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Publicado el 18 Noviembre, 2019 por ACN en Cultura
 
 

La Habana guarda estremecedoras historias de amor

Testigo a lo largo de su existencia de injusticias, conspiraciones, luchas independentistas, arrojo, conquistas, proyectos por un futuro mejor, ilusiones y esperanzas, la capital de todos los cubanos, la Ciudad Maravilla, atesora también estremecedoras historias de amor, algunas convertidas en leyendas, que bien vale la pena recordarlas porque forman parte del devenir de la urbe
La Habana guarda estremecedoras historias de amor.

Foto: acn.cu

Por MARITZA PADILLA VALDÉS

Acariciada por las aguas del Mar Caribe, con muros que guardan quién sabe cuántos secretos, bulliciosa, alegre, coqueta, inquieta, bella como la más adorable dama, inspiración de poetas y cantautores, admirada por visitantes y profundamente amada por su gente, La Habana acaba de llegar al medio milenio de vida.

Testigo a lo largo de su existencia de injusticias, conspiraciones, luchas independentistas, arrojo, conquistas, proyectos por un futuro mejor, ilusiones y esperanzas, la capital de todos los cubanos, la Ciudad Maravilla, atesora también estremecedoras historias de amor, algunas convertidas en leyendas, que bien vale la pena recordarlas porque forman parte del devenir de la urbe.

Es el caso de la pasión intensa surgida a primera vista un día del lejano 1905 entre la linda criolla Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, ambos pertenecientes a la alta sociedad habanera de la época.

Un amor limpio, sin fronteras, nació desde su primer encuentro, sólo que habrían de enfrentar un gran inconveniente, ante los prejuicios y tabúes de aquellos tiempos, panorama que los obligó a tomar decisiones audaces.

De acuerdo con relatos del sitio digital Biblioteca UH, la joven conocida por “La Maga Halagadora”, ganadora de concursos de belleza, muy admirada por sus grandes ojos azules, estaba casada desde 1898 con Luis Estévez Abreu, y como en Cuba la Ley del Divorcio no existía, se atrevió a pedir a su esposo la separación, pero sin éxito.

Y justo ahí comenzaron los valladares de la pareja, pues la prensa de entonces, entre ellos el famoso periódico “El fígaro”, se ensañó con los amantes; por las presiones sociales se abrió un expediente judicial contra Catalina y se dictó una orden de captura por bigamia, según la fuente.

Ellos se refugiaron secretamente en París, y según un artículo de La Jiribilla, la leyenda aduce que llegaron hasta Roma, consiguieron entrevistarse con el Papa, y el Pontífice anuló el matrimonio religioso e infeliz.

Se dice también que el presidente cubano Mario García Menocal aprobó en 1917 la Ley de Divorcio en Cuba y ese mismo año se registró la separación de Catalina de su primer esposo, casi estrenando la nueva disposición.

Juan Pedro Baró mandó a erigir para su esposa un palacete de impresionante arquitectura, para cuya construcción, se trajo arena del Nilo, mármol de Carrara, vitrales emplomados, cristal Lalique, entre otros detalles. En fin, todos los lujos y confort que merecía la mujer de su vida, inspiradora de una rosa con su nombre, que gozó de fama, relata la fuente.

Pero se suele decir que la felicidad nunca es completa. El palacete de 15 y Avenida Paseo, en la barriada capitalina de El Vedado, abrió sus puertas con bombo y platillos en 1926, pero ya enferma desde su estancia en París, Catalina murió en 1930.

Cuentan que su esposo quiso regalarle entonces un gran mausoleo para su descanso eterno, de tanta majestuosidad, lujo y fineza, que quien pasara por su frente, en la avenida central de la necrópolis de Colón, se veía obligado a detener la marcha para admirarlo.

En 1940 murió el amantísimo cónyuge, se selló la tumba, y comenzaron a tejerse nuevos mitos, uno de los cuales asegura que Juan Pedro fue sepultado de pie, para poder observar el descanso de su bella amada.

Mito o realidad conmueve la entrega de estos amantes, una de las tantas lindas historias de amor que seguramente guarda celosa entre sus muros, esquinas y calles La Habana, esa señora elegante y soñadora, orgullo de más de 11 millones de cubanos, que a sus 500 va por más. (ACN).


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