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Publicado el 24 Agosto, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

CINE, más que el acto de mirar

Acercamiento a la programación exhibida por el Icaic durante el Festival de verano
CINE, más que el acto de mirar.
Es El Principito, de Saint-Exupéry, un clásico de la literatura. (Foto 2A: peliculasseriesanimemuscia.wordpress.com).

Por SAHILY TABARES

Solloza quedo, ante la pantalla grande ella siente como propio el conflicto de esa mujer abandonada. Quizá lo “suyo” fue diferente, pero la historia parece tan real… Esa atmósfera de sombras, el largo silencio, la sobrecogen definitivamente.

El séptimo arte registra personajes, fábulas, conflictos,circunstancias, que permiten a los públicos “vivir” existencias ajenas recreadas en disímiles narrativas. Cada persona tiene una manera particular de apreciar las cosas, la sensibilidad, el fuero interno, las experiencias, los descubrimientos; todo influye en el ser y el quehacer cotidiano.

Algunos relatos nos sumergen en laberintos insospechados, otros generan luces para comprender mejor al ser humano. La imaginación, el intelecto y la curiosidad de creadores implicados en puestas audiovisuales suscitan ideas, emociones, pensamientos, en destinatarios de diferentes edades. Lo patentizó el Festival de cine de verano presentado por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) en sedes habaneras.

CINE, más que el acto de mirar.
Fotograma de la película De cierta manera, protagonizada por Mario Balmaseda. (Foto: Icaic).

Diversos temas, puntos de vista, autores, planteamientos estéticos, nutrieron cerca de 40 ciclos (filmes, documentales, muestras) sobre figuras legendarias, íconos del celuloide, lo trágico, lo risible, una retrospectiva del proyecto Palomas, intrépidas aventuras, el ilusionismo, el fútbol, la literatura, historias de vidas… En fin, sugerentes maneras de contar relatos incitaron a re-conocernos en ficciones pensadas con intencionalidad y buen gusto para seducir a los públicos. La estrategia estimuló al cómplice espectador activo, “el que tomando como punto de partida el momento de la contemplación viva genera un proceso de generación crítica de la realidad”, de acuerdo con el inolvidable director Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996).

Refuerza tal sentido el conocimiento de fuentes históricas, documentos, evocaciones, tendencias psicológicas, según lo demostró la muestra titulada Chaplin, con voz alta y bien clara. De ella formaron parte La condesa de Hong Kong, Candilejas, Monsieur Verdoux, Un rey en Nueva York y El gran dictador.

CINE, más que el acto de mirar.
El gran dictador, cinta estadounidense de 1940, fue escrita, dirigida y protagonizada por el genial Charles Chaplin. (Foto: revistadc.com)

En esa última película, la primera hablada de las que realizó Charles Chaplin, quien es una de las figuras representativas del cine mudo, el director británico condena el nazismo, el fascismo y las dictaduras en general. El renombrado actor, humorista, productor, músico y guionista, expone en el discurso final del filme una elocuente declaración: “Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de crear máquinas y felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos”.

Asimismo, el ciclo Batallas que hicieron historia incluyó las producciones Waterloo, La batalla de Jigüe, Austerlitz, La batalla de Okinawa y Stalingrado, para destacar el sustrato antropológico de hechos, ideologías, identidades colectivas, acciones, que registraron las cámaras desde perspectivas reveladoras de conflictos, estos, en su mayoría, tuvieron repercusión en varias naciones del mundo.

Otras fabulaciones

La riqueza expresiva del cine, en tanto arte e industria, se ha beneficiado de la plástica, el teatro, la música o la literatura; el contenido de esta última, traducido al lenguaje cinematográfico, amplía la heterogeneidad de gramáticas ficcionales que permiten codificar audiovisuales en constante expansión.

Ilustraron dicho panorama los ciclos Cinco libros para leer (El Principito, Peter Pan, Oliver Twist y Alicia en el país de las maravillas) y Clásicos de Disney (Blanca Nieves y los siete enanos, La cenicienta, Dumbo y La bella durmiente).

CINE, más que el acto de mirar.
Barbra Streisand en Hello, Dolly, musical estadounidense de 1969. Gene Kelly dirigió y produjo el guion de Ernest Lehman. (Foto: alamy.com).

De igual modo, cautivó el nexo de la música y el cine, evidenciado en puestas antológicas, entre ellas Hello, Dolly, My fair Lady y Hair. Ninguna otra expresión como el musical alude a canciones o temas bailables como parte esencial del desarrollo de relatos fílmicos. Recordemos que en la década de los años 50 el género contaba con el interés de los públicos, pero los tres decenios posteriores significaron una época de decadencia; volvió a la palestra en 1996 con historias y figuras relevantes del arte musical, de las que forman parte el compositor Alan Menken, quien realizó las míticas bandas sonoras de El jorobado de Notre Dame y La bella y la bestia.

Otros momentos significativos generó en la pantalla grande el ciclo Ellas tras el lente, al presentar grandes obras realizadas por féminas en diferentes épocas y países. Integró ese conjunto la cinta De cierta manera, el primer largometraje realizado en Cuba por una mujer, Sara Gómez (1943-1974). Oportuno homenaje a una personalidad descollante que no siempre tuvo el merecido reconocimiento, pero batalló hasta el final de su vida con una filmografía que debe ser conocida por las nuevas generaciones.

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Los filmes documentales de Sara Gómez se distinguieron por sus planteamientos éticos. (Foto: Icaic).

Según refiere la doctora Olga García Yero, en el libro Sara Gómez un cine diferente (Ediciones Icaic): “A la cineasta le interesaba, una vez más, mostrar que ciertos males sociales como la pobreza, la mentalidad subalterna, la discriminación racial, las creencias religiosas de cualquier tipo, los problemas del esquematismo educativo, la violencia social e intrafamiliar, las relaciones desiguales entre los sexos, entre otros aspectos, no se borraban por decretos o congresos y, mucho menos, con el silencio que se cernió sobre aquellas llagas sociales, en una ausencia que parecía quizás querer convencer de que habían sido resueltos todos estos problemas y se vivía ya en una sociedad sin conflictividad ni desequilibrios”.

Sin duda, por su abarcadora, sugerente, diversa mirada, el Festival reafirmó la capacidad del cine para observar a fondo la vida.


Sahily Tabares

 
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