Los duendes de Hanna
Una muestra de ilustraciones, muchas de ellas concebidas para literatura infantil de la editorial Abril, puede verse en la sala Villena de la sede de la Uneac en La Habana
Más de veinte exposiciones personales y 47 colectivas acumula esta inquieta artista, nacida en 1973 de ancestros cubanos, ucranianos y polacos.
Por LISET GARCÍA
No hay ingenuidad en la obra de Hanna González Chomenko. El trazo exacto, expresivo y natural, que reúne las claves de un difícil género, la ilustración, a ella le nace como si lo hubiera aprehendido con facilidad. Al entregarlo, convence de que la ingenuidad está en los ojos de quienes se detienen a observar y encuentran enseguida el guiño, la invitación a seguir viendo, hasta descubrir que el siguiente dibujo también convida.
Es que los duendes de esta artista la han llevado por un camino que obliga a conquistar espacios sabiendo que los lectores del siglo XXI están influidos “por los nuevos lenguajes audiovisuales que han dado a la imagen en movimiento un protagonismo extraordinario”, por lo que se desvive pensando y haciendo en función de que la ilustración también sea protagonista –no un accesorio, ni ocasional, ni relleno–, que compita, llegue e incluso complazca a ese lector.
El desafío que Hanna G. Chomenko ha asumido es consciente y con responsabilidad mayor por la función educativa implícita del trabajo para esos públicos. Como escribió en la nota de presentación de la muestra que puede verse en la sala Villena de la Uneac, la ilustración para textos infantiles, como modalidad, es una de las más difíciles y complejas, porque se trata de lograr simplicidad sin ser simplista, ser claro sin ser obvio y estar a la altura de esa naturaleza lúdica e imaginativa de los niños”.
Quizás por eso sea un acto de injusticia subvalorar este género de la gráfica, que es arte, sin duda, y no mero acompañante de un texto, aunque esté muchas veces condenado a ser efímero si se publica en la prensa diaria. Esa razón no justifica que sean poco frecuentes las exposiciones de su especie, tan comprometida con el devenir de la nación cubana, y cuyos exponentes son tan virtuosos como otros de la plástica.
En la sala Villena de la Uneac se exhiben 42 ilustraciones realizadas por Hanna G. Chomenko con técnicas convencionales como la plumilla y la acuarela, y también fruto de lápiz óptico, tableta gráfica y digitalización de dibujos.
Ciertamente, y así lo aseguró la pintora y grabadora Lesbia Vent Dumois en la presentación de esta muestra de Chomenko, no es común inaugurar exposiciones de este corte, en la que se conciertan belleza e intención. “No es un género menor y debería tenerse más en cuenta. Ilustrar libros es importante, y si son para el público infantil no solo es importante, es especial”, dijo.
Vale pensar entonces que esta no es una muestra más, ni siquiera otra para engrosar la veintena de exposiciones personales que tiene en su haber Hanna G. Chomenko, graduada de la Academia de Artes San Alejandro. Sus inquietudes la llevarán a perseverar más allá de su obra plasmada en cubiertas y páginas interiores de libros para adultos y niños de diversas edades, de Abril y otras editoriales, porque ella refrenda el oficio de ilustrar y su activismo es social y cultural, “al servicio del contenido puntual de un texto, y para recrear y salvaguardar todo un imaginario colectivo que nos identifica como nación”.









Gracias a Liset García, a esa costumbre de andar siempre con la periodista alerta para ir a la carga por las causas nobles, se sensibilizarán otras almas e intelectos alertas. Ojalá se revierta en una revitalización y revalorización de la ilustración, por el bien de los jóvenes ilustradores que se están formando para que se motiven y quieran crear desde y para su patio. Sin hablar de que la educación estética y ética de nuestra infancia igualmente se beneficiará, lo cual es vital para nuestro desarrollo cultural como nación.
Estás en lo cierto, querida Hanna: durante años -el bloqueo y el período especial son los responsables- cayeron en un vacío muchas publicaciones que incluso dejaron de publicarse, haciendo una mella profunda en un sector de la población, en especial los niños. Editorial Abril sabe mucho de eso, y su público lector fue el principal afectado. Mi hija devoraba todo Zunzún, Pionero…, que llegaba a sus manos, y percibí lo importante que son esas publicaciones. Le ha quedado casi el vicio de consumir historietas, las que ha sustituido por las series mangas, que me parecen horrorosas. Pero a ella le gustan y no puedo hacer casi nada contra eso. Ir al teatro fue la salvación en sus primeros años, todos de período especial. Pero, obvio, no se puede hacer eso todos los días, y el tv y la compu están a su alcance siempre. Qué consume y cómo lo hace han sido parte de mis desvelos por ella. Y así seguro es en muchos hogares cubanos. El tema da para más, y también el de la producción de gráfica e ilustraciones, que es una materia que me apasiona y forma parte de mi tesis de Maestría. Gracias, otra vez.