlos Enríquez, fotografías, documentos y publicaciones. Por encontrarse en proceso de restauración general, la muestra está desmontada hasta su reinauguración.

El proyecto pretende, además, la construcción de una sala de exposiciones transitorias y un área de servicios gastronómicos. Mientras, en la vivienda se exhibe la obra de artistas del territorio y el lugar abre sus puertas para acoger a los visitantes, además de una tarde al mes, a los tertulianos de La Verónica.

Allí, una casa, azul, como una nube: siempre diferente según se mire. Un bosque. Y un pasillo decorado con botellas es la entrada o la salida de un mismo sueño.

“Peligro. No pase. Fantasma suelto” –sobre el primer peldaño de la escalera un cartel advierte al intruso–. En las noches, dicen algunos, se siente crujir la madera, o gemidos de amante triste en ciertas madrugadas. No se sabe si es el espectro de Carlos quien habita allí, aunque, probablemente, sea el recuerdo transparente del cuerpo de Eva sobre la pared.

 


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz