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Publicado el 10 Febrero, 2019 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

¡Ay, Eduardo Heras, se precisa un corazón de acero!

Conocedores de que El Chino, como le llaman todos, es exigente con el uso de la lengua, con la colocación de cada palabra en el sitio exacto, los panelistas fueron precisos en decir solo lo justo. ¡No hacía falta más! Francisco López Sacha, su alumno, primero, y su amigo desde los años 80 del siglo pasado hasta hoy, comenzó en su condición de moderador, y no ocultaba la emoción por tan justo reconocimiento
¡Ay, Eduardo Heras, se precisa un corazón de acero!

Foto: habanaradio.cu

Por IRENE IZQUIERDO

Para quienes no estaban bajo la piel de Eduardo Heras León, la mañana de este sábado, las emociones fueron fuertes, ¡muy fuertes, diría yo! Vinieron a la Sala Nicolás Guillén, de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, donde se ofreció el homenaje como personalidad a la que se dedica esta edición de la Feria Internacional del Libro CUBA 2018, amigos de la vieja guardia, compañeros con los que compartió días felices y días duros, y sus alumnos.

Conocedores de que El Chino, como le llaman todos, es exigente con el uso de la lengua, con la colocación de cada palabra en el sitio exacto, los panelistas fueron precisos en decir solo lo justo. ¡No hacía falta más! Francisco López Sacha, su alumno, primero, y su amigo desde los años 60 del siglo pasado hasta hoy, comenzó en su condición de moderador que no ocultaba la emoción por tan justo reconocimiento.

Luego de resaltar los valores, como persona y narrador, y su exigencia como formador de nuevos escritores, además de una historia en la que debió enfrentar injusticias que quisieron restar méritos a su obra, Víctor Casaus, director del Centro Pablo, le entregó el Premio Pablo, máximo galardón que confiere esa institución cultural, “por su admirable ética y compromiso con la Revolución”.

Con el gusto de decir mucho, entre lo que sobresale la “condición de Eduardo de ser  miembro de la generación de la fidelidad”, habló Germán Piniella.

López Sacha acotó que “Los pasos en la hierba –con el que Heras León obtuvo la mención única en cuento, del Premio Casa de las Américas 1970- es el libro mejor organizado de la Literatura cubana, así como Causas y azares es el disco mejor grabado de la música cubana”. De este modo dio paso a Silvio Rodríguez, quien leyó varias crónicas de elogio y un poema, a propósito de reconocimientos tales como la entrega de los Premios Nacionales de Edición y de Literatura.

Finalmente, el cantautor manifestó su convicción de que Heras León  pertenece a una “generación que lo dio todo solo a cambio de un lugar en el combate”.

Dos jóvenes graduadas del Centro Onelio para la formación de escritores dirigido por Heras, Darza Novak y Elaine Vilar le manifestaron su gratitud, pues gracias a sus enseñanzas han abrazado el mundo de la literatura.

Trascendieron también los lazos de labor y amistad con Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, y Pedro Simón, director del Museo de la Danza y de la revista Cuba en el ballet, por su condición de crítico admirado y querido.

Momentos de singular emoción provocaron  el obrero Jorge Domenech Reina, primer jefe que tuvo Heras en la fundición, cuando puso al propio homenajeado a leer la dedicatoria de su libro Los pasos en la hierba,  del 3 de febrero de 1982: “Para mi hermano Jorge Domenech, por todo lo que somos, y por tu ejemplo perenne de comunista. Un abrazo, Eduardo”.

Y como colofón, el Gran Maestro Internacional de Ajedrez, Silvino García, le devolvió el primer libro técnico de la especialidad, que Heras le prestara en 1962, lo que provocó una nota jocosa al bello homenaje.

Para soportar el justo reconocimiento, sin que el corazón estallara de gozo, pienso que El Chino, en complicidad con el humilde Domenech, pasó por la forja donde tantas veces fundieron el metal y lo cubrieron con una capa de amor acerado, capaz de asimilar tanto merecimiento.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo