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Publicado el 25 Diciembre, 2019 por ACN en Cultura
 
 

Tributo a Antonio Gades desde un frente guerrillero

Evocación a Antonio Gades desde un frente guerrillero.

Foto: acn.cu

Por MARÍA ANTONIA MEDINA TÉLLEZ
Foto: MIGUEL RUBIERA JUSTIZ

El último deseo del gran bailarín español  Antonio Gades (1936-2004) fue que sus restos descansaran en Cuba y así se cumplió: un monolito evoca al gran amigo en el Mausoleo del II Frente Oriental Frank País, en las montañas de la Sierra Cristal, de la provincia de Santiago de Cuba.

En el lateral derecho y cerca de la base de la montaña de Mícara, se erige el pedestal expresión de la esencia y raíz de su cultura flamenca y  del tablao que taconearon sus pies firmes por el mundo.

Como un retrato de toda la huella de Gades en su vida, dos botas negras de mármol que asemejan puro charol, relumbran en la verde vegetación y contrastan con las rojas califas cual metáfora de la sangre derramada por los combatientes de ese frente guerrillero.

Sobre un pedestal de jaspe en forma de cuchara de albañil en honor al oficio del padre, descansan los zapatos; detrás el monumento que asemeja una palma real trunca con las cenizas en su interior. Estas son las piezas principales del sencillo conjunto, detrás la jardinera plantada de rosas rojas y amarillas, delante una penca caída de ese árbol real debido a su muerte prematura.

El epitafio sobre el tronco cortado mantiene vivo el recuerdo: “Nunca me sentí un artista, sino un simple miliciano, vestido de verde olivo, con un fusil en la mano para dónde, cómo y cuándo siempre estar a sus órdenes”.

Y esa frase que honra al difunto fue la que escribió Gades el cinco de junio de 2004, cuando recibió de manos del Líder de la Revolución Fidel Castro la Orden José Martí.

La épica de las gestas libertarias cubanas lleva matices como éste que llegó desde Elda, Alicante, el suelo natal del ibérico.

El 28 de diciembre de 2003 llegó a la bahía de La Habana, puerto conocido por sus frecuentes visitas, tras casi dos meses de navegación junto a dos marineros alicantinos y un médico cubano, y ratificó a Cuba como el  puerto de su vida donde encontró la manera de mostrarse como hombre de compromiso y dignidad, amigo y combatiente leal.

Desde su existencia vale destacar su postura como defensor de las causas justas y que se declaró comunista e internacionalista.

Aquí, la altivez de las serranías y del monte con sus colores y alegorías que reverencia, también, al artista revolucionario y el ejemplo de quien en su tiempo reconoció  la justicia y honradez de la Revolución y su máximo Líder Fidel Castro. (ACN).


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