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Publicado el 14 Octubre, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: apetitos necesarios

El escenario audiovisual del siglo XXI se transformó debido a las tecnologías, contaminaciones estéticas, redes, pantallas, dada la avalancha de nuevos medios o experiencias interactivas que satisfacen las necesidades de la comunicación y del entretenimiento
AQUÍ, LA TV: apetitos necesarios.

Quizá poco se repara en el atractivo caudal de información que propone La otra mirada, que se transmite los lunes a las 10:00 p.m., por el Canal Educativo. Una de las personalidades cuya obra se ha reflejado en el espacio es el pintor neerlandés Vincent Willem van Gogh. (Foto: ngenespanol.com).

Por SAHILY TABARES

Sensibilizar a los públicos con las problemáticas más complejas de la sociedad es uno de los desafíos que afronta el medio televisual, este deviene escenario de producción y apropiación de significados, construcción de imaginarios e identidades dentro de los cuales lo educativo es una dimensión esencial, enaltecedora.

El escenario audiovisual del siglo XXI se transformó debido a las tecnologías, contaminaciones estéticas, redes, pantallas, dada la avalancha de nuevos medios o experiencias interactivas que satisfacen las necesidades de la comunicación y del entretenimiento.

Los valores culturales, éticos y estéticos no son contenidos por diseminar en cada programa, sino una práctica vital, la cual debe perdurar en la narrativa de la TV. Quizá poco se repara en el atractivo caudal de información que propone La otra mirada (lunes, CE, 10:00 p.m.). Ofrece testimonios, puntos de vista, valoraciones sobre creadores de las artes visuales del mundo. Lamentablemente, el horario de transmisión conspira contra captar audiencias mayoritarias.

En la Antigüedad los griegos desconocían los términos creación y creador, les bastaba con la palabra hacer. En la era de la comunicación cultural se transmiten conocimientos, innovaciones y rupturas, mediante la conflictiva experiencia de apropiaciones e invenciones de códigos y mensajes significantes, para espectadores diversos que no son pasivos, pues cambió la posición del destinatario y este logra sinergias con textos que se transmiten en dispositivos tecnológicos, conectan a usuarios interesados en intercambiar juegos participativos, series, cortos producidos en casa.

Urge despertar el apetito hacia programas, contenidos y formas creativas. A capella (jueves, CE, 6:30 p.m.) ha logrado seducir a generaciones interesadas en músicas, estéticas e interpretaciones de cantantes y conjuntos de allende los mares.

Nunca perdamos de vista los sinsabores que originan productos banales. A veces, la deficiente calidad de un espacio no depende de la precariedad de recursos, sino de la manera en la que se usan los disponibles. Por su carácter sonoro y visual, la TV nunca puede prescindir de historias, músicas, personajes, para crear atmósferas, contrastes, los cuales estructuran, condicionan, el desarrollo de relatos concebidos para la pantalla.

Como institución cultural, el medio tiene que propulsar ideas y riqueza sensorial; así rompe esquemas mentales que impiden el ejercicio de pensar, necesario, imprescindible, en esta época de tendencias a la recolonización cultural, al bocado de fácil deglución que va directo a computadoras, tabletas, teléfonos.

Guionistas y realizadores acuden a narraciones inspiradas en hechos y personajes reales, teniendo en cuenta que, con independencia de la selección del contenido, “la realidad siempre es imaginaria”, según refiere Eco.

Por eso no se puede simplificar el impacto de la televisión, su capacidad para persuadir mediante historias e imágenes, susceptibles de revelar conflictos, preocupaciones, a partir de la intencionalidad de los implicados en la creación colectiva.

Se impone seguir estudiando cómo llegar a los públicos. Trasladar una auténtica vida ficcional a la pantalla requiere defender la ilusión de verdad, con caracterizaciones, elencos adecuados, buceos en los mundos interiores de cada humano, sin obviar procedimientos textuales, los cuales le otorgan consistencia al relato, como le reclamamos a la vida sin pensar en obstáculos u otras barreras. Lo imaginado debe convencer en cualquier soporte, es decir, tiene que ser verdadero, trascendente, para conseguirlo luchamos, ¿o no?


Sahily Tabares

 
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