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Publicado el 4 Octubre, 2019 por Liset García Rodríguez en Cultura
 
 

El desenfado de un hereje confeso

Presentan libro de Iroel Sánchez, compilación de algunos de los artículos de su blog La pupila insomne, uno de los que en Cuba enfrenta la batalla contra la hegemonía imperial
El desenfado de un hereje confeso.

Fruto de la Editora Abril, fue presentado por su directora, Diana Lio Busquet, Mariela Castro, el profesor Ernesto Estévez y el presidente del ICAP, Fernando González, quien dijo que los textos de Iroel fueron parte de la artillería pesada útil a los 5 en la cárcel, para estar actualizados.

Por LISET GARCÍA

“Iroel es un autor incómodo, es un crítico agudo y ve lo que muchas veces no apreciamos a simple vista. Es tildado de extremista, pero si está en el bando de los desesperados, hay que militar ahí con él”. Así inició sus palabras de presentación del volumen Cuba frente al buen vecino la diputada Mariela Castro Espín en la tarde de este miércoles, amenazada con una lluvia que por suerte no llegó y permitió repletar la sala de la Casa de la Amistad de La Habana, entre quienes estaban el ministro de Cultura, Alpidio Alonso; el presidente de la UPEC, Ricardo Ronquillo, y Fernando González, presidente del ICAP, entre otros intelectuales.

El título, ya citado, y el subtítulo –Entre el contrato y la herejía– de este texto de Iroel Sánchez (la segunda compilación de artículos de su blog La pupila insomne) ofrecen pistas suficientes para que el lector no deseche la oportunidad de obtenerlo –cuesta 20 pesos, precio asequible– y leerlo para acaso entender mejor, como confesó la doctora Mariela, ciertos asuntos peliagudos de nuestra sociedad. Si no bastaran estos llamados de atención, el autor incluyó como exergo un párrafo de Fernando Martínez Heredia: “Estamos viviendo en Cuba un tiempo crucial de enfrentamiento cultural entre el socialismo y el capitalismo. Los que bregamos a favor de la victoria del socialismo estamos obligados a actuar acertadamente…”.

Es claro que las palabras tomadas de la obra del eminente ensayista dejan sin lugar las dudas acerca de que este libro depara una lectura de ideas, que estimulan el pensamiento y el debate en torno a lo que vive la nación, como parte de lo que enfrenta desde hace siglos en su batalla por ser, por existir.

En los capítulos “Encrucijadas cubanas”, “El buen vecino”, “Entre el contrato y la herejía”, “Herejes”, Sánchez profundiza en la ideología imperial y no desdeña citar textualmente a sus voceros, desde Milton Friedman, quien declara que para el neoliberalismo “lo básico es desarrollar alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable”, tácticas que puso en manos de grandes “demócratas” como Pinochet, Reagan, Thatcher, Yeltsin y muchos otros, y quisieran también poner en práctica en Cuba.

Los ensayos de Friedman alcanzaron predios chinos, y a ellos dio consejos antes de los sucesos de Tiananmén. Y apunta Iroel que un Tiananmén cubano sería con un pequeño detalle diferente: “los tanques en la calle terminarían siendo made in USA”.

Al reflexionar acerca de lo que sucede en esta Isla, tema que transversaliza las 253 páginas del libro, se cuestiona si le vamos a dejar al mercado todas las decisiones, como a veces parece que va a suceder, contrariamente a lo preceptuado, donde se ve como un instrumento útil, nunca sustituto de la política del Estado ni de la acción social. “¿Diremos en Cuba adiós a la movilización política para la promoción de una cultura del reciclaje y la salud? ¿No hacen falta acuerdos entre los CDR, la Organización de Pioneros y la Empresa de Recuperación de Materias Primas? ¿Todo lo resolverá el mercado? ¿Dejamos solo a las Direcciones de Servicios Comunales el cuidado del ornato público y la higiene colectiva? Basta asomarse al paisaje sucio y enyerbado que ofrecen no pocas esquinas de La Habana para ver lo bien que nos va”.

Y, persiguiendo otros entuertos –venta de manzanas a acaparadores incluidas– que dañan la sociedad, recuerda al Che y su pedido de pintar la Universidad de negro, de mulato, de obrero y de campesino. “El hecho –escribe el autor– de que mediante el fraude, como viene evidenciándose en los últimos años, algunos quieran volver a pintar la Universidad del color del dinero no es un síntoma aislado, sino prueba de la emergencia de quienes piensan que todo puede tener un precio, incluyendo la sanidad y la educación. Es el mismo espíritu actuando en realidades distintas el de quien vende lo que tiene a mano, ya sea un examen, una gestión pública o alcohol metílico, poniendo en peligro la salud ética y hasta la vida misma…”

Cita al primer secretario del Partido, Raúl Castro, cuando dijo que “como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia…”, palabras con las que Iroel calza la denuncia de hechos sucedidos, como la de una mujer vestida a la usanza de los esclavos africanos empujando un trapiche azucarero en Trinidad, para la diversión de los turistas: “una empresa estatal socialista reproduciendo el trabajo esclavo con seres humanos reales”, como si alguien necesitara alfabetizarse acerca de esa crueldad.

Pone al desnudo otros hechos como el de prohibir a periodistas la entrada a instalaciones para que no puedan ver y comunicar lo que sucede, cuando sacarlo a la luz facilita mejorar la gestión de esas entidades, propicia la participación ciudadana democrática y el control popular para solucionar problemas que nos afectan a todos.

En su repaso de tácticas y estrategias imperiales para derrocar la Revolución, el ensayista describe, analiza y también ironiza escenas como la de John Kerry en la inauguración de la embajada yanqui en La Habana, sobre el maletín que Google trajo a Cuba, y otros como ¿Obama en el Gran Teatro o el gran teatro de Obama en La Habana? Y Consejos para un buen Oporto, suerte de recetario para oportunistas, que aunque incluido en otro capítulo no se puede dejar de mencionar aquí.

El desenfado de un hereje confeso.

La cantautora Tanmy López Moreno recreó versos de Villena que son una oda a Cuba y a la poesía de la Revolución.

No faltan, por supuesto, artículos dedicados a Fidel, a Chávez, al propio Martínez Heredia, a Raúl Roa, y entrevistas que realizó a especialistas en varias materias, y a modo de epílogo aparece una que le hicieron a él, publicada en la revista Temas.

Como se afirma en la contracubierta de Cuba frente al buen vecino “la polémica es el entorno natural de Iroel Sánchez”. Él no se esconde ni lo disimula porque un escritor agudo no rehúye temas, ni los conflictos que provoca el diálogo cada vez que a alguien le interesa o le molesta lo que él analiza juntando todos los cabos posibles, con su pupila insomne, como le enseñó Rubén Martínez Villena. No es casualidad que tenga adversarios y seguidores.

Otra cualidad lo caracteriza, el desenfado, que no es solo perceptible viendo sus pantalones, que dan la impresión de ceder a la Ley de Gravedad, sino porque cuando aborda los temas lo hace con la paciencia de un orfebre, incansable juntando piezas, indetenible en su tejido de argumentos, siempre con los párpados abiertos a su Cuba y el anhelo sagrado de defenderla.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez