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Publicado el 14 Octubre, 2019 por Liset García Rodríguez en Cultura
 
 

Oficio de Isla

Hasta el domingo 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, podrá verse la obra dirigida por el popular actor Osvaldo Doimeadiós, en la que recrea una historia de familia, y también familiar porque nos toca la piel y nos deja pensando
Oficio de Isla.

El cartel a la entrada de una de las naves del puerto, sirve también para orientar a los interesados en disfrutar Oficio de Isla, de martes a domingo a las 5:00 p.m.

Por LISET GARCÍA

No es difícil inquietarse frente a una puesta en escena a la que se llega solo sabiendo que está dirigida por Osvaldo Doimeadiós, en una sala de teatro que no lo es, dentro de lo que fue una nave del Puerto de La Habana. Una dirección imprecisa dicha por teléfono sirve de guía, algo así como un socorrido guajimapa: en la Avenida del Puerto, frente al parque que está al doblar a la izquierda pasando la Terminal de Trenes, en una edificación pintada de azul con dos torretas con tejas rojas. Allí, a las 5:00 p.m. de martes a domingo, quien asista seguro no se arrepiente de haber ido, aunque deba llegar a pie.

Oficio de Isla es el título de la obra a partir de Tengo una hija en Harvard, escrita por el cineasta y guionista Arturo Sotto, quien también actúa aquí, y bien, alternando con David Pereira en el personaje de Mr. John Power, uno de los protagonistas. Pero ese es tan solo el núcleo, porque hay más sobre el escenario, o lo que pudiera llamarse tal según la idea de Doimeadiós, novedosa no solo por su concepción espacial, sino por reunir ingredientes de la Cuba de 1900 –ocupada por Estados Unidos antes del nacimiento de la República neocolonial–, que saben a presente.

Oficio de Isla

La obra, con 10 presentaciones, entre el 10 y el 20 de octubre, es un canto a la cubanía auténtica.

Se agradece el disfrute de otra visualidad, de actuaciones logradas y convincentes, y un sonido que llena todos los espacios, además de otros elementos que llaman a pensar en un oficio que nos acompaña –o debería acompañarnos– siempre, el de no olvidar. “Cualquier tiempo es oportuno para rendir tributo a la tierra que nos acoge y distingue”, se lee en una nota del programa escrita por el crítico Eberto García Abreu, y tiene razón, toda la razón. Y en otra nota, el poeta y ensayista Víctor Fowler apunta que en el enfrentamiento entre Estados Unidos y Cuba, sutiles ambiciones expansionistas e intensa vocación de independencia y otras muchas cosas chocaron. Todavía se encuentran “lecciones, cuyo significado inquieta y sigue estremeciendo hoy lo mismo que entonces”.

Imposible e imperdonable sería contar la obra. Pero al menos hay que anotar el acierto de Doimeadiós al hallar y hacer coincidir a actores que quizás no habían estado juntos antes, a músicos de la Banda del municipio de Boyeros, y a los gaiteros de la Sociedad Artística Gallega, que tampoco habían compartido hasta ahora, en un todo mezclado donde también funcionan el humor y hasta una pieza del cantautor Silvio Rodríguez. Teatro bien hecho, para pensar en un país, para soñar y sentir.

Oficio de Isla.

En la Avenida del Puerto, en una de las naves ahora transformada en sala de teatro arena, buen destino para un sitio en desuso.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez