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Publicado el 23 Enero, 2020 por Giovanni Martinez en Cultura
 
 

El palacio de la historia

A 60 años de haber sido fundada, esta emblemática institución sociocultural se encuentra en proceso de restauración, pero mantiene sus puertas abiertas al público
El palacio de la historia.

Bien preservado en su urna cristalina, en el Memorial Granma, el trascendental yate cuenta su historia.

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Una crónica social publicada el 31 de enero de 1920 en el Diario de la Marina refirió: “Magna fiesta. El baile con que se inaugura mañana el nuevo Palacio de la Presidencia. Pasan de 1 600 las invitaciones que han sido hechas entre los principales elementos de nuestra sociedad. La orquesta del Sevilla es la encargada de llenar el programa de los bailables. El adorno floral de los salones, confiado al jardín El Fénix, será sencillo y elegante. Habrá plantas en profusión. Empezará el baile a las 10”.

Once años antes, en 1909, el general Ernesto Aubert, entonces gobernador de La Habana, decidió construir el majestuoso edificio para que acogiera a la nueva sede del Gobierno provincial. El proyecto fue realizado por los arquitectos Rodolfo Maruri y Paul Belau, cubano y belga respectivamente, mientras que la fase constructiva fue asumida por la General Contracting Company.

El palacio de la historia.

El conjunto escultórico dedicado a Camilo y Che figura entre los distintivos del lugar.

Mucho ha llovido desde aquellos días sobre el refinado inmueble, en el cual se fueron sucediendo acontecimientos políticos importantes para nuestro país. Así, aquella estructura de reluciente cúpula devino epicentro desde donde los gobiernos neocoloniales colmaron de sombras y angustias al pueblo cubano.

También allí, los jóvenes del Directorio Revolucionario de la FEU que dirigía José Antonio Echeverría, trataron de ajustarle cuentas al tirano en su propia madriguera y acabar con aquel régimen de oprobio. Aún hoy, las marmóreas paredes del otrora Palacio Presidencial, guardan las huellas del heroico asalto protagonizado el 13 de marzo de 1957.

A partir de la alborada de 1959 desde ese mismo edificio se irradió el Programa de la Revolución anunciado por Fidel en La historia me absolverá, bajo esos techos el Che laboró como ministro de Industrias y presidente del Banco, desde uno de los balcones Camilo ofreció su último discurso en La Habana.

La fundación oficial del Museo de la Revolución en ese emblemático espacio ocurrió el 12 de diciembre de 1959, por decreto del ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raúl Castro Ruz. Este hecho lo convirtió en una de las primeras instituciones culturales fundadas en la nueva etapa nacional.

No obstante, las primeras piezas que conformaban la colección del Museo comenzaron a exhibirse en el Castillo de San Salvador de la Punta y en la base del monumento a José Martí, en la Plaza de la Revolución, hasta que en 1974 pasó a radicar en la sede de la calle Refugio, entre Zulueta y Misiones, con la apertura de algunas salas. La principal colaboradora para alcanzar ese sueño fue Celia Sánchez Manduley, quien desde la Sierra Maestra tuvo el cuidado de conservar testimonios y objetos de interés que poco a poco fueron integrando la apreciable colección.

La historia contada por sus salas

El palacio de la historia.

Antes de que concluya el año deben estar terminados varios salones importantes del inmueble.

Pocos pueden evitar que la piel se le erice al recorrer los pasillos o subir por las escaleras del Museo de la Revolución. El misticismo del ambiente, el recuerdo, los objetos (documentos originales, fotografías, armas, maquetas) constituyen un boleto para viajar al pasado, desde el conocimiento.

La Cuba contemporánea –desde 1990 hasta la actualidad– tiene su exposición en la planta baja del edificio. Además, están recogidas las gestiones presidenciales de 1920 a 1965, y se describen las acciones del 13 de marzo.

En el primer piso el visitante puede conocer acerca de la Revolución triunfante, sobre todo en sus primeros años, y la escalada de agresiones imperialistas entre las que figuran la invasión a Playa Girón y la Crisis de Octubre. Se encuentran también el Salón de los Espejos, el Salón Dorado y la capilla. Igualmente, allí permanecen preservados el antiguo despacho presidencial y sus antesalas.

Mientras, en la segunda planta, se muestra la etapa de la Colonia, desde 1492 hasta 1898. Entre sus contenidos están detalladas las características de los aborígenes, el devenir de la sociedad colonial, la implantación de la esclavitud y las guerras por la independencia de 1868 y 1895.

En las áreas exteriores del edificio, en el patio, se hallan disímiles piezas vinculadas con la guerra de liberación y las batallas posteriores en defensa de la soberanía nacional. Pero sin duda sobresale entre ellas el yate Granma, el cual fue incautado y maltratado por las unidades navales de la dictadura tras su épico desembarco.

Cuando Fidel entró a La Habana, el 8 de enero de 1959, fue hasta Casablanca, en la bahía de La Habana, donde subsistió anclada la embarcación. Una vez rescatado, el Granma volvió a navegar como buque insigne de la Marina de Guerra Revolucionaria. En 1975 fue restaurado y colocado el 14 de noviembre del año siguiente en la urna donde permanece todavía. En su casa de cristal, bajo condiciones controladas de temperatura y humedad, perdura en excelente estado de preservación para referir su epopeya a cada nueva generación.

Manos al rescate del patrimonio

El palacio de la historia.

Entre las novedades el Museo contará con tecnologías de la información que aumenten el acceso al conocimiento, destaca su director José Andrés Pérez Quintana.

Inmensa es la historia que atesora el Museo de la Revolución –visitado 15 veces por el Comandante en Jefe y 12 por Raúl Castro– para dejarla escapar. Por eso, desde hace algunos años la instalación pasa por un proceso de restauración complejo que, una vez finalizado, la dejará tan resplandeciente como en sus inicios.

“Se trata de un edificio muy antiguo, pues se terminó en 1917, aunque no fue hasta el 20 cuando lo inauguraron. También su cercanía al mar hace que se deteriore más rápido. Si bien se hicieron reparaciones en diferentes momentos, nunca hubo una filosofía de restauración integral como ahora. Eso ha complicado las cosas, ya que no es lo mismo enmendar daños que restaurar”, señala José Andrés Pérez Quintana, director del Museo de la Revolución.

No obstante, agrega, a finales de este año deben quedar listos varios espacios importantes dentro del centro, como los salones Dorado, de los Espejos y de la Bandera, “este último llevaba más de 30 años clausurado”.

Una de las piezas más impactantes es la escultura de Che-Camilo. La combinación magistral de resina de vidrio y fibra de poliéster hacen imaginar al visitante que hay vida en los héroes, y parece que caminan entre las serranías. Sin embargo, el tiempo ha pasado factura también en esta área, por lo que se trabaja en nuevos cambios. Con el uso de tecnologías modernas se prevé incluir a personalidades de nuestra historia como Fidel y Almeida.

“El Museo en un futuro cercano incorporará tecnologías de la información, específicamente hologramas. En estos momentos tenemos grupos creativos que buscan modernizarlo, pues la idea es propiciar el diálogo de los visitantes con la exposición, pero sobre todo sin perder el equilibrio entre los valores patrimoniales del edificio, las bondades de las nuevas tecnologías y los tesoros de nuestra Revolución que serán expuestos.

“También restableceremos el centro de documentación donde las personas interesadas podrán auxiliarse igualmente de las nuevas tecnologías para encontrar diversidad de informaciones. Además, continuaremos generando actividades extras que tradicionalmente superan las 600 cada año entre proyectos culturales comunitarios, conciertos y peñas”, enfatiza el director del centro.

Nuestra historia no puede ser bloqueada, por lo que visitar el Museo de la Revolución, además de tomarse como un deleite o una opción recreativa para la familia en cualquier época del año, debe ser una obligación moral de cada cubano para conectarse con el devenir de su patria. Es esta una buena manera de fortalecer los conocimientos e identificarse con las luchas de varias generaciones, a las cuales debemos lo que somos hoy.

El palacio de la historia.

 

El valor de su patrimonio

El Museo de la Revolución es considerado una de las más importantes entidades de su tipo en el país, por la cantidad y el valor de su patrimonio, por lo abarcador de su exposición y por su labor sociocultural, histórica y política.

La treintena de salas son recorridas anualmente por más de 300 000 visitantes, casi la mitad de ellos son turistas procedentes fundamentalmente de Canadá, Estados Unidos, Argentina, España, entre otras naciones de Europa y América Latina. Tal afluencia lo convierte en uno de los sitios más visitados del país. Alrededor de 9 000 piezas forman parte de la vasta colección del recinto, que abre sus puertas desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

El Museo y el Memorial Granma fueron declarados Monumento Nacional en enero de 2010 y ostentan la Orden Félix Varela de Primer Grado, máxima condecoración cultural de nuestra nación.

El palacio de la historia.

Más de 200 000 extranjeros visitaron la institución el pasado año, a pesar de las obras constructivas.

 


Giovanni Martinez

 
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