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Publicado el 14 Agosto, 2019 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

Un juego de presente que gobierna en pasado

Pero lo mejor del dominó es que en Cuba todos lo juegan. Si no están a la mesa, en reñida porfía, lo hacen por los alrededores, igual que los rebullones, a la espera de que una de las improvisadas parejas “muera en el combate”
Un juego de presente que nos gobierna en pasado.
¿El dominó? ¡También es Cuba!

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Casi siempre la primera ficha que enseña su superficie tallada o pintada con pequeñas marcas oscuras es el doble nueve, aunque los más avezados aseguran que el buen jugador calcula muy bien con cuál empezar, porque si bien quedarse con la “gorda” puede resultar fatal, a muchos les ha dado la victoria. Cuando eso ocurre se escucha a todo pulmón… ¡¡Capicúaaaaaaa!! Los rivales se miran, y solo atinan a exclamar: “¡Compadre –o comadre-, eres un reventa ’o!”.

No puedo explicar dónde está la magia del dominó. Muchas veces he pensado que lo envuelve el hechizo de su origen asiático –según dicen-, pero sí es muy real que nadie pasa indiferente por un lugar donde haya cuatro personas, bien “dando agua”, o colocando estrepitosamente las fichas sobre una mesa -no interesa si es la ideal o inventada-, en gesto que puede denotar ventaja, intimidación o una señal a la pareja del momento, indicándole que esa es la última que coloca con ese número; del resto, para neutralizar a los contrincantes, se tendrá que encargar.

Pero lo mejor del dominó es que en Cuba todos lo juegan. Si no están a la mesa, en reñida porfía, lo hacen por los alrededores, igual que los rebullones, a la espera de que una de las improvisadas parejas “muera en el combate”. Y no hace falta prepararse como para el carnaval o la Serie Nacional de Beisbol. ¡Qué va! Solo basta con la disposición de los jugadores. No importa si son cajones plásticos, bloques, piedras o las propias piernas de los “aficionados”. ¡En cualquier lugar es posible plantar! ¿Hora de terminar? ¡Nadie sabe! Se puede tornar casi infinito.

Así es ese juego de presente, que nos gobierna –a casi todos- en pasado: DOMINÓ


Irene Izquierdo

 
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