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Publicado el 28 Octubre, 2019 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

FESTIVAL DE TEATRO: presencia redimida

La puesta inaugural de la cita bienal de los teatristas foráneos y cubanos homenajeó la figura de un artista esencial para la cultura antillana
FESTIVAL DE TEATRO: Presencia redimida.

Un gran acierto es el trabajo de dirección de actores.

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Esta vez la cita bienal estuvo dedicada a la figura de Vicente Revuelta y fue más austera que sus ediciones precedentes, al presentar una reducida muestra nacional y foránea. Aunque no aspiró a marcar pautas en torno a las tendencias y/o estéticas coexistentes en el actual panorama local e internacional, asumió con acierto y consistencia una plataforma sustentada en tres pilares: Concepto, Técnica, Dirección, que le dieron unidad de conjunto al proyecto curatorial desde las jornadas iniciales.

Esa coherencia se percibió en la selección de la obra inaugural, que estuvo a cargo del colectivo Argos Teatro, liderado por el Premio Nacional de Teatro 2016, Carlos Celdrán, con la puesta en escena Misterios y pequeñas piezas, escrita y dirigida por el también pedagogo y presidente del comité cubano del Instituto Internacional de Teatro (ITI- por sus siglas en inglés).

Estrenada a finales de 2018, en la sede de la agrupación, en Ayestarán y 20 de Mayo, el montaje convida a justipreciar aquellos entuertos y fascinaciones que ensombrecen o animan al arte teatral y sus hacedores.

Como en Diez Millones, la anterior propuesta escénica del grupo, igualmente concebida por Celdrán, la obra retoma esos insospechados repliegues de la memoria, solo que ahora en Misterios… el director-dramaturgo desdeña el enfoque autobiográfico de la puesta precedente y, sin abandonar vivencias y delirios íntimos, reconstruye palmo a palmo lo que pudiera ser la historia de hombres y mujeres obsesionados con refrendar la creación escénica desde la impronta de quien instruye.

“La he escrito como otra novela de formación: un joven lucha por encontrar su lugar en el oficio que lo salvará y le permitirá entender, re-visitar, a sus maestros. Es una obra sobre los maestros y sobre el peso que su magisterio deja en nosotros”, ha suscrito Carlos Celdrán en las notas al programa.

Desde los primeros minutos el espectador advierte el personaje de un artista consagrado, hundido en sus desconciertos y frustraciones, también en sus glorias y evocaciones. Culto, reflexivo, apasionado, confiesa ante su psiquiatra la pesadumbre existencial que lo desuela y el alborozo que lo anima, en una mezcla de sensaciones, emociones, por momentos confusas, a veces delirantes.

FESTIVAL DE TEATRO: Presencia redimida.

El homosexualismo, la irrupción del SIDA y la necesidad de liberación espiritual por medio del arte, son algunas de las preocupaciones esenciales que se enuncian.

En el decurso, quien observa en la platea al protagonista va descubriendo al director teatral, al maestro que fuera Vicente Revuelta, en una amalgama de ficciones y recuerdos que, según el teatrólogo Omar Valiño, se refieren a la impresión y el deslumbramiento suscitados en el joven Celdrán, cuando apenas era un estudiante del Instituto Superior de Arte, a principios de los años 80.

Tal estremecimiento no solo conmovió al dramaturgo en su forma de asumir y comprender el teatro, también sacudió a toda una generación de discípulos que reconocieron en aquel ser humano a su mentor y más ferviente adepto del legado de Bertold Bretch, Konstantín Stanislavski y Jerzy Grotowski.

Minimalista en cuanto al diseño escenográfico (concebido por Omar Batista), en el montaje cada objeto en escena cumple una función primordial, en tanto apoya el sentido alegórico de las ideas y concepciones que la obra moviliza. Así, el público no avisado logra decodificar los pormenores del difícil acto de formar a un actor.

Desde una mirada filosófica a veces, otras con las asperezas impuestas por la época que se recrea, el relato entrelaza el impacto del maestro en la personalidad del discípulo con los prejuicios e incomprensiones de entonces; el homosexualismo, la irrupción de los primeros casos de SIDA en nuestro país y la necesidad de liberación espiritual por medio del arte, son algunas de las preocupaciones esenciales que se enuncian.

Diversas son las referencias y recursos simbólicos que ha manejado Celdrán para traer a nuestra realidad su particular visión de Vicente Revuelta; como también ha sido original la idea de representar la obra de muchos (pedagogos, maestros, guías) en el cuerpo de uno solo, al desasirse de los nombres propios para denominar a los personajes.

Un gran acierto es el trabajo de dirección de actores, ejemplar en toda la expresión del término, que develó un desempeño balanceado y coherente. En este rubro se destacan la excepcional caracterización de Caleb Casas como el director de teatro; la de Daniel Romero, al encarnar al personaje A, estudiante de teatro; y la de Waldo Franco como el psiquiatra.

“El azar y las precisas leyes hacen que Misterios y pequeñas piezas comience las celebraciones por los 90 años de Vicente Revuelta en este 2019“, ha escrito el crítico Omar Valiño, en la revista del Festival, sobre esta obra que intenta enaltecer la pasión por el teatro desde sus protagonistas y sus públicos.

FESTIVAL DE TEATRO: Presencia redimida.

Cada objeto en escena cumple una función primordial, en tanto apoya el sentido alegórico de las ideas y concepciones que la obra moviliza.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez