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Publicado el 27 Noviembre, 2019 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ARTES ESCÉNICAS

¿Amargas?, travestidas y lucidas lágrimas

Nueva temporada de la compañía Teatro El Público vuelve a movilizar a los habaneros y visitantes de paso
¿Amargas?, travestidas y lucidas lágrimas.

De izquierda a derecha, Fernando Hechavarría, Enmanuel Galbán y Yailene Sierra. La versión dramatúrgica de Norge Espinosa para Carlos Díaz y Teatro El Público pauta un margen de flexibilidad a la creación, a partir de lo cual los intérpretes de Petra construyen su particular visión del personaje.

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Foto: YURIS NÓRIDO

Carlos Díaz es uno de esos directores tocados por el virtuosismo de convertir cada montaje que se propone en resonante éxito, aun cuando el proyecto se presente en calidad de reposición. Y es que en su intensa capacidad de crear, se reinventa una y otra vez, a tono con las circunstancias y las generaciones, para repensar el presente desde un diálogo con todos los públicos, ya sean versados o principiantes.

Así ocurrió hace algunas semanas, cuando la sede del emblemático colectivo antillano liderada por él, la compañía Teatro El Público, volvió a repletarse de seguidores ávidos de reencontrarse con la reciente puesta en escena de Las amargas lágrimas de Petra von Kant, del alemán Rainer Werner Fassbinder (1945-1982), que tras poco más de una década de su estreno en Cuba por la agrupación, persiste en decodificar significados y ser otra en relación a su antecesora. Así lo advierte al paseante el cintillo: “Marcando la diferencia”, apenas imperceptible, dispuesto en la gigantografía desplegada a la entrada de la sala reabierta luego de una esperada y necesaria reparación.

Insertada en el programa colateral del pasado 18º Festival de Teatro de La Habana, esta invitación escénica –conocida para algunos y novedad para otros– cautivó por la coherencia y la maestría con que su director logró hacer de cada función un espectáculo único e irrepetible.

No es la primera vez que Carlos Díaz y la nómina que lo sigue y acompaña se adentran en el teatro alemán y en la obra de este agitado y polémico teutón. El montaje de Gotas de agua que caen sobre piedras calientes es una muestra de ello, presentada algún tiempo después de la accidentada primera temporada (2008) de Las amargas lágrimas… que, por razones de diversa índole y contrario al deseo de los espectadores, no alcanzó las siempre esperadas 100 funciones de la compañía.

Fassbinder fue un notable y versátil dramaturgo, director de cine, teatro y televisión, quien además, incursionó en la actuación, la producción y la dirección de fotografía de sus creaciones. Comenzó su activo camino en el arte a partir del universo del teatro; en apenas una década llegó a escribir, adaptar y/o dirigir más de una treintena de piezas.

Entre los textos dramáticos más importantes de su autoría se hallan El amor es más frío que la muerte, Mamá Kuster va al cielo, Querelle, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, que en 1972 se sumaría a su fértil, ingeniosa y controvertible filmografía.

A pesar de su corta existencia –murió con apenas 37 años– desarrolló sobre todo una exitosa carrera cinematográfica, fuertemente influenciada por el melodrama estadounidense presente en los filmes de Douglas Sirk.

Muchas de las películas de Fassbinder partieron de obras teatrales, escritas en su juventud y en las cuales reflejó a personajes de casi todos los estratos de la sociedad germana; por ello llegó a ser bautizado como el Balzac del cine alemán y hasta hoy día se le reconoce como uno de los más notables representantes del nuevo cine de su país.

Como en muchas de las puestas en escena de Carlos Díaz, este montaje de Las amargas lágrimas… no se aparta de los diversos referentes que conforman la identidad del ser cubano. Esa es una de las colosales virtudes de su quehacer teatral a la hora de asumir autores geográfica y culturalmente tan distantes.

Otro de los aciertos de esta obra es la perfecta integración entre el lenguaje escénico y la música de la década de los 70, en la voz de Martha Estrada, especialmente, y en versiones de temas antológicos de los Beatles. A esos detalles se suma la visualidad generada por una sugerente apropiación de la plástica, que otorga gran espectacularidad a la puesta a partir de los diseños de vestuario de Vladimir Cuenca; los escenográficos, de Robertiko Ramos y Rocío Castañedo; y los de luces, de Carlos Repilado.

A medio andar entre lo performativo y lo experimental se mueve esta propuesta que por momentos parece seguir la estructura de planos y secuencias de una película –quizá otro intencionado homenaje a Fassbinder–, y toca hondo en los sentidos del espectador desde múltiples recursos simbólicos.

El texto original del autor germano, para el cine y/o el teatro, fue concebido para personajes femeninos solamente. Ahora Díaz, rompiendo –una vez más con las convenciones– crea dos alternativas que conviven en la misma temporada: en una, Petra es una actriz y las féminas a su alrededor son en realidad hombres travestidos; en la otra, la protagonista es un hombre travestido rodeado de intérpretes mujeres. Ambas sugerencias exhiben un realce excepcional.

De extraordinarios pueden calificarse los desempeños actorales de Fernando Hechavarría, Enmanuel Galbán y Yailene Sierra en el personaje de Petra, cuyas caracterizaciones en sus muy personales estilos advierten la pasión y las intemperancias de una famosa diseñadora de modas seducida hasta el delirio por una ordinaria modelo.

Más que hurgar en las oquedades de la homosexualidad, la bisexualidad, y todas sus implicaciones en el plano social, familiar y cultural, el montaje de Carlos Díaz sugiere una mirada otra, diversa y perspicaz –a veces hasta velada– a distintas problemáticas o situaciones de la contemporaneidad del cubano.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez