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Publicado el 19 Febrero, 2020 por Giovanni Martinez en Cultura
 
 

Cánones de belleza

Contrastes en la pasarela

Algunas modas, tradicionales o no, persisten más allá de los modernismos y las imposiciones
Los bodi seleccionan cada año al hombre más gordo, quien en premio, puede escoger a la mujer que desee por esposa. (Foto: quo.es)

Los bodi seleccionan cada año al hombre más gordo, quien en premio, puede escoger a la mujer que desee por esposa. (Foto: quo.es)

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Muchos creen que lucir tatuajes, piercing, pelos radiantes y pantalones rotos sobrepasa los límites de la cordura humana. Pero más allá de la influencia sociocultural que pueda tener cada habitante del planeta Tierra, algunas tendencias son realmente más llamativas hacia un lado y otro de los océanos, sobreponiéndose a la frescura de los nuevos talantes que nos rodean o en otros casos emergiendo como única alternativa de presunción.

La moda africana, por ejemplo, siempre ha destacado por su belleza y colorido, y lleva décadas influyendo a los diseñadores más importantes de diferentes latitudes. Aunque por esos lares hay sociedades tan particulares que son capaces de romper todos los estereotipos conocidos y promocionados en el mundo de las modas.

Por más increíble que resulte, en el continente negro existen tribus que asumen la obesidad como sello de lo atractivo. Así ocurre en Mauritania, donde las mujeres son obligadas –y torturadas si se niegan– a pasar largo tiempo en granjas para ingerir cerca de 16 000 calorías diarias. Téngase en cuenta que ese consumo energético supera al de cualquier hombre fisiculturista. La práctica –conocida como leblouh– inicia a los cinco años de edad y se piensa que es una tradición heredada de los tuaregs (pueblo nómada que tuvo su núcleo originario en la región del Sahara).

Al otro extremo de la vasta masa continental se conservan alrededor de 50 tribus diferentes ancladas en modos de vida ancestrales. En la zona del valle del río Omo –declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1980– destaca especialmente un grupo debido a su curioso aspecto físico: los bodi de Etiopía. En este caso, a diferencia de las mauritanas, son los varones quienes se roban el show.

A pesar de que en las congregaciones vecinas los hombres son esbeltos y musculosos, los bodi consideran que la obesidad es sinónimo de prosperidad y riqueza. Para cebarse se alimentan con sangre de vaca mezclada con leche. Esa peculiar dieta que siguen durante un período de tres a seis meses, los hace duplicar y hasta triplicar su peso corporal. Las mujeres bodi, por el contrario, son célebres por su belleza, delgadez y aspecto delicado, lo que contrasta sobremanera con la protuberante grasa de los varones.

Dos kilogramos puede llegar a pesar un aro de los que componen la pieza metálica atributo de las padaung. (Foto: mundotkm.com)

Dos kilogramos puede llegar a pesar un aro de los que componen la pieza metálica atributo de las padaung. (Foto: mundotkm.com)

En Tailandia, sudeste de Asia, persiste una de las costumbres más antiguas y llamativas: el alargamiento del cuello. Es practicado por un grupo de mujeres conocidas como las padaung. Se desconoce a ciencia cierta el origen y la causa de esta moda instaurada por el grupo étnico kayan, aunque se cree que entre los objetivos iniciales estuvo protegerse de los tigres y también de los hombres de otras tribus, quienes podrían haber desistido de secuestrarlas por considerar que eran poco atractivas.

En la actualidad se sostiene que el cuello alargado es sinónimo de elegancia, y aun en Occidente se han encontrado casos como el de Sidney Smith, una joven estadounidense que lució 15 anillos durante cinco años de su vida, en contraste con las modas más comunes en este lado del mundo.

A pesar de que cada día son menos las mujeres que tienen cuello de jirafa en Tailandia, algunas se rehúsan a dejar en el olvido esta tradición, y relegan los daños que pueden causarle los aros en el organismo, como dolores y moho en la piel. Curiosamente, el cuello se ve más largo solo en apariencia, pues en realidad no sube, sino que el implemento metálico produce una presión constante en dirección opuesta, sobre la clavícula.

Modas como países

Algunas de estas asombrosas costumbres no se limitan a pequeñas concentraciones de pobladores, sino que abarcan países enteros. En Irán, por ejemplo, la mayor obsesión de las mujeres no es tener el cuello a lo padaung, sino “retocar” la nariz. Los persas se llevan la medalla de oro en un mundial de rinoplastias, especialmente las que se realizan para esconder el hueso que sobresale del dorso como una joroba.

Dichas intervenciones quirúrgicas probablemente se han hecho más populares entre las mujeres iraníes debido al uso obligatorio del hiyab –velo con el cual se cubren la cabeza– y por consecuencia, la nariz pasa a ocupar un papel importante a la hora de presumir. Pero las rinoplastias en Irán no se limitan al sexo femenino, pues en la actualidad cerca del 35 por ciento de los hombres se ha operado el órgano del olfato, según corroboran especialistas de la Salud en esa nación del Oriente Medio.

Las tayikas solteras tienen prohibido depilarse las cejas “buscanovios”. (Foto: blogs.lainformacion.com)

Las tayikas solteras tienen prohibido depilarse las cejas “buscanovios”. (Foto: blogs.lainformacion.com)

En Tayikistán, otro Estado de la misma región aunque menos popular, una moda –considerada de muy mal gusto estético en casi todo el mundo– brota literalmente como vellos sobre los ojos. Allí las mujeres solteras tienen prohibido depilarse las cejas, pues al hacerlo dan a entender que son casadas. Atendiendo a ese método, los mancebos no solo deben evaluar los modales femeninos; además deben atender a la “boscosidad” o “desertificación” superciliar, para decidirse a seducir o esquivar a una muchacha.

Si alguna tayika no tiene la suerte de nacer dotada de un buen “unicejo”, entonces se echa mano a un remedio popular. Este consiste en macerar una hierba llamada usma para preparar un mejunje que luego se aplica a lo largo de las cejas, cubriendo sobre todo el espacio entre ambas; se deja secar durante unos minutos y se repite la operación un par de veces. A fuerza de ese invento y de paciencia se consigue una ceja larga, negra y expresiva, la indicada para atraer pretendientes.

En los pueblos indígenas latinoamericanos el estereotipo de belleza ha permanecido intacto a lo largo de siglos. La lucha por la supervivencia de estas comunidades tiene como consecuencia que el ideal femenino sea el de una mujer fuerte que trabaja sin parar y se hace cargo de sus hijos. En cuanto a vestimenta, el objetivo siempre ha sido la asociación con los medios naturales que les rodean, por ello semillas, plumas y huesos resaltan como prendas.

Sisa Chango es una de las muchas modelos indígenas de la agencia ecuatoriana May Sumak. (Foto: maysumak.com)

Sisa Chango es una de las muchas modelos indígenas de la agencia ecuatoriana May Sumak. (Foto: maysumak.com)

Una muestra de esas tradiciones imperantes es May Sumak (en español significa “mujer hermosa”) una agencia de modelos indígenas surgida en Ecuador en 2012, que ha conseguido convertir la cultura de los pueblos nativos de esta nación en una industria; además de que promueve a las jóvenes de esos parajes para que se formen como modelos. El único requisito es que luzcan su vestimenta autóctona y los collares típicos, además de que deben hablar en quichua (el segundo idioma más hablado de la familia de las lenguas quechuas).

En el caso de las comunidades asentadas en la selva amazónica, no poseen una vestimenta específica. La razón se atribuye a la situación geográfica tan particular de esta zona. El traje utilizado en eventos folclóricos es una mixtura de rasgos de los países fronterizos, pero aún no está determinado como su ropa típica. Mujeres, hombres y niños se pintan el cuerpo con muchos colores y andan semidesnudos.

En Europa la tónica va dirigida mayormente a la búsqueda de la delgadez como estereotipo de belleza, que incluso llega a rozar con la obsesión, sobre todo en mujeres. Tanto es así, que muchas han caído en graves trastornos alimentarios como la anorexia.

El kilt: orgullo de los hombres escoceses que trasciende la cuestión de género. (Foto: almomento.mx)

El kilt: orgullo de los hombres escoceses que trasciende la cuestión de género. (Foto: almomento.mx)

Pero en Escocia no son las damas quienes protagonizan la moda. Las sayas que usan los hombres de esa isla son conocidas en todo el mundo por su estampado peculiar. Los colores se combinan entre rojo, negro, blanco o marrón, fundamentalmente. Kilt es el nombre de esa prenda típica que proviene de las zonas altas de esa nación perteneciente al Reino Unido. El clima en ese lugar es muy cambiante y suelen ocurrir lluvias torrenciales, por lo que el uso de la falda sustituyó un día a los pantalones, que normalmente se mojan en los bajos cuando llueve. Se dice que los verdaderos escoceses no deben usar nada bajo su kilt, es decir, que no llevan ropa interior. Roguemos entonces por que los aguaceros no vengan asociados a fuertes rachas de viento.

Sorprendentemente, el uso de saya por parte de los hombres ha ido tomando fuerza allende las fronteras escocesas. La Semana de la Moda de París, celebrada en 2019, confirmó esa tendencia. A decir de los diseñadores y modelos es el perfecto look veraniego, fresco y con estilo.

África a todo color

De vuelta en la cuna de la humanidad nos acercamos a una población que asemeja estatuas de arcilla. Los himba se untan una mezcla de hierbas, ocre y manteca, la cual, además de crear una apariencia única en su cuerpo y pelo, desprende un olor extremadamente fuerte.

Este es el único grupo de nativos en Namibia que aún conserva el estilo original de vida que tenía hace muchos siglos. Ante las duras condiciones climáticas de la región se habían mantenido relativamente aislados del exterior, pero las visitas de turistas son cada día más frecuentes, y poco a poco han recibido las influencias de elementos culturales foráneos.  De todas formas, no olvidan su distintivo tinte rojizo, que en esta cultura significa sangre y esencia de la vida. Además, ese revoltijo de componentes naturales funciona como protector solar.

La moda de los dassanech está apta para todas las edades. (Foto: culturacolectiva.com)

La moda de los dassanech está apta para todas las edades. (Foto: culturacolectiva.com)

Algo mucho más singular ocurre con los dassanech, grupo étnico que comparte el extenso valle del Omo con diversas tribus, como los ya aludidos y regordetes bodi. Desde esa región limítrofe entre Etiopía y Kenia parecen enviar algún tipo de mensaje. Los dassanech reciclan cualquier variedad de desechos de la llamada “civilización”, para confeccionar objetos de joyería y adornar sus cuerpos.

Lo que para nosotros puede ser basura, como un reloj sin pilas o las tapas de pomos y botellas, para ellos son verdaderos tesoros ornamentales y hasta aseguran que les trae buena suerte. A diferencia de otras tribus autóctonas, los dassanech, asentados en las riberas del lago Turkana, han permitido que el mundo “civilizado” se cuele en el suyo.

Lo cierto es que la belleza está en los ojos de quienes miran y poco podemos maldecir a nuestras prácticas extravagantes. Menos aún si las comparamos con las de estos parajes del mundo, al menos desde nuestra óptica. Eso sí, el valor agregado de mantener inamovibles esas costumbres se traduce en salvaguardar la identidad de los pueblos devenida en sus tradiciones. Apreciar esos tesoros sociales significa también defender la historia y el patrimonio universales, sin perder el “caché”.


Giovanni Martinez

 
Giovanni Martinez