0
Publicado el 2 Mayo, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

CÉSAR PORTILLO DE LA LUZ

Vivir y cantar con sentimiento

Poseía un nivel cultural impresionante, por lo que muchos de sus compañeros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) lo consideran una enciclopedia viva de la música cubana. A seis años de su fallecimiento se redita un concurso de Interpretación con su nombre
Vivir y cantar con sentimiento.

Cultivó y desplegó su talento en el virtuosismo de una guitarra popular. (Foto: encaribe.org).

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Una vez que dejó el escenario me le acerqué para felicitarlo: había recibido la medalla Agustín Lara, otorgada por México, en el marco del 24 Festival Internacional Boleros de Oro, en junio de 2012. Fue uno de los últimos homenajes públicos a César Portillo de La Luz. Falleció el 4 de mayo de 2013 en un trágico accidente de tránsito justo cuando salía del Hotel Saint John, uno de sus lugares preferidos, y donde creó, junto a otros autores, una peculiar manera de cantar.

Recuerdo que el maestro me prodigó una sonrisa limpia y con una energía casi impensable para alguien de 90 años de edad me repitió lo que tantas veces decía: “me debo a ustedes, el pueblo es quien me ha sustentado”. Sin embargo, no conforme con esas palabras le agradecí por la pasión de su vida a lo cual me confesó: “¿Qué sería del latir sin el sentimiento?” Contenta con aquella respuesta le señalé: “entonces maestro, vivir es como el filin”. “Exacto, lo que, con más garra”, ripostó con esa expresión de felicidad tan suya que prendió en mí para siempre y la que vuelvo a traer a propósito de esta deferencia de BOHEMIA hacia uno de nuestros compositores más universales de todos los tiempos.

Entre sus principales cantores sobresalen Nat King Cole, Pedro Infante, José José, Lucho Gatica, Luis Miguel, Plácido Domingo, Christina Aguilera, Caetano Veloso, María Bethania, y hasta la Orquesta Sinfónica de Londres ha glosado sus piezas.

El alma del bolero

César Portillo De la Luz no se conformó solo con hacer bellas canciones, sino que incursionó en otra manera de hacer el género bolero, en lo que se conoce como filin (del inglés feeling: sentimiento), influenciado armónicamente por el Jazz y hasta la música de concierto. Al compositor de Noche cubana, Tú mi delirio y Contigo en la distancia se le escuchó afirmar que el filin se había inspirado también en las piezas del músico impresionista francés, de fines del siglo XIX, Claude Debussy.

Y eso habla sobre su vasta cultura. Por ello trascendió la cubanidad para convertirse en ícono de ilustración de altos quilates. En el cabaret Pico Blanco nació una estética interpretativa que marcó la diferencia en el pentagrama sonoro de la Mayor de las Antillas. Al lado de José Antonio Méndez, Ñico Rojas, Rosendo Ruiz (hijo), Aida Diestro y Elena Burke, con el filin propicia un estilo original que coquetea con la canción trovadoresca cubana, lo que le permite un diálogo de gran alcance con el público a través de la emoción y la estructura sintáctica del bolero.

César fue ejemplo de consagración hasta el final. Supo ser auténtico y humilde, a la vez que talentoso, característica que cultivó y desplegó en el virtuosismo de una guitarra popular, aunque muy culta. De ahí que sus composiciones traspasaran los límites nacionales para insertarse, además, en bandas sonoras de más de cien filmes.

Varios críticos de arte como la periodista, Elaine Caballero, han señalado con toda justicia que Portillo fue un hombre que estudió hondamente la palabra y la música cubana. Por la obra de toda una vida, la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música de España lo distinguió con el Premio Latino en 2004. Y en la Isla, por esa fecha, igualmente recibió el Premio Nacional de Música, galardón más que merecido porque César fue un auténtico solista de Cuba a la que amó con intensidad.

Nació en Marianao, La Habana, el 31 de octubre de 1922, y es tenido por un compositor cuyos textos se distinguen por una profunda elaboración poética, amplio sentido armónico y líneas melódicas de amplia riqueza. Se inicia en el canto a los 19 años, y estuvo calentando la voz hasta la aciaga tarde de su fallecimiento.

Su labor se hace relevante dentro del ambiente trovadoresco, entre 1940 y 1950, presentándose en centros nocturnos y famosos cabarets de la capital como el Gato Tuerto, Sans-Souci y el Pico Blanco.

El sitio digital Ecured destaca un texto de Helio Orovio en el cual asegura que cuando Portillo “escribe Contigo en la distancia en 1946, ya había alcanzado un nivel importante, esta canción marca el principio de su vida profesional y de una personalidad particular desde el punto de vista estilístico en el quehacer compositivo, es una canción que escribió cuando tenía 24 años, una edad en que en la vida del hombre todo se expresa con vitalidad, con fuerza, con pasión. Cuando la hizo no tenía intención, de vivir de la música. Hacía música porque era una necesidad particular, sin aspirar a sacarle ningún beneficio económico, ya que en aquel tiempo vivía de sus trabajos como pintor de brocha gorda y de las clases de guitarra”.

Mundialmente conocidas son las fotografías donde aparece con el instrumento de cuerda en mano, herramienta con la que aseguraba “protejo a nuestro país contra los bárbaros”, en alusión al mal gusto y la chabacanería. No en balde era considerado un gentleman, que lució su elegancia y buen hacer incluso desde los salones de clubs nocturnos.

