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Publicado el 12 Marzo, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: desazón al pensar

El deseo, la pasión, el poder, las obsesiones, la búsqueda de la felicidad, el desamor, la lucha en favor de los ideales o el interés personal, lideran en una historia plagada de peripecias dramáticas para que los personajes-tipos no tengan salida, la busquen o empiecen a luchar contra los adversarios

AQUÍ, LA TV: desazón al pensarPor SAHILY TABARES

Al revisar nuestra conducta con la humildad de quien aprende a vivir cada día, en ocasiones somos protagonistas de relatos insospechados que nos colocan en situaciones límites o fragilidades emocionales cargadas de accidentes, las cuales nos motivan a reflexionar sobre composturas, asideros, zonas densas de la personalidad, del ser y el acontecer.

Lo consiguió la serie cubana Entrega, transmitida por Cubavisión, mediante una explícita filosofía: nadie es perfecto. La existencia puede complicarse en caminos tortuosos, inesperados, estos ponen en crisis el sentido de la responsabilidad, incluso el contundente peso de la conciencia. De ningún modo por azar, el personaje-tipo de Manuel (Ray Cruz), se pregunta: “¿Soy mejor maestro que hermano?”. Esta interrogante abrió otras de hondo calado ético y complejidades dramáticas, humanas.

El guionista Amílcar Salati y el director Alberto Luberta Martínez, junto con los equipos técnico y artístico, tensaron varias cuerdas, fueron conscientes de que en la parte sumergida del iceberg existen múltiples laceraciones, en estas predomina el desconcierto que origina certezas o soluciones de conflictos poco tratados en la ficción cubana, por ejemplo, colocar en la “balanza”, la familia y el trabajo, ¿a quién o qué prefiere el policía Héctor (Jorge Martínez)?

El deseo, la pasión, el poder, las obsesiones, la búsqueda de la felicidad, el desamor, la lucha en favor de los ideales o el interés personal, lideran en una historia plagada de peripecias dramáticas para que los personajes-tipos no tengan salida, la busquen o empiecen a luchar contra los adversarios. Esta concepción dramatúrgica refuerza el interés en el relato.

En el siglo XXI disímiles dramaturgias narrativas estructuran el tiempo, acuden a experiencias que cualquiera puede vivir para resignificar actitudes, angustias ocultas en el fuero interno; en esencia, provocan desazón al pensar. Entrega enuncia realidades posibles y confronta al espectador desde diferentes visiones en el plano ético-existencial.

No obstante, en algunos capítulos, ciertas impericias en la edición y la dirección de fotografía, la falta de prevalencia de la corrección del color como elemento dramático, afectan la expresividad de las imágenes.

El poder de observación de esta serie trasciende las confidencias íntimas, involucra lo que se habla en cualquier casa de vecino, entrega moralejas relacionadas con la conveniencia o no de adaptarnos a circunstancias y problemáticas. Ilustrativa en este sentido fue la escena de los primeros actores Verónica Lynn y Manuel Porto, quienes impresionan por la densidad emocional de gestos y palabras.

Nunca olvidemos, la importancia del lenguaje y de la cultura audiovisual; en un mundo en el que ocurren transformaciones a diario en el género ficcional, este demuestra que el arte de convencer no está solo en la singularidad del contenido, sino en la artisticidad de la forma y el conjunto de la puesta concebida para mantener bien despierto al espectador ante el placer del entretenimiento.

La percepción aguzada del director Luberta Martínez propició entender que no basta con plantear temas de interés social –como la corrupción o la doble moral–, ni tratar preocupaciones universales, las cuales permiten abordar algunas de nuestras particularidades, el arte audiovisual exige constantes actualizaciones.

Podría pensarse que estamos a medio camino entre la serie convencional y una nueva forma de asumir la telenovela, tránsito con sus propios derroteros; de hecho no renunciemos al melodrama, a su casualidad (la cual a veces parece estar “maldita”), sino continuemos incorporando el enriquecimiento de la sintaxis, de cómo se representa, habida cuenta de que el triunfo de la justicia y del amor mueven razones y condiciones del alma, en todas las épocas, en cualquier rincón del planeta.

Como bien patentiza esta puesta, la creación de expectativas, intrigas y suspenso, de un juego en el que lideran el reconocimiento y la identificación del televidente con lo que se cuenta, hasta considerarlo propio, siempre serán imperativos desde y ante la pantalla, sí, urgencias compartidas sin distinciones de edades, sexos. Hay que cautivar el alma, nutrir las ideas y el pensamiento. Se debe inquietar con organicidad y miradas penetrantes sin didactismo ni edulcoraciones.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares