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Publicado el 10 Diciembre, 2019 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Entre niñas problemáticas e ilusiones perdidas

Excelentes cintas se han proyectado dentro del ciclo fílmico alemán programado en la 41ª edición del Festival de cine de La Habana
Entre niñas problemáticas e ilusiones perdidas.

Evelyn, interpretada por la actriz nacida en la RDA, Anne Kanis; y Adam, personificado por el actor austriaco Florian Teichtmeister, en el filme Adam y Evelyn de Andreas Goldstein. (Foto: Cortesía del Icaic).

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Cuando en 1959 Francoise Truffaut con Los 400 golpes reflejó cómo el mundo occidental, en plena bonanza económica, al pregonar como paradigma el feroz individualismo, destruía valores como el amor familiar y el espíritu de solidaridad.

Sesenta años después, aunque el neoliberalismo nos ofrezca vino enmohecido en odre nuevo, continúa existiendo la problemática de una niñez desamparada por unos padres que anteponen sus intereses personales a su responsabilidad como progenitores.

Al respecto trata Rompe estructura (Nora Fingscheidt, 2019), el multipremiado filme que ha producido una conmoción en diversos festivales del séptimo arte este año y que fue el título seleccionado para iniciar el ciclo alemán en el Festival de cine de La Habana

Bernie (interpretado magistralmente por la niña Helena Zengel, con alguna experiencia en el cine y la TV) es enviada a una casa de acogida por su madre, quien se justifica diciendo que le tiene miedo a su hija de nueve años.

La separación de sus dos hermanos y el rechazo materno hacen de Bernie un ser sumamente agresivo que no encaja en hogar de adopción alguno.

Al final, no se halla otra solución que enviarla a un centro para niños en Kenya. Lo que aprovecha la realizadora para rendirle homenaje a Truffaut y a Los 400 golpes.

Entre niñas problemáticas e ilusiones perdidas.

Helena Zengel, una promesa del cine alemán. (Foto: Cortesía del Icaic).

El rostro de perfil de Bernie, fijo ante la cámara, recuerda aquel momento en que Antoine Doinel, al verse detenido por el mar, mira desesperado a los espectadores, conocedor de que por mucho que corra, está atrapado en una sociedad en la que no encaja.

Adam y Evelyn (Adam und Evelyn, Andreas Goldstein, 2018) nada tiene que ver con el homónimo filme meloso made in Hollywood de 1948 protagonizado por Stewart Granger y Jean Simmons.

La trama se desarrolla en la extinta RDA, semanas antes de la caída del muro de Berlín. Evelyn, quien está embarazada, no sabe bien si de Adam o de otro, marcha a Austria con el fin de cruzar la frontera con la RFA y vivir en ese país.

Tras varios contratiempos, sorteando los intentos de estafa de ciudadanos austriacos que tratan de aprovecharse de su vulnerable condición de refugiados, logran llegar a la RFA.

Hay que admitir que los primeros 60 minutos de la cinta transcurrieron en un desesperante y lento ritmo que amodorró a los espectadores, quienes solo permanecieron en sus butacas para ver adonde Goldstein los llevaba en la trama.

La sorpresa vino con la llegada de Evelyn a la RFA: el filme tomó un segundo aire a partir de su interrogatorio por un funcionario policial federal, cuya ostentación de suspicacia y prepotencia le comienza a crear dudas sobre las bondades del “mundo libre” al que arribó.

El final es aplastante. Ella expone a Adam sus ilusiones de que, con la desaparición del campo socialista, surja un mundo unipolar sin guerras, donde los gobiernos inviertan en la salud, empleos y educación las millonarias sumas dedicadas a la carrera armamentista.

¿Se parecen en algo Alemania y el mundo de hoy a lo imaginado por Evelyn?


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García