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Publicado el 9 Agosto, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: ¿nuevas vivencias de lo popular?

Dudar, siempre dudar, propicia la reflexión y la búsqueda de aristas que no siempre se captan con facilidad. Para creer en lo que se ve, el quid no está solo en la singularidad del contenido, sino en la artisticidad de la forma y en el conjunto de la puesta
AQUÍ, LA TV: ¿nuevas vivencias de lo popular?
Nuevo Amsterdam es una de las series programadas por Multivisión, que transmiten emociones y sensaciones vinculadas al proceso cognoscitivo. (Foto: youtube.com).

Por SAHILY TABARES

En el siglo XXI diferentes maneras cinematográficas de “ver” el mundo, estructurar el tiempo, contar relatos y enlazar experiencias, lideran como formas básicas de acceder al ordenador y a la pantalla de la TV tradicional.

Según el director de cine Fernando Pérez: “Si una obra artística complejiza la realidad y los conflictos, deja posibilidades abiertas a la idea de que en el ser humano hay posibilidades insospechadas de sentimientos y emociones positivas”.

Con esta aseveración el realizador alerta sobre la importancia del lenguaje y la cultura audiovisual en un mundo en el que diariamente ocurren transformaciones en el género ficcional. En este el relato sucede de manera conjunta en el plano de la acción y la subjetividad de los personajes. De ningún modo por azar, engaños, astucias, amores, desencuentros, nutren con frecuencia el meollo de fábulas y moralejas en narrativas diversas.

En la actualidad, la brújula apunta cada vez más hacia las series; al decir del colombiano Omar Rincón: “No son cine, tampoco televisión, sino una experiencia audiovisual transversal que entra en secuencia con saberes, prácticas y referencias para producir nuevas vivencias de lo popular”.

De ningún modo casualmente en este verano el canal Multivisión ha hecho énfasis en las series. Agentes de protección, Convicción, El novato, Nuevo Amsterdam, entre otras, tienen en común la violencia, las angustias existenciales, la delimitación de posturas éticas; en fin, transmiten emociones y sensaciones vinculadas al proceso cognoscitivo. Por eso es importante “ver” con inteligencia lectora lo qué se dice, cómo se dice, quién vence en luchas de contrarios. Los creadores de estas puestas, a partir de diferentes puntos de vista –cada obra es una individualidad en sí misma- aplican leyes, cánones retóricos, visuales, dinámicas dramatúrgicas, las cuales constituyen un instrumento para convencer.

Dudar, siempre dudar, propicia la reflexión y la búsqueda de aristas que no siempre se captan con facilidad. Para creer en lo que se ve, el quid no está solo en la singularidad del contenido, sino en la artisticidad de la forma y en el conjunto de la puesta.

También Multivisión propuso un ciclo fílmico en homenaje a Charles Chaplin, quien dominó una singular narrativa parlante desde el silencio. Él asumió, desde la estética, el concepto de que la comprensión del arte como un sistema de signos, cuyas unidades se articulan con cierta intencionalidad comunicativa, indica un camino para descubrir qué representa y cómo funciona el lenguaje artístico.

Tampoco olvidemos que en un mundo interconectado se borran las fronteras entre los géneros dramáticos. Realizadores y públicos –activos sujetos participativos- requieren de saberes para interpretar textos lingüísticos e icónicos sin dormirse en el placer del entretenimiento.

Incluso los jóvenes internautas digitales son conscientes de que toda situación humana o actitud tiene un marco convencional en relatos inspirados en la construcción de la realidad, en tanto son espectáculos que enfrentan al destinatario consigo mismo, pues lo inmiscuyen en situaciones-otras, las cuales deben llegan a los más recónditos sentimientos.

Por esto no se puede simplificar el impacto de la TV, su capacidad para persuadir desde el espacio íntimo, con discursos e imágenes susceptibles de ser reveladores de angustias, situaciones límites, en dependencia del interés y la intencionalidad de creadores y televisoras extranjeras.

Nuestra televisión de servicio público va dirigida al ciudadano, requiere una combinación ingeniosa en los relatos, teniendo en cuenta el carácter polisémico de la imagen, lo verosímil de los bocadillos, las actuaciones convincentes, la artisticidad en maquillajes, vestuarios y en la dirección general de la puesta. De ningún modo es pedir mucho, sino lo necesario para aplicar una máxima del canon griego: “la perfección está en la unidad de las partes”. Lamentablemente se suele olvidar esta sabia reflexión que es válida para el audiovisual de todos los tiempos.


Sahily Tabares

 
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