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Publicado el 15 Agosto, 2019 por ACN en Cultura
 
 

CRÍTICA LITERARIA: ir a la raíz

La crítica especializada en la Cuba de hoy no suele cumplir con el propósito de atraer a los jóvenes hacia la literatura y orientarlos
Crítica literaria, ir a la raíz.
Las facilidades generadas por los medios y soportes digitales han transformado las dinámicas de una parte de los lectores y su vínculo con el crítico de formación académica. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por TANIA CHAPPI

Aunque en múltiples escenarios se insiste en que el libro sostiene una recia batalla frente a la avalancha de los audiovisuales, la producción de las casas editoras a nivel global continúa siendo de suficiente magnitud como para ocupar la vida entera de cada ser humano. Dentro de ese pantagruélico festín hallamos desde textos excelentes hasta los peores bodrios.

¿Cómo acertar y no perder tiempo y dinero en títulos prescindibles o ajenos a nuestras inclinaciones? ¿Cómo saber si la reciente entrega de un autor exitoso se encuentra a la altura de las anteriores o es un intento fallido? A menudo ni el diseño exterior ni la calidad de la encuadernación o la nota de contracubierta representan indicios suficientes. Tampoco el precio con el cual se anuncian en Amazon o sitios similares. Mucho menos la promoción en Facebook o Twitter.

Quienes quieren jugar al seguro buscan las señas del crítico literario, un experto que debiera ser fiel al imperativo de sintonizar con los destinatarios, departir con ellos y con el escritor, fijar lazos entre ambos. Cuando de manera reiterada no ocurre así, las consecuencias sobrepasan el desconcierto del lector, y pueden incluir afectaciones a la propia industria editorial y hasta a la cultura de una nación. 

  Sobre el tema se conversó intensa y extensamente durante el encuentro Punto de partida: diálogos sobre crítica, organizado por el Centro Cultural Dulce María Loynaz y celebrado en su sede, en el Vedado habanero. Diversas coyunturas retardaron que pudiéramos dedicarle nuestras páginas; sin embargo, bien relevante es lo discutido allí por especialistas entre cuyas inquietudes ocupa lugar destacado el desfase entre las proyecciones de la crítica al uso en la Isla y el universo literario, nacional y foráneo.  

Oteando el horizonte

Crítica literaria, ir a la raíz.
En el Centro Cultural Dulce María Loynaz se debatió acerca del ejercicio de la crítica en las revistas culturales impresas, en la web y en la prensa diaria. (Foto: revistamascuba.com.).

Numerosos aspectos salieron a relucir en ese intento por llegar a la raíz del problema. Enfoquémonos en uno que afloró en todas las sesiones: la presencia del ejercicio crítico en la web.

Los comentarios ofrecidos por Enrique Pérez Díaz, director del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura, en torno a una investigación realizada por esa entidad, de conjunto con Cubaliteraria, corroboran la emergencia de un grupo considerable de jóvenes que obtienen del entorno digital obras de escritores contemporáneos ausentes en las librerías del país.

Ese círculo, que lee mediante ordenadores, tabletas y móviles, anda a tientas o se ve impelido a buscar sus puntos de referencia lejos de los canales tradicionales, e incluso más allá de nuestras fronteras, debido a que –como bien consideran algunos analistas– la crítica literaria en Cuba se centra en lo nacional y no abundan glosas sobre los títulos de creadores extranjeros. Frecuentemente, los consejos a los cuales recurren tales lectores no provienen tampoco de publicaciones o comentaristas foráneos reconocidos, sino de los booktubers, o de los influencers, quienes operan desde YouTube, las redes sociales y los blogs personales.

Yunier Riquenes, uno de los fundadores de Claustrofobias, espacio digital de promoción literaria, ha identificado diversos obstáculos al contacto entre los amantes de la lectura, los críticos cubanos y los libros, por ejemplo: “Mayoritariamente los sitios web de nuestras editoriales –las que lo tienen– están desactualizados”, al mismo tiempo, “hay páginas oficiales que todavía son pobres, arcaicas”, en cuanto al diseño, las propuestas y la interacción con sus potenciales seguidores. Además, en Internet encontramos muy poco a nuestros principales críticos y sobre ellos.