La reconocida compositora Marta Valdés ha dicho que “cada una de las propuestas en la guitarra de César Portillo de la Luz se diferencia de cualquier otra suya o ajena. Ya se trate de la canción libre o aquélla expresada en el aire rítmico conocido como “slow” en la jerga de la música popular, ya se trate de sus incursiones en el son, el cha cha chá o cualquier otra variante de cuantas han conseguido delinear el contorno finísimo de su catálogo, todas garantizan al oído fino esa gratificante noción de estilo que, con tanta frecuencia, se desvanece o cae al vacío total, motivada por el conformismo que las fórmulas de mercado se esmeran en imponer”.

Cubano revolucionario

Vivir y cantar con sentimiento.

Se le respetaba en el mundo intelectual por su entrega apasionada a la Revolución, la que defendió con sabias palabras desde los predios de la UNEAC. (ARCHIVO BOHEMIA).

También se le respetaba en el ambiente intelectual por su entrega apasionada a la Revolución, la que defendió con sabias palabras desde los predios de la UNEAC. El director de la Orquesta Sinfónica Nacional, Enrique Pérez Mesa, reflexionó con Prensa Latina en que César Portillo de la Luz “era uno de los grandes de la música cubana, como creador, ser humano y genuino artista”. “Tuve el privilegio de trabajar junto a él y cada vez que conversábamos me daba cuenta que poseía un nivel cultural impresionante. Era como una enciclopedia”, destacó. La escritora Nancy Morejón ha reafirmado este criterio al añadir asimismo otra cualidad esencial: el haber sido “un ferviente lector”.

Por su parte, el viceministro cubano de Cultura Abel Acosta resaltó que por las influencias y aportes de Portillo de la Luz
se está en presencia, aunque haya muerto, del último grande de ese grupo de músicos extraordinarios que, junto a José Antonio Méndez, fundaron el filin, y que de “esa unión de armonías nació ese género y lo convirtieron en un producto de un extraordinario nivel y una fuerza incalculable. A estos aportes, indicó, se suma su incuestionable defensa de las tradiciones y de la Patria”.

El intelectual entrevistado en las exequias de César añadió que “si se escucha con detenimiento su tema Son al son, se puede apreciar un son rellollo, música cubana intacta puesta de relieve y en defensa de la cubanía. De ahí viene su letra: Mi tierra linda porque te quiero, yo a ti te canto mí son entero…”.

Mientras que Lino Betancourt, periodista y musicógrafo cubano (recientemente fallecido) señaló que los “temas de César son inmortales y rebasan las fronteras de Cuba, son canciones internacionales. Lo recuerdo, añadió, no sólo por sus piezas, sino por sus intervenciones en asambleas en la UNEAC. Cuando pedía la palabra nosotros estábamos atentos a sus precisiones, siempre tenían mucho fundamento. No solo era un eminente compositor, sino también un tremendo polemista”, acotó.

En mayo de 2013 ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro y del General de Ejército Raúl Castro encabezaron las honras fúnebres del eminente cantante y compositor, lo cual habla de la estima que le tenían las máximas autoridades del país por ser digno hijo de Cuba por agigantar la cultura nacional en su desempeño cotidiano, al que le dedicaba largas horas de preparación.

Un tributo justo

A seis años de su desaparición física, allí, donde el mar insinúa un crepúsculo para el amor, en la misma terraza del Hotel Saint Johns, en el Vedado, donde tantas veces cantara este prolífero autor, fue lanzada –al cierre de esta edición- la convocatoria al VII Concurso de Interpretación César Portillo de la Luz.

El cantante lírico Hugo Oslé, organizador del evento –y director de la academia de Canto Mariana de Gonitch-, manifestó que “se está haciendo justicia devolviéndole al maestro lo que realmente le pertenece”. Informó que esta nueva edición continuaba apostando por la juventud y por el conocimiento de las más bellas canciones cubanas y sus juglares. El certamen de este año evaluará 22 obras del destacado cantautor y varios músicos contemporáneos de la Isla como Pablo Milanés y Juan Formell.

Todas las voces serán valoradas por un prestigioso jurado integrado por Nancy Morejón, Miguel Barnet, Lucia Altieri, Sigfredo Ariel, Miguel Ángel Céspedes, Tete Caturla, Johanna Simón y Miguel Moret.  El concurso de 2019 tendrá lugar en el cabaret Pico Blanco, y el máximo galardón conferido será el Gran Prix que lleva el nombre del afamado artista, también se darán hasta terceros lugares, así como premios colaterales de parte de la FMC, el Sindicato de la Cultura y la Casa Balear.

El vicepresidente del Consejo de la Administración de La Habana, Luis Carlos Góngora opinó que “El Pico Blanco es el lugar por excelencia de César, por eso el concurso forma parte del rescate de sitios emblemáticos de la capital y sus obras espirituales”. A eso está abocado el Gobierno provincial en este 500 Aniversario de la Ciudad, la cual no solo se erige desde el hormigón de las piezas constructivas: el filin y el bolero son también tesoros entrañables de los capitalinos y de toda Cuba, y César Portillo De la Luz fue uno de sus cultores más sobresalientes.

De todo lo anterior se infiere que en su centenario se reconozca la plenitud de su entrega. Esa que convierte el arte cubano en genuino embajador de nuestra cultura, la que nos sigue prestigiando a nivel mundial.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda