2
Publicado el 20 Julio, 2019 por Redacción Digital en Cultura
 
 

Roberto Fernández Retamar

“Querido Roberto, gracias por dejarnos obra, lucidez y compromiso”, Díaz-Canel

No ha desaparecido pues nos deja una obra literaria fabulosa
Roberto Fernández Retamar
(Foto: ACN)

“Perdimos a uno de los mayores poetas y pensadores de Nuestra América y del mundo”, Abel Prieto

Por José Armando Fernández Salazar

Incentivar la crítica y el debate.

Con tristeza y muestras de respeto la comunidad intelectual y artística cubana acogió hoy la noticia del fallecimiento este sábado en la capital de Roberto Fernández Retamar, una de las voces literarias cubanas más reconocidas de su generación.

Perdimos a uno de los mayores poetas y pensadores de Nuestra América y del mundo: Roberto Fernández Retamar, dijo a través de la red social Twitter Abel Prieto, escritor, presidente de la Sociedad Cultural José Martí y director de la Oficina del Programa Martiano.

Nos deja una obra excepcional, centrada en la descolonización y el antiimperialismo. Un abrazo muy fuerte a su hija Laidi, al resto de su familia, al equipo de la Casa d las Américas, agregó el intelectual cubano.

A su fallecimiento Fernández retamar se desempeñaba como presidente de la Casa de las Américas e integrante de la Academia Cubana de la Lengua, institución que también presidió.

En 1989 obtuvo el premio Nacional de Literatura y en su currículo aparecen muchas otras condecoraciones y lauros a nivel nacional e internacional, entre ellos Orden Félix Varela de Primer Grado (1981), Premio Nacional de Investigación Cultural (2007), Premio de la Latinidad (2007), Premio ALBA de las Letras (2008), Orden José Martí (2009), el Premio Nacional de Ciencias Sociales (2012) y Premio Internacional José Martí 2019, otorgado por la Unesco.

Reseña el portal Cubaliteraria que libros suyos en prosa y verso, traducidos, se han publicado en Alemania, Brasil, Bulgaria, Checoslovaquia, Corea, Cuba, Estados Unidos, Francia, Galicia, Grecia, Italia, Jamaica, Polonia, Portugal, Unión Soviética y Yugoslavia.

Nació en La Habana en 1930 y cursó estudios en las universidades La Soborna, Londres y La Habana. Alcanzó el título de doctor en Ciencias Filológicas e investigador titular, profesor honorario (1986) de la Universidad de San Marcos (Lima) y doctor honoris causa de las Universidades de Sofía (1989), Buenos Aires (1993) y Universidad Central de Las Villas (2011).

Durante la dictadura de Batista integró el Movimiento de Resistencia Cívica y publicó en la prensa clandestina, al triunfo de la Revolución cubana fue diplomático, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado.

No ha desaparecido pues nos deja una obra literaria fabulosa

En recuerdo a Roberto Fernández Retamar uno de mis profesores del bachillerato en el Instituto Edison

Por GIRALDO MAZOLA

Foto: uneac.org.cu

En la primaria me sentía impresionado por los discursos martianos que se hacían en los matutinos de los viernes. Y en el bachillerato, varios profesores, ejercieron su influencia e impronta.

El alumnado de aquella escuela incluía a muchos judíos de familias pudientes que acudían a la única escuela privada laica de cierto nivel que no perturbaba sus creencias y además con vínculos orgánicos con escuelas norteamericanas que hacía que el nivel de inglés fuera elevado.

Al triunfo de la Revolución, en los primeros días de enero del 59 entré en varios autos con un grupo de mis compañeros armados al patio del Edison.

Mi visita era para ver a uno de mis profesores preferidos pero Roberto Fernández Retamar no estaba en la escuela ese día.

Me acuerdo que justo recién graduado fue contratado para impartir historia de Cuba al tercer año de bachillerato. Yo tenía quince años, cierta habilidad para modelar en plastilina y solía hacer figuras de personas y animales en las clases. Retamar me animó a reproducir una parte de la batalla de Mal Tiempo y consiguió una plancha de plywood para hacerla. Me indujo a estudiar la campaña de Gómez en la invasión del 95 y en particular ese combate victorioso de las fuerzas mambisas.

Estudié esa batalla consultando distintos textos y por eso desde esos días conocí que Maceo no sólo había sido el guerrero que no podía ocultar la historiografía burguesa sino que su pensamiento político era tan firme como su espada. Roberto me convirtió en un insaciable lector de libros de historia, hábito que aún conservo.

Mal Tiempo fue una batalla crucial para la columna invasora que se preparaba para penetrar en Matanzas a través de las llanuras de Cienfuegos pese a la existencia de ocho a diez mil efectivos españoles en la zona para impedirlo y marcó el fin de la primera etapa de la invasión, dando inicio a una nueva táctica independentista.

Después de leer tanto reproduje la orografía de aquellos potreros, sus cercas, y comencé a hacer decenas de combatientes mambises y españoles a caballo y de infantería. Retamar me alentaba constantemente y me sentía muy estimulado porque nunca un profesor me había dedicado tanta atención.

Cuando por fin nos encontramos poco después en una actividad política se alegró mucho de verme pues había conocido de mis trajines conspirativos, mis heridas, torturas y mi encarcelamiento.

Le confesé que me ayudó mucho inculcándome la devoción por la historia de nuestros próceres independentistas al punto que soñaba con el rescate de Sanguily que protagonizó Agramonte e incluso empecé a discutir con algunos compañeros la realización de algo similar para rescatar a compañeros nuestros que llevaban a juicios al Tribunal.

Me dijo entonces y no lo olvido, al conversar de la reproducción de aquella batalla, que cuando consiguió la oportunidad de impartir clases en el Edison, en ese momento su padre y hermano estaban cesantes y que los “frijoles” de la casa dependían de su salario. Indagó con otros profesores sobre el alumnado que tendría y me identificaron como uno de los revoltosos del grupo. Buscó como neutralizarnos y en mi caso ideó motivarme de ese modo para despertar mi interés por sus clases.

En efecto lo logró pues me convertí en un guardián voluntario del orden y disciplina y exigía a todos el mayor silencio a las clases suyas.

Me sentí frustrado de su espontánea confesión pues lo había atribuido al reconocimiento de mis potenciales virtudes de escultor, pero siempre lo recuerdo con afecto porque todo ello contribuyó a mi incorporación a la lucha revolucionaria de mi generación que se inspiró, en no en poca medida, en la ideología martiana, el pensamiento militar y la táctica de nuestros patriotas que combatieron el colonialismo español.

Después, durante muchos años, ya él desde la Casa de las Américas y yo como Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o como Vice Ministro de Relaciones Exteriores, forjamos una amistad basada en aquellos recuerdos y en la identidad de pensamientos y objetivos.

No sé si por su fraterno trato, o por recordar aquella etapa, siempre me decía cuando nos veíamos o me llamaba por teléfono mi alumno preferido.

Me siento feliz de haber tenido un compañero y amigo como él. No ha desaparecido pues nos deja una obra literaria fabulosa y a mí, además, recuerdos inolvidables.


Redacción Digital

 
Redacción Digital