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Publicado el 30 Abril, 2019 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

PATRIMONIO

Genuinos portentos por redescubrir

Con profuso movimiento comienzan jornadas conmemorativas por el aniversario 55 de importante institución cubana
Genuinos portentos por redescubrir.

Los bellísimos espacios que componen la residencia ofrecen un ambiente acogedor para el visitante nacional y foráneo. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Un ajetreo inusual prendió las alarmas de esta reportera cuando traspasó el umbral del Museo Nacional de Artes Decorativas, emplazado en el suntuoso inmueble de las calles 17 y E, en el Vedado habanero. Y aunque parecía ser un día normal –visitantes de recorrido, cada pieza en su sitio exacto, cada cual en su justo puesto– allí había felino enjaulado, al menos, esa fue la impresión inicial.

Pero, el olfato de quien saborea sin recatos los vaivenes de las artes y sus hacedores no tardó en averiguar, con apenas insistencia, entre qué mamparas se movían las cosas aquella mañana. La museóloga Esther Cabrera San Miguel fue la primera en dar la bienvenida a BOHEMIA y, de paso, despejar la incógnita: el colectivo se alistaba para abrir las jornadas de celebraciones por su aniversario 55 con la apertura de una nueva exposición.

“Se llama Monumentales estatuillas y la componen 25 piezas, de finales del siglo XIX y principios del XX, realizadas con la técnica escultórica de la criselefantina, por artistas que trabajaban sobre los postulados del art nouveau, el art déco y el eclecticismo, estilos muy en boga en la época”, añadió la joven curadora, con timidez. Y sin ocultar su azoro al advertir la grabadora ante sí, invitaba a seguirla a la sala de exhibiciones temporales, donde yacía la singular muestra que a ella le llevó varios meses concretar.

Genuinos portentos por redescubrir.

Las lucernas del techo, además de permitir aprovechar la luz natural, ofrecen un espectáculo singular a quien recorre las salas de la residencia. (Foto: YOSVANIS FORNARIS GARCELL).

Esta práctica combina en una misma escultura partes de marfil que representan el rostro, los brazos y las piernas de las estatuas; y modeladas en oro o bronce se reproducen las ropas y otros detalles, así como simulan los ojos y/o las joyas, cristal o piedras preciosas.

Según refirió Cabrera San Miguel, “su origen es desconocido y data de la Antigüedad, se tienen registros de piezas hechas en el segundo milenio antes de nuestra era, originarias de regiones luego pertenecientes al territorio griego”.

Entre héroes mitológicos y figuras humanas en poses gráciles y hasta irreales, bailarinas exóticas de África y América, estampas populares como el juego de la gallinita ciega, supimos que esta selección, de creaciones en pequeño formato, no se exponía en el Museo desde hacía más de tres décadas. Incluye piezas de artistas muy representativos del período, algunas exhibidas ahora por primera vez al público.

Desempolvando páginas

Cuenta la historia que el inmueble fue construido entre 1924 y 1927. Se encargaron de su diseño inicial los arquitectos franceses P. Viard y M. Destugue, pero definitivamente el proyecto recayó en arquitectos cubanos.

“Se emplearon materiales de construcción importados de varios países, especialmente Italia, Francia y Bélgica. La parte artística (pisos, estucos, recubrimientos, adoquines) vino de Europa; mientras de Estados Unidos se tomó la tecnológica, es decir, sistemas hidráulicos y eléctricos, mucho más modernos”, explicó el curador Gustavo López González, con 30 años de labor en la institución y casi tres lustros como subdirector técnico.

Genuinos portentos por redescubrir.

Vajillas exquisitas muestra el comedor, con una decoración inspirada en el estilo regencia. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

De la Isla solo se utilizaron sus maderas preciosas: el cedro en la carpintería exterior, contratada a la firma cubana Norabuena y Stwart; y la caoba para la interior, la cual –como para no salirse del calco de un palacio francés del siglo XVIII–, se talló en París y aquí fue ensamblada. No obstante, el remedo es una muestra más de la arquitectura ecléctica del Vedado en ciernes, que comenzaba a alcanzar esplendor en esa etapa, especialmente en la calle 17.

Esta residencia, al igual que muchas de las inmediaciones, devino obra representativa de una clase con alto poder adquisitivo desde décadas precedentes, que logró consolidarse en lo económico –y también en lo político– durante la Primera Guerra Mundial, a partir del alza de los precios del azúcar en el mercado internacional, en la llamada “danza de los millones” o de las “vacas gordas”.

Genuinos portentos por redescubrir.

Gustavo López González comentó que se organizan numerosas actividades que involucran a distintos públicos y grupos etarios de la comunidad. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Quien se interne en la mansión no puede permanecer impasible ante la majestuosidad de las paredes recubiertas de madera tallada y pintada al oro, del salón principal; los dos enormes cuadros dispuestos en el vestíbulo, del pintor francés Hubert Robert; los biombos y parabanes chinos con detalles florales del período Ming, emplazadas en la estancia de las lacas orientales.

