Ivette Cepeda: ¿Regreso lleno de sentimientos?
“¡Qué bueno que la vida me ha dado la oportunidad de regresar a un lugar donde hay miradas y rostros que me traspasan el corazón; donde hay personas que son parte de mi vida; donde puede decir a la gente que amo venir a este lugar!, expresó
Ivette adora volver a Alamar una y otra vez. Y para un público que la ama trabaja gustosamente.
Por IRENE IZQUIERDO
Ella es canción. Nadie lo dude. Nació para el canto, aunque la vida la llevó por otros caminos; no para establecer puerto en ellos, sino para luego, al pasar el tiempo, ubicarla justo en su punto de destino: la música. Tal vez ni ella misma sea consciente de todo eso, porque habla de su experiencia como estudiante, como profesora y hasta como cantante que incursionó tímidamente al comienzo.
Y por todos esos rumbos dejó amores; de esos que se les profesan a los buenos amigos; a los mayores, prestos siempre al buen consejo, y a los padres, cuyas exigencias a veces no se entienden, pero van creando las condiciones para lo que será cada persona buena el futuro.
Tampoco se daba cuenta de que cuando cantaba a viva voz en su apartamento de Alamar estaba cimentando esa suerte de encantamiento que cual aureola, la cubre hoy. Porque la escuchaban los vecinos del edificio 18 de la zona 1, los aledaños, y hasta el diente de perro, que ofrecía cada nota a un mar que en esos momentos –cómplice secreto de una chica llena de sueños- tocaba las rocas muy suavemente, como guardando en un cofre infinito la vocación de Ivette.
Ivette Cepeda estuvo este domingo en la Fábrica de Trova de En Guayabera, regalando una fabulosa tarde a sus antiguos vecinos, amigos, alumnos, inspectores de sus años como maestra, y admiradores nuevos que se integraron perfectamente al cariño recíproco que prevaleció durante toda la jornada.
Un regreso lleno de sentimientos. Luego de interpretar Te doy una canción, de Silvio Rodríguez, comenzó a conversar: “¡Qué bueno que la vida me ha dado la oportunidad de regresar a un lugar donde hay miradas y rostros que me traspasan el corazón; donde hay personas que son parte de mi vida; donde puede decir a la gente que amo venir a este lugar!
Había advertido algo que expresa como slogan: “Yo no soy autora, ni compositora, ni trovadora; soy solamareña cantadora”, conocedora de que a sus admiradores nada de eso les interesaba. Por eso todo aconteció muy disfrutable.
Entretejía anécdotas –públicas o privadas- con canciones de Mike Purcell, Raúl Torres, Augusto Blanca, Alberto Cortez, y muchos más. Transcurría el tiempo. Ivette se las agenciaba para que nadie se percatara. Era tanta la empatía en aquel reciento abarrotado de cariño y admiración, que solo se dieron cuenta del final cuando ella dijo: “Estaría la vida entera cantando aquí… Los quiero mucho”.






Yo tengo un amigo, yo tengo un gran amigo, yo tengo un libro, lo gracioso de ese libro es que yo mismo lo escribí.