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Publicado el 29 Julio, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

LIBROS

Memoria rediviva

Homenaje a Salvador Wood, uno de los más importantes actores cubanos, fallecido recientemente
Memoria rediviva.
Entre los méritos del protagonista de esta historia de vida descuella su condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. (Fotocopia de LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

Interrogantes escuchadas con frecuencia se despejan mediante palabras, emociones, anécdotas, las cuales dan fe de una persona íntegra. Por esto, entre otras razones, las 156 páginas del volumen Salvador Wood una vida llena de recuerdos (Editorial José Martí) son entrañables, revelan la prominencia del artista ilustre que demostró talento, versatilidad, magisterio, disciplina, en la radio, el cine, la televisión, el teatro.

Los doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual entregan un texto acucioso por su valor documental y su estilo, en el cual afloran las voces del protagonista y de personalidades vinculadas a él en diferentes etapas. Fotos, publicaciones, premios, documentos, connotan el ejemplo de sencillez, abnegación, fidelidad a su ejecutoria humana y destino artístico.

Cada uno de los capítulos aporta datos, fechas, valoraciones, sobre los inicios de Salvador Wood en la radio de su ciudad natal, Santiago de Cuba; el apego a la villa habanera de Cojímar, donde residiera desde abril de 1954; los méritos sindicales en defensa de los trabajadores del sector artístico, la incorporación a las luchas sociales, el exilio político en Venezuela, a partir del 28 de abril de 1958 y hasta el regreso a la patria el 8 de enero de 1959, momento crucial, como él relatara: “Al entrar el avión en territorio cubano, lo hizo sobre la Sierra Maestra. Aquello fue muy grande para nosotros, estábamos sobre el escenario de las hazañas del Ejército Rebelde”. Según refieren los autores del libro, quedaba atrás la experiencia en Venezuela para cientos de cubanos. Habían escrito una bella página forjada en la unidad revolucionaria y humana.

No obstante ser un profesional empírico, el protagonista de esta historia de vida se destacó en la escritura y la dirección de programas, bajo el seudónimo de Leonardo Robles. Recuerda Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, que mantuvo ese apelativo en el equipo artístico de Cine-Revista, “esta suerte de semanario de la pantalla constituyó su debut ante las cámaras de cine”.

Más tarde, Salvador Wood fue uno de los fundadores del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). La historia del séptimo arte en nuestro país no puede escribirse sin mencionarlo. El primer largometraje en el cual intervino se rodó en 1963 con el título de Soy Cuba, coproducción cubano-soviética sobre la incorporación del campesinado al Ejército Rebelde que combatió a la dictadura batistiana.

En la TV actuó en telenovelas, seriales y el espacio Teatro ICR. El volumen evoca la valoración que sobre este medio hizo el artista a principios del triunfo de la Revolución: “Lo fundamental es que la televisión comienza a servir a las grandes mayorías del pueblo, no a un grupo de comerciantes que la usaban para hacerse ricos más que para culturizar al pueblo”.

La memoria rediviva por intelectuales, amigos, actores, entre otras figuras, ilustra la prominencia del hombre sencillo, capaz, sensible, de sonrisa franca, pensamiento lúcido, ética fundamentada en el apego a la justicia y la dignidad. Formó una sólida familia junto a su esposa, la destacada actriz Yolanda Pujols, y los hijos Patricio, actor, y Yolanda, profesora de la Universidad de La Habana.

Al valorar lo que significó el destacado creador para la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el poeta y antropólogo Miguel Barnet, presidente de la organización, expresa: “Salvador Wood, además del gran actor que es, ha sido un heraldo de las causas más justas en la Uneac. Siempre ha estado presente en debates y Consejos Nacionales, sus aportes han sido valiosos, necesarios… Es en nuestra organización un referente imprescindible, un ejemplo a seguir por las jóvenes generaciones. Modesto, ocurrente y jovial. Es modelo de artista revolucionario”.

Lo confirma el escritor Abel Prieto en el prólogo: “En los momentos más amargos del Período Especial, cuando algunos se distanciaron de nosotros a toda velocidad y otros empezaron a chapotear entre oportunismos y ambigüedades, Salvador Wood mantuvo su verticalidad de toda la vida. Porque pertenece, es obvio, como diría Brecht, a la raza de los imprescindibles que no dejarán de luchar nunca por lo que creen. No tiene nada que ver con los pícaros que empujan y se cuelan para recibir luces, flashes y prebendas. Su limpieza de alma lo coloca en las antípodas de tales personajes”.


Sahily Tabares

 
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