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Publicado el 26 Septiembre, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

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Telenovela, ¿el “encanto” perdido?

Herencia de una narrativa sentimental que se pierde en los anales del tiempo, el amor es tratado en el género televisual desde una matriz de amor-pasión, deseo-odio, que establece la dinámica en los elementos de la intriga y las peripecias de los personajes que conducen el sentido social de sus vidas
Telenovela, ¿el “encanto” perdido?

Más allá del límite, motivó ideas, reflexiones, el deseo de mantener la telenovela cubana en la pantalla para conocernos y re-conocernos sin pudor ni medias tintas. (Foto: cubasi.cu).

Por SAHILY TABARES

En todas las épocas y manifestaciones artísticas, disímiles temáticas que interesan al ser humano: historias pasionales, desencuentros, rupturas trágicas, se reconocen como claves del éxito. Herencia de una narrativa sentimental que se pierde en los anales del tiempo, el amor es tratado en el género televisual desde una matriz de amor-pasión, deseo-odio, que establece la dinámica en los elementos de la intriga y las peripecias de los personajes que conducen el sentido social de sus vidas.

No escapó a estos preceptos la telenovela Más allá del límite, en la que prevaleció la íntima añoranza de que se gocen y se sufran con intensidad los obstáculos, y que se defiendan la sinceridad de los sentimientos, las cualidades morales, de quienes llevaron adelante el relato. Pero este adoleció, entre otros aspectos, del fallido dominio de las situaciones dramáticas. Ellas deben obligar al personaje a usar todas sus posibilidades para que en el momento oportuno encuentre salida ante cada obstáculo. De lo contrario, según ocurrió en la puesta, se afectan el suspenso y algunos de los ingredientes requeridos para que la narración telenovelesca sea verosímil y seduzca a los públicos en cada capítulo.

Quizá el propósito del guionista, Joel Monzón, de abarcar conflictos familiares, problemáticas, circunstancias de diversa índole, se vio afectado por cierta tendencia “educativa” y edificante a toda costa que se les pide a las ficciones, sin pensar en su capacidad para revelar valores cuando logran atraer a los televidentes haciéndolos partícipes de la historia.

Sin duda, se puede ofrecer un banquete de emociones con un mínimo de información. Esta exigencia es esencial para el trabajo de actores y actrices, quienes no siempre estuvieron bien orientados para lograr la eficacia del efecto de organicidad que cada intérprete busca producir en el espectador. ¿Por qué la concepción del personaje-tipo de Beatriz (Laura Mora), la protagonista, mostró rasgos de una procacidad tendiente al mal gusto para transmitir dolores y añoranzas? En un mundo interconectado, si bien el medio televisual no es el único responsable del enriquecimiento cultural de los públicos, mucho puede hacer por él.

Transgresión y límite devienen nexos indisolubles, no existe uno sin el otro. Ambos nos desafían continuamente, se mantienen vigentes en la narrativa popular en defensa de un paradigma ético, los buenos casi siempre triunfan y los malos son sancionados. Al operar con analogías similares, la telenovela consumó este principio en el cierre.

No obstante, en el transcurso del relato hubo conflictos de sonido que distorsionaron la escucha, el disfrute de bocadillos; asimismo, esquemáticas proyecciones que afectaron el equilibrio y la calidad de algunas escenas, desajustes en las especialidades de maquillaje, peluquería, color, dirección de arte.

Aun así, se demostró que la humildad y la recreación artística brillan en cualquier contexto. La primera actriz Ofelia Núñez (Sonia), patentizó la capacidad excepcional de expresar lo íntimo, lo propio, desde un sentido humanista, sensorial.

En sentido general, hay que pensar en la estética de la telenovela, la cual exige un particular proceso creativo desde mucho antes del inicio del rodaje. El superobjetivo de la historia no puede trastocarse, este debe ser consecuente con la dramaturgia del relato –lo que se cuenta y cómo se cuenta– teniendo en cuenta la mediación entre las lógicas del sistema productivo y las lógicas culturales y sociales que atraviesan el consumo participativo de los medios, para satisfacer las expectativas de públicos cada vez más adiestrados en la recepción de propuestas audiovisuales.

La telenovela de ningún modo puede perder sus “encantos”. Es imprescindible tener presente que todo texto lleva implícita una teoría filosófica, la cual debe ser desentrañada al interpretar un corpus general. Incluso los más banales tienen una teoría implícita, exigen el análisis del sentido oculto en el relato.

Según dijo Jorge Luis Borges, “no hay otro modo de medir las cosas que por nuestra emoción ante ellas”. Más allá del límite, motivó ideas, reflexiones, el deseo de mantener la telenovela cubana en la pantalla para conocernos y re-conocernos sin pudor ni medias tintas. ¿O no?


Sahily Tabares

 
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