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Publicado el 6 Agosto, 2019 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO

Hablando ¿en serio? sobre Arte

Destacado colectivo habanero presenta obra de notable dramaturga contemporánea
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Hablando ¿en serio? sobre Arte.
Lázaro Rivera y Yía Caamaño expresan contención y organicidad en sus roles, uno de los grandes aciertos de este montaje.

ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Fotos: Cortesía de SARAH MARÍA CRUZ

Reír y, a la vez, reflexionar en torno a cuestiones estéticas pareciera cuestión sencilla y hasta fácil, pero en concreto es surcar un mar de divagaciones, de enfoques disjuntos, donde disentir, contrastar, reprobar o coincidir –filosóficamente hablando– pueden dejar tambaleante hasta la más armónica relación humana.

Sobre estos trances, a medio andar entre lo terrenal y lo existencial, invitó a dialogar el colectivo Teatro del Sol, liderado por Sarah María Cruz, con el montaje de Arte, a cargo de la propia directora del grupo, junto al actor José Ignacio León, el cual se presentará durante el verano en la sede de la compañía Hubert de Blanck, del Vedado habanero.

Desde su estreno mundial, el 28 de octubre de 1994, justo en el teatro de los Campos Elíseos, esta comedia de la dramaturga francesa Yasmina Reza ha dado mucho de qué hablar y pensar, en varios idiomas y escenarios del orbe; y aunque no es la carcajada sonora y explosiva lo que detona comúnmente desde el auditorio en cada una de las puestas en escena, merece reconocerse que siempre consigue la risa sana y sin reservas de un público observador, sagaz y avezado.

 Tal hilaridad, en la mayoría de los casos, es generada por situaciones triviales, hábilmente hilvanadas, que sirven de trasfondo y revestimiento para exponer, con sobrada seriedad, cuestionamientos de hondura excepcional.

No es la primera vez que Arte se presenta en Cuba, hace poco más de una década la compañía El Público, dirigida por Carlos Díaz, asumió las complejidades y esa agudeza tan particular de discurrir sobre ciertas aristas de la espiritualidad humana que propone esta también novelista y actriz gala, laureada con premios como el Tony (el más alto galardón conferido a los montajes teatrales en los Estados Unidos) y el Molière (otorgado en Francia) a la mejor dramaturga, por solo citar algunos.

En la obra, el entrañable vínculo entre tres amigos casi colapsa por nimias discrepancias sobre arte. Sonia (Yía Caamaño) acaba de comprar un cuadro por un millón de euros y, henchida por tan ostentosa adquisición, intenta convencer a Marcos (José Ignacio León) de que la obra en cuestión, una tela blanca donde el pintor esbozó caprichosamente unas finas líneas ¿blancas?, es un portento del arte contemporáneo.

Hablando ¿en serio? sobre Arte.
José Ignacio León (izquierda) explota con sagacidad su extraordinaria vis cómica y explora diferentes registros sin dejar de ser orgánico.

La paradójica situación estalla con un sinfín de burlas sardónicas que van complicando la relación de lealtad y fraternidad que los une y, a su vez, pone en una endeble balanza sus respectivas concepciones sobre la belleza, el sentido del gusto estético, y aquello realmente valioso.

En este punto de ánimos caldeados, aparece Iván (Lázaro Rivera), quien inseguro y hasta distante de las ideas refrendadas por sus amigos -ahora contendientes-, intenta interceder y acaba siendo también centro de la querella.  

“Hablo de la amistad como una pasión amorosa, no como una relación distante, llena de celos, posesión, mala uva, cambios de bando, alianzas […] Entiendo la amistad así, como una pasión feroz, nada tranquila”, confesó la autora del texto en una entrevista concedida en 2017 en España, a la sazón de una reposición de esta obra que resalta por su cuidada distinción para amalgamar, de manera armónica y en un mismo contexto, dos conceptos: la amistad y la apreciación de las artes.

Con especial coherencia la nómina de Sarah María Cruz asume la psicología de cada personaje sin descuidar el tono de comedia, lo cual denota un exhaustivo trabajo en la dirección de actores. Yía Caamaño –a quien hemos visto en recientes telenovelas interpretando roles de villana- recrea a una médico, culta y bien posicionada que construye, de manera excepcional, un personaje cargado de matices, por momentos frívolo e intransigente en sus juicios, pero de sentimientos nobles.

Irónico, e incluso a veces hasta cáustico, impresiona José Ignacio León al encarnar a un ingeniero aeronáutico, igualmente de buena familia, y con un sentido bastante práctico de entender la realidad. Un rol defendido con excelencia por este intérprete que cumple la dualidad de ser codirector en el montaje.  

De modo sugerente y orgánico, Lázaro Rivera consigue engranar las diversas aristas que conforman el personaje de Iván, un individuo vacilante, inseguro, quien por momentos pareciera débil, pero que confía en la amistad y su poder.

Arte deviene invitación a repensar la esencia humana, con sus vaivenes, ambiciones y vacilaciones. Sin temor a equívocos, explora los disímiles significados subyacentes en la perfección, como quimera inalcanzable de toda obra; desborda límites y desnaturaliza nuestra percepción de la vida y aquello que nos rodea.

Sin duda, es un juego ¿trágico? de humorada impecable; ese quizá fue el ardid de Yasmina Reza para convencer y perdurar, que con acierto aprehendieron Sarah María Cruz y su séquito, justo ahora cuando ciertas frivolidades amenazan con asfixiarnos.

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Roxana Rodríguez

 
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