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Publicado el 5 Agosto, 2019 por Tania Chappi en Cultura
 
 

ICRT

Un espectador avezado no se improvisa

Todavía falta coherencia y sistematicidad en la aplicación de políticas y estrategias concebidas de conjunto entre el ICRT y el Ministerio de Cultura
Un espectador avezado no se improvisa.
Abel Prieto, Miguel Barnet, Digna Guerra y Jorge Gómez, entre otros diputados, hicieron cuestionamientos y recomendaciones. (Foto: MARTHA VECINO).

Por TANIA CHAPPI

Salvo excepciones, cada vez menos, pues la TV llega incluso a zonas rurales intrincadas, todos los cubanos somos, o hemos sido durante largos períodos de nuestras vidas, telespectadores asiduos. Para nosotros es habitual buscar en los diarios la cartelera, rastreando programas favoritos; más si han llegado el fin de semana o los meses veraniegos, cuando ansiamos hallar novedades. 

Y ciertamente, en julio y agosto se aprecia un esfuerzo por diversificar la parrilla, valga el término técnico. Sin embargo, ya sea en enero o en las vacaciones estivales, nuestra televisión padece de “repeticionismo”, es decir, la reiteración incesante de los mismos filmes, series, musicales… Sondeos realizados por BOHEMIA en diversos momentos han sacado a la luz ese hecho, amén de vacíos y múltiples pifias, que disminuyen el interés de los públicos hacia las propuestas de la pantalla chica. ¿Por qué sucede esto, cuál es la situación del sistema de la televisión y la radio cubanas?

El informe presentado recientemente ante los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular por Alfonso Noya Martínez, presidente del ICRT, junto con sus dos directores, Onelio Castillo y Waldo Ramírez, puntualizó que hoy funciona un centenar de emisoras radiales, las cuales producen miles de programas. En el medio radiofónico se evidencian avances: hay un reflejo más abarcador de la vida de la nación, las radioemisoras están en Internet en sonido en tiempo real y existe una visión multimedial en la gestión de contenidos; además, se ha fortalecido el diálogo con las instituciones culturales.

Por su parte, la TV ya cuenta con varios canales de alcance nacional, más los de carácter territorial, ubicados en todas las provincias del país; los eventos de gran relevancia son promovidos y se han consolidado los espacios Sitio del Arte, el Noticiero Cultural, Paréntesis, Diálogo Abierto, Entre líneas, Signos y Con dos que se quieran.

No obstante, el texto reconoció insuficiencias como el anquilosamiento en algunas zonas de la producción radial y televisiva, en especial la dirigida a niños y jóvenes, los mensajes promocionales y la crítica artístico-literaria. Asimismo, se observan ciertas expresiones de banalidad y pseudocultura, escasez de proyectos novedosos y programas humorísticos, déficit de personal y tendencia a la desprofesionalización en algunas especialidades, por ejemplo, la locución; insuficiente superación cultural y profesional de los colectivos.

Un espectador avezado no se improvisa.
Los directivos del ICRT afirman que se han proyectado acciones para subsanar las insuficiencias. (Foto: MARTHA VECINO).

Igualmente, prevalece la inconsistencia en la difusión de las riquezas culturales presentes fuera de la capital; subsiste la inestabilidad en el cumplimiento de los horarios de la programación; y no se utilizan convenientemente las investigaciones sociales para la evaluación de la factibilidad, la calidad e impacto de las producciones televisivas.

Intelectuales y creadores opinan

Sin duda urge tomar en cuenta los criterios y sugerencias de figuras descollantes en el ámbito artístico y cultural en general. Varias de ellas se escucharon en la mencionada jornada de debates en la Asamblea Nacional. El destacado pensador Abel Prieto, considera que los esfuerzos para armonizar la política entre el Ministerio de Cultura y el ICRT no han rendido los frutos esperados. En especial ha fallado en una de las misiones esenciales de nuestros medios: “formar un espectador crítico”, capaz de evaluar la avalancha de chatarra que recibimos.

“No se trata de quitar todas las películas norteamericanas, sino de enseñar a la gente a ver cine”, recalcó. Los espacios positivos en tal sentido –dígase, entre otros, La séptima puerta y Espectador crítico– no son suficientes. Al mismo tiempo, se han invisibilizado el movimiento cultural comunitario de mayor calidad, la labor de los instructores de arte, y otras manifestaciones relevantes. 

Lo anterior ha ocurrido, alegó, por falta de coherencia entre las proyecciones y la aplicación de las estrategias concebidas entre ambos organismos. Y añadió que no debemos hacer una televisión elitista, pero tampoco una televisión banal. Es necesario conciliar las acciones, trabajar unidos para defendernos de la frivolidad y contribuir a que los cubanos seamos cultos y libres.

Por su parte, Digna Guerra, respetada directora coral, alertó acerca de que si bien en la Isla prosperan los buenos coros y una veintena de ellos son profesionales y subvencionados por el Estado, tales agrupaciones no suelen verse en la TV, pues según los directores de programas, no se ajustan a sus perfiles. Así acontece con la actividad teatral profesional existente en el país, opinó el dramaturgo tunero Ernesto Enrique Parra. E instó a recuperar los espacios de teleteatro.

Un espectador avezado no se improvisa.
Programas como Escriba y Lea, o La séptima puerta contribuyen al enriquecimiento cultural de los televidentes. (Fotos: tvcubana.icrt.cu).

Félix Julio Alfonso, historiador, conocido participante del programa Escriba y Lea, reiteró la importancia de que los principales intelectuales de Cuba sean vistos en la TV y le aporten sus saberes, por ejemplo, brindando comentarios sobre determinados temas y personalidades. Con él coincidió el escritor Miguel Barnet, presidente de honor de la Uneac, quien llamó también a revisar con mayor cuidado los programas antes de trasmitirlos, de manera que no se propaguen lamentables errores.

Es indispensable no desconocer las limitaciones económicas y tecnológicas, razonó el popular músico Jorge Gómez. “Cada vez la TV y la radio, sobre todo la primera, son más caras, y más efímeras sus tecnologías, esto significa un reto para un país cuya televisión es de servicio público, no tiene anunciantes” y depende del presupuesto del Estado. A nuestro favor están, sin embargo, el talento de los realizadores de audiovisuales, de los músicos; el cine y el ballet “tienen aquí dos de los grandes eventos del mundo”. Mucho puede hacerse si los mejores creadores e intelectuales ponen en función de los medios su obra y su pericia.

Noya Martínez agradeció las sugerencias de los parlamentarios y garantizó que serán tomadas en cuenta para el perfeccionamiento de la labor del Instituto. Aseguró que trabajan de manera conjunta con la Dirección de Artes Escénicas y en un futuro no lejano la TV trasmitirá piezas significativas del teatro moderno y nuevos proyectos humorísticos.

Muy buena noticia es esta. Y los telespectadores la agradecemos. Porque aunque Félix Julio Alfonso haya manifestado, con justeza, que a pesar de sus dificultades la televisión cubana es muchísimo mejor que la de otros sitios del planeta, no es momento de dormirse en los laureles. Jorge Gómez expresó que al desafío de concebir una buena televisión se suma el de hacerla tan seductora “que le gane al paquete, a Youtube, a wifi, a los datos móviles”. Esta comentarista agrega, ¿será una utopía en las circunstancias actuales? Tal vez, pero o nos acercamos cuanto podamos a ese ideal, o nuestra TV corre el riesgo (no importa si es a mediano o a largo plazo) de quedarse hablando casi al vacío.


Tania Chappi

 
Tania Chappi