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Publicado el 28 Agosto, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

Programación ¿misión imposible?

Quizá el secreto de la buena televisión reside en hacer programas que interesen a los destinatarios para quienes han sido especialmente concebidos y en no aburrir a los demás. ¿Ayuda la programación al logro de este propósito? Los cambios, reiteraciones, e inadecuadas ubicaciones en la “parrilla” televisiva, impiden la amplia satisfacción de creadores, directivos y públicos
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Programación ¿misión imposible?
No siempre se tiene en cuenta que cuando un espacio está ubicado incorrectamente en el esquema de programación, el más afectado es el espacio porque ante la pantalla se reunirá un público inadecuado. La Colmena TV, en el horario nocturno (viernes, 8.30 p.m.), es un ejemplo; al parecer, olvidamos a “la Calabacita”. (Foto: radioprogreso.icrt.cu).

Por SAHILY TABARES

En el siglo XXI los medios de comunicación masiva pueden ser un instrumento en la construcción de un nuevo orden civilizatorio, por esto es esencial seducir mediante representaciones artísticas a los públicos expuestos a discursos hegemónicos y modelos de consumo que estimulan el ocio, en detrimento del raciocinio, la memoria, los cuales constituyen facultades imprescindibles para conocer el mundo y sus complejidades.

Cada jornada, la TV cubana afronta innumerables desafíos: informar, entretener, educar. Debe enfrentarlos con recursos tecnológicos puestos en manos expertas, con pensamientos e ideas que contribuyan a la expansión de capacidades mentales. En la red, las personas generan modalidades propias de acceso a las narraciones, manifiestan hábitos de lectura, participan en la contextualización de lo contado en la obra abierta que ellas reelaboran.

Quizá el secreto de la buena televisión reside en hacer programas que interesen a los destinatarios para quienes han sido especialmente concebidos y en no aburrir a los demás. ¿Ayuda la programación al logro de este propósito? Los cambios, reiteraciones, e inadecuadas ubicaciones en la “parrilla” televisiva, impiden la amplia satisfacción de creadores, directivos y públicos.

¿Qué insuficiencias persisten? Tal vez el adecuado entendimiento de que los procesos de programación deben ser dirigidos; no son espontáneos. Se requiere cientificidad, el aporte de expertos, la combinación de formas que aseguren el cumplimiento de lo predeterminado para mantener el equilibrio de géneros, estéticas, temáticas y propuestas interesantes.

De acuerdo con la teoría general de los sistemas, el todo es siempre más importante que las partes y las partes existen para lograr el éxito del todo. Hay que pensar, investigar, reformular, establecer principios inviolables, lo cual quiere decir respetar conceptos y saberes sedimentados por el conocimiento, la experiencia.

También debe tenerse en cuenta que cuando un espacio está ubicado incorrectamente en el esquema de programación, el más afectado es el espacio porque ante la pantalla se reunirá un público inadecuado. Por ejemplo, La Colmena TV, en el horario nocturno (viernes, 8.30 p.m.), al parecer, olvidamos a “la Calabacita”.

En un mundo interconectado, si bien el medio televisual no es el único responsable del enriquecimiento cultural de los públicos, mucho puede hacer por él. A la tecnología, a las buenas intenciones, se impone añadir ideas novedosas y propuestas que cautiven a los nativos digitales, en su mayoría deseosos de obtener conocimientos mediante las experiencias audiovisuales que viven en la red.

El discurso de una puesta no es un mero instrumento pasivo en la construcción del sentido que toman procesos sociales, estructuras económicas o conflictos políticos. Todo texto lleva implícita una teoría filosófica que debe ser desentrañada, refigurada dentro de un corpus general. Incluso los más banales tienen una teoría implícita, exigen el análisis del sentido oculto en el relato.

Pensar y concebir la programación televisual no puede ser una misión imposible. ¿Existen cuidadosos estudios de población que proporcionen datos sobre estratos sociales, composición de los grupos, niveles culturales? También hay que conocer los hábitos de vida y de teleaudiencia más significativos; y lo más difícil: estructurar el esquema de un día típico de un televidente tipo. Nunca olvidemos: los públicos necesitan un período de reconocimiento primero, y de identificación después, más adelante llega la habitualidad, y al final, la dependencia. Sí, la travesía requiere estudios, nunca improvisación, porque la TV es de todos.

Tampoco pretendamos a ultranza la experimentación, esta es un valor cuando constituye una necesidad expresiva. No basta el intento de decir algo nuevo, lo importante es que ese algo propicie sentir y ver con una mirada-otra la construcción de lo real, los sentimientos individuales y colectivos, la existencia de todos los días. Pensemos.

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