Otro aspecto peliagudo, según este literato, es que quienes ejercen la crítica no siempre perciben la necesidad de diversificar sus discursos, de acuerdo con el público específico al cual se están dirigiendo. A veces colocan en sitios no académicos textos solo comprensibles por entendidos en conceptos de narratología o de análisis poético.

Para el editor jefe de El Caimán Barbudo, Rafael Grillo, los problemas siguen siendo los mismos de cuando escribió, en 2007, Añoranza por la crítica. Y ha aumentado en Cuba el influjo de Internet, de las redes sociales. En consecuencia, si la intención es “seguir construyendo un corpus textual, de información y asentamiento acerca de la literatura, destinado a la academia y los archivos, los críticos tradicionales nos hacen falta”; pero si queremos que los libros cubanos sean leídos por un amplio número de personas, “necesitamos influencers”.

Crítica literaria, ir a la raíz.
Salvo excepciones, detrás de cada bestseller hay una bien montada campaña publicitaria con comentarios y reseñas acordes con las peculiaridades y expectativas de los receptores. (Foto: amazon.com.mx).

Resulta inevitable, porque en la Isla “ha crecido más la cantidad de celulares que los planes editoriales, o sea las obras publicadas aquí”. Asimismo, los lectores actuales no se conforman con lo exhibido en las librerías. Si ven una serie (como Juego de Tronos) o una película basadas en una novela, intentan conseguir el original literario, bajándolo de Internet, acudiendo a amistades o al paquete de la semana, el cual brinda entre sus contenidos ediciones piratas. En resumen, las instituciones y los promotores deben adoptar otra mentalidad, opina Grillo. 

Al decir de Enrique Pérez Díaz, en otros países la influencia sobre los públicos no queda al azar, por el contrario, se estudia y se conforma. Así, prominentes casas editoras han creado “grandes movidas con la finalidad de revivir la literatura fantástica, como ocurrió a finales del siglo pasado, con la publicación de Harry Potter, de ahí se regresó a Crónicas de Narnia, a El señor de los anillos”. Nosotros no podemos mantenernos “atrincherados en la línea de la tradición, defendiendo únicamente la crítica de cierto tipo y desconociendo para quién debemos trabajar”.

En las anteriores líneas apenas hemos mostrado la punta del iceberg. El tema merece, sin duda, posteriores acercamientos. Cerremos esta vez con una reflexión de la doctora Graziella Pogolotti: “Habría que plantearse elaborar un programa de acción, tomando en cuenta los datos del Observatorio y la realidad de que, por lo menos en el futuro inmediato, no vamos a disponer de un amplio volumen de publicaciones impresas”. Para ellas y las digitales, precisamos volver a construir un destinatario, un lector –el esfuerzo concierne a las instituciones, dígase el Ministerio de Educación, la Universidad, el Instituto Cubano del Libro, etcétera–, “rescatar, por todas las vías, ese público para el cual la obra del crítico habrá de tener un sentido”.

Debates apasionados

Tras la primera experiencia de Punto de partida: diálogos sobre crítica, el Centro Cultural Dulce María Loynaz pretende dotarlo de sistematicidad y hasta convocarlo más de una vez al año.

Las controversias que han tenido lugar, y seguirán ocurriendo durante sus futuras jornadas, contribuyen al esfuerzo por superar las debilidades del ejercicio crítico y estimularlo, como una vía para “jerarquizar el arte cubano y colocar las obras de calidad en el lugar que merecen”, e impedir que sea ocupado por creaciones de menor nivel, aseguró a BOHEMIA el director de la institución, Josué Pérez Rodríguez.

Manifestó, asimismo, que en la Isla existe crítica literaria, hay espacios para ella, pero nos faltan los análisis incisivos y beligerantes; pues las miradas suelen ser amigables, complacientes, y no establecen los raseros necesarios.


ACN

 
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