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Publicado el 24 Septiembre, 2019 por Jose Dos Santos en Cultura
 
 

YILIAN CAÑIZARES RUÍZ

Música cubana del alma

La joven cantante, violinista y compositora desea presentar el CD Aguas en su país
Música cubana del alma.

Su estilo refleja la variedad de sus influencias, con toques de jazz, música clásica y cubana, con un gran espacio dejado a la improvisación. (Foto: yiliancañizares.com).

Por JOSÉ DOS SANTOS L.

Sabía de ella por su voz y su violín en un cálido álbum, realizado con sus compatriotas Omar Sosa (al piano) e Inor Sotolongo con las percusiones, que tuve el privilegio de hacer llegar a los organizadores de Cubadisco y el honor de haber contribuido así a que fuera nominado, en la edición de 2019, en la categoría de canción contemporánea.

El porqué de su nombre, Aguas, me lo explica tiempo después, en una amena conversación. El título se debe a su diosa protectora, Ochún, cuyo instrumento ella toca, y al interés de hacer una reflexión ecológica sobre  la importancia del vital elemento para nuestro planeta. Ese fonograma nació de cuatro días consecutivos componiendo. Fue “la unión de dos mundos creativos conjuntos”, grabado en estudios de Italia.

Resumiendo esta tercera producción discográfica propia, Yilian afirmó que “la música de la grabación es resultado de un proceso en el cual compartimos sentimientos y visiones artísticas y humanas… Más que jazz o World Music es un disco de alma. Si el alma pudiera tener una categoría musical podría encajar allí”.

Historia y actualidad

Música cubana del alma.

Además de tocar el violín, canta en español, en yoruba y en francés. Fue considerada, por el semanario francés Le Nouvel Observateur, la revelación del año 2013. (Foto: J.D.S.).

Ella vive ahora en la ciudad suiza de Lausana, donde continuó sus estudios de violín clásico. Tiene como antecedentes haber estado en el grupo Meñique y en la Escuela Manuel Saumell. De aquellos tiempos recuerda con especial agradecimiento a su maestra María Álvarez Ríos, quien la inició “en el amor a la música y al escenario”.

También ha colocado en un alto pedestal a su padrino artístico, Luis Carbonell, el Acuarelista de la Poesía Antillana, a quien rinde homenaje en su disco Invocación. Él era amigo cercano de su abuela y la ayudó mucho a “saber qué significa ser artista, su responsabilidad, que va más allá de componer o tocar; es una manera de ver la vida, una forma de vivir”.

Después siguió recibiendo clases en el Conservatorio Amadeo Roldán y allí obtuvo una beca de estudio en Caracas. Era 1997. Luego, profesores suizos le sugirieron aspirar a becarse en aquel país, donde el rasero, como en casi toda Europa, es muy alto en música clásica. Al ser admitida, avanzó en el nivel medio superior, enfrentando limitaciones como no hablar el idioma. Salvó escollos y logró titularse con excelentes notas.

De aquel momento decisivo en su aún corta vida artística destaca que “la formación era maravillosa, pero al mismo tiempo empecé a extrañar la música cubana, no me veía en el camino de ser concertista clásico, en una orquesta”.

Decidió crear su primer grupo. Por esa época (2007-2008) el Festival de Montreux, uno de los mayores certámenes de jazz del mundo, se abrió excepcionalmente para las agrupaciones. Fue aceptada y, para su sorpresa, resultó finalista y ganó el premio del público.

El primero de sus fonogramas. (Foto: amazon.es).

A esa altura del relato hace énfasis en el papel que jugó el fundador de ese célebre festival, Claude Nobs, en el lanzamiento de su carrera como intérprete (una inédita combinación de violinista y cantante, además de compositora). Él le facilitó el acceso a cuantos conciertos y “descargas” (jam sessions) se realizaron en aquella oportunidad, lo que la nutrió de un caudal de experiencias y contactos decisivos para su futuro artístico.

Luego vendrían funciones y giras por muchos escenarios de Europa, Asia y América y la producción de sus primeros discos, con esos “armónicos superpuestos” que singularizaran su entrega musical. Nacieron así las grabaciones Ochumare (2013) e Invocación (2015), en las que logra una fusión impecable de jazz, cantos afro-caribeños, melodías venezolanas y estándares franceses.

Futuro

Cuando Yilian conversa sobre su carrera, pasa de manera muy rápida a hablar de lo que está gestando, como corresponde a una artista cuyo horizonte se expande constantemente. Ya trabaja en un cuarto disco, dedicado a una notable combinación de músicas, en particular la de Haití.

De ahí su título: Erzulie, una deidad por excelencia de ese ámbito caribeño, asociada con el amor y la belleza. Se grabaría con músicos cubanos, haitianos, africanos y de Nueva Orleans, explorando raíces y la herencia africana en el Caribe. Pensó incluir intérpretes de esa ciudad estadounidense porque tal localidad “para mí lo integra culturalmente”, lo cual explica que la diosa sea la patrona de la urbe, puntualiza.

Será de hecho el debut de su nueva formación: Yilian Cañizares and the Marrons –traducción inglesa de cimarrones, que refleja su admiración por aquellos rebeldes, antiesclavistas en su momento y  hoy encarnados en movimientos liberadores–, “reflejo de un carácter irreverente, de música sublevante”.

Música cubana del alma.

Varias presentaciones fuera de Cuba han servido para promover el disco Aguas, cuya portada recoge esta imagen. (Foto: parisglobalforum.org).

Igualmente habló con mucho entusiasmo sobre el concierto que realizó en el verano, junto a Chucho Valdés, en el Festival de Marciac, en Francia, a invitación del gran músico, otro entusiasta de la joven artista.

La gira veraniega incluyó otras actuaciones, con Omar Sosa. “El último concierto fue en Alemania, en un parque en Wuppertal lleno de esculturas, ¡pero con una lluvia! Pensé que el público se iba a ir. Ante mi gran sorpresa se quedaron dos horas debajo de sus sombrillas y chubasqueros para escuchar Aguas”, rememora.

Con Sosa, planea hacer un recorrido por Estados Unidos, en 2020, para presentar ese fonograma. Pero el brillo en sus chispeantes ojos se acentúa cuando sueña, en voz alta, con hacer lo mismo en Cuba. Estaría encantada de compartir con sus compatriotas lo que ha aprendido y abrevar, en su Isla, del desarrollo musical que se ha generado en los años de su ausencia.

A lo largo de toda la conversación, quizás sin proponérselo conscientemente, había adelantado el colofón del encuentro: Yilian Cañizares Ruiz es cubana y quiere seguir siendo cubana.

Música cubana del alma.

Foto: Foto: ecos-online.de


Jose Dos Santos

 
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