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Publicado el 18 Febrero, 2019 por Tania Chappi en Cultura
 
 

De Regla a La Cabaña

Por segundo año consecutivo Teatrica participa en la Feria Internacional del Libro
Leoni, Maykol, Lía y Christian debutan. (Foto: TCH)

Leoni, Maykol, Lía y Christian debutan. (Foto: TCH)

Por TANIA CHAPPI

Durante algunos minutos, sobre los cuatro chiquillos convergieron las miradas de los presentes en la sala de SurEditores. Por primera vez, con la timidez inevitable en tales casos, mostraban ante un público lo aprendido con Anna Rodríguez, quien creara este proyecto cultural comunitario. Luego, la actriz escenificó Me he encontrado un coco seco. Y accedió a conversar con BOHEMIA.

En estos días, su figura va siendo conocida en toda la Isla, pues en el filme Inocencia ella encarna el personaje de Lucía, “la madre de leche de Alonso  Álvarez de la Campa, uno de los ocho estudiantes de Medicina injustamente fusilados, y la madre biológica de su hermano negro. Siempre soñé con actuar en una película cubana de época. Estoy muy feliz y orgullosa de haber trabajado con Alejandro Gil; él ha sido testigo de mis esfuerzos con Teatrica y me quiso estimular con ese papel”, confiesa.

Los pasos iniciales del proyecto danzario y teatral acontecieron hacia 1995, en el municipio Julio Antonio Mella, en Santiago de Cuba, donde la joven graduada de danza moderna y folclórica aglutinó a pequeños talentosos y montó espectáculos que incluso llevó fuera de Cuba, por ejemplo, al Festival de Niños del Mundo (Holanda, 1999). “Me encontraba cumpliendo el servicio social, debía ser por dos años; sin embargo, opté por quedarme 12 y formar en la comunidad a quienes luego han sido adultos maravillosos, cada uno con su profesión, que contribuyen al desarrollo de la sociedad cubana”. Su propósito constituyó una tarea tan absorbente que, si bien decidió especializarse también en actuación, declinó aceptar una plaza en el Conjunto Artístico Escénico de su provincia.

De entonces a hoy median un matrimonio, la creación de un estudio de danza en Frankfurt am Main, y compartir su vida entre Alemania y Cuba: unos meses allá, otros acá, en los cuales sigue insuflando vida a Teatrica, ahora asentada en La Habana. Recomenzó con una veintena de muchachos; la más talentosa y perseverante de sus alumnas, Analay, entonces con apenas seis años de edad, ya cumplió los 14 y sigue acudiendo a los encuentros.

En Me he encontrado un coco seco, Anna Rodríguez y su alumna Analay llaman la atención sobre la importancia de practicar los valores humanos y alertan contra el desmedido afán por adquirir bienes materiales. (Foto: TCH)

En Me he encontrado un coco seco, Anna Rodríguez y su alumna Analay llaman la atención sobre la importancia de practicar los valores humanos y alertan contra el desmedido afán por adquirir bienes materiales. (Foto: TCH)

Como profesora, Anna Rodríguez desea preservar las raíces, las esencias, de la cultura cubana. Por eso le gusta utilizar los poemas de Nicolás Guillén y de José Martí, las narraciones de la escritora Dora Alonso. Asimismo, escribe y pone en escena piezas breves. Al respecto, explica: “Me interesa mucho que los niños no consideren la mitología y la tradición yorubas como algo supersticioso, oscurantista. Ellas pueden ser fuente de luz, educación, formación de valores; por ejemplo, el orisha de mi cuento (Me he encontrado un coco seco) llama a disfrutar de la vida sin ser materialistas, sin centrar su existencia en tener un tablet, un móvil. Su mensaje es: tu mundo depende de la energía positiva que le pongas, de tus estudios, para servir mañana al país y a las personas”.

Mantener activo el taller no ha sido coser y cantar, comenta la entrevistada. En busca de apoyo institucional ha tocado numerosas puertas, a menudo sin éxito; pero algunas sí se han abierto y propiciado que las representaciones sean vistas no solo en la Feria Internacional del Libro, igualmente en la propia Regla, en el habanero Teatro Guiñol y en la ciudad de Santiago de Cuba.

Hoy la sala de su casa, devenida local de ensayos, queda pequeña ante las aspiraciones de quienes integran el proyecto. Y su directora volverá a solicitar a diversas instancias un espacio más apropiado. “Necesitamos un local donde podamos poner sillas, hacer los cierres de talleres y brindar los fines de semana funciones para los niños”. Mientras tanto, Teatrica no se detiene. Nuevos pequeños relevan a los que llegan a la adolescencia y parten en busca de otros sueños; los padres colaboran en la confección de vestuarios y en resolver las necesidades escenográficas. “Unidos hacemos más – plantea la artista- y el espectáculo crece”.

Tanto Analay como los noveles Christian, Maykol, Leoni y Lía resaltan la alegría de su maestra, su entusiasmo, la diversidad de las clases, que incluyen rudimentos de otros idiomas. Ellos dicen: aprendemos y nos divertimos mucho.


Tania Chappi

 
Tania Chappi