Impresiona al visitante el carácter exclusivo de algunas obras, entre ellas, el secrétaire, confeccionado por Jean-Henri Riesener -el ebanista más célebre del siglo XVIII- para el mobiliario de la reina María Antonieta en el Palacio de Versalles y del que según se dice, apenas fueron realizados unos pocos similares; los candelabros del barón de Rothschild, una de las grandes familias de la nobleza gala; o la alfombra tejida a mano por Franchis Carolus Romanus, en 1772, pieza única y valorada como muy valiosa.

Abanicos isabelinos, bastones, lujosas lámparas, pinturas de grandes maestros, porcelanas francesas, alemanas, chinas; cristales de Baccarat, Venecia, Cataluña; y otros objetos de extraordinario valor artístico e histórico de los periodos de Luis XV, Luis XVI, Napoleón III, conviven en espacios ambientados al estilo rococó, neoclásico, regencia, transición; y/o en salones dedicados al art nouveau, el art déco, y al arte oriental.

Obras salidas de notables manufacturas, como las de Sévres, Chantilly, Limoges, Derby, Chelsea, Worcester, congenian con algunas muestras representativas de la orfebrería inglesa de Thomas Powell, Paul Storr y Paul de Lamerie; ornamentos y mobiliario de los más acreditados creadores del viejo continente: Louis Comfort Tiffany, Emile Gallé, René Lalique y Demetre Chiparus.

Joya patrimonial

Genuinos portentos por redescubrir.

Decorado al estilo art déco, este baño exhibe juegos de tocador en plata, marfil, porcelana, y piezas de cristal de Bohemia, Val Saint Lambert, Baccarat y Moser. (Foto: YOSVANIS FORNARIS GARCELL).

El 24 de julio de 1964 se inauguró el Museo Nacional de Artes Decorativas (MNAD), el cual atesora diversas. Para aquel entonces solo mostró la concepción ornamental existente en la residencia cuando pasó a ser bien patrimonial del pueblo cubano, un conjunto valorado como uno de los más relevantes de la parisina Maison Jansen, reconocida casa de decoración con una de sus oficinas en La Habana, desde los primeros años del pasado siglo.

Con el decurso del tiempo, el museo ha ido incrementado sus fondos –en la actualidad, estimados en más de 30 000 piezas–, a partir de las recuperaciones, las compras, los legados y las donaciones, vías de adquisición sustentadas en la esencia de la entidad: conservar, investigar, promover, exhibir con fines educativos e investigativos el arte decorativo europeo y oriental concebido desde el siglo XVIII hasta el XX.

Varias generaciones de museólogos y museógrafos integran el equipo de especialistas, todos capaces de asumir las más disímiles tareas con el mismo rigor y responsabilidad con que atienden sus respectivas colecciones. “Hay aquí un ambiente de trabajo muy bueno, se respira espíritu de superación y desarrollo profesional”, comentó María Rosa Oyarzábal, experta en bienes culturales patrimoniales y muchos años de experiencia en el tema.

Genuinos portentos por redescubrir.

Vasos de porcelana oriental, cuadros del pintor francés Hubert Robert, junto a mobiliario del siglo XVIII, forman parte del vestíbulo del museo. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Yosvanis Fornaris Garcell, joven curador responsabilizado con el acervo del arte asiático, es una evidencia de cuánto aprecia este colectivo los saberes respaldados por la academia, pues él tuvo la oportunidad de especializarse en porcelanas chinas a partir de una maestría que cursara en la nación oriental, justo en la Universidad de Jingdezhen, ciudad reconocida universalmente por producir la mejor porcelana desde hace 1200 años.

“Trabajamos para inaugurar otra exposición que forma parte de las acciones conmemorativas por los 55 años del MNAD; se trata de un homenaje a la República Popular China en su aniversario 70”, reveló durante nuestra visita Fornaris Garcell, quien ha desempeñado una compleja labor con repertorios que no se tocaban desde hace más de cinco décadas. Y agregó que la selección “abarca algunas decenas de porcelanas en distintas dimensiones, elaboradas en el siglo XVIII”.

En el presente, el MNAD forma parte de la red de museos de arte instituida por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y es rector para las artes decorativas en Cuba. Posee una relación muy activa con la comunidad, organiza constantemente visitas dirigidas y sus fondos bibliotecarios devienen fuente de información estimable e imprescindible para muchos investigadores.

Durante el año que cursa ya son diversas las iniciativas para redescubrir en familia, o con amigos, esos genuinos portentos indispensables en los espacios arquitectónicos: las artes decorativas.

Genuinos portentos por redescubrir.

Entre las piezas de criselefantina exhibidas se hallan algunas de Demetre Chiparus, afamado artista europeo de los siglos XIX y XX, señala a BOHEMIA la curadora Esther Cabrera San Miguel. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

 

 

 

 

 


Roxana Rodríguez

 
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