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Publicado el 26 Marzo, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

AUDIOVISUAL

Oportuno homenaje

La TV rinde merecido tributo a Juan Padrón, Premio Nacional de Cine 2008, tras su reciente deceso con la reposición de uno de sus largometrajes
Oportuno homenaje.

Foto: cubasi.cu

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Casi siempre recordar la infancia trae a la memoria una amalgama de emociones dispares; nostalgia, por los que ya no están y placidez tal vez por aquel ingenuo ayer en el que nada preocupaba y la vida era solo eso: un juego muchachos.

Volver a ver el primer largometraje de Elpidio Valdés (1979), en el espacio cinematográfico De nuestra América (miércoles, Cubavisión, 10:00 a.m.) me devolvió recuerdos inesperados. Me trajo de vuelta a mi abuelo y mi madre justo el día en que me llevaron al cine Arenal a ver la película de un “tal” Juan Padrón, junto a la chiquillada de la cuadra.

Recordé con total claridad nuestras cabecitas alborozadas en la penumbra de aquel cinecito de barrio y las risas, las carcajadas, el desparpajo pueril ante tanto buen humor para explicarnos con sutileza y mucho tino, a nuestras cortas edades, quiénes somos y de dónde venimos.

Este miércoles, mirando la cinta junto a mis hijos de 9 y 12 años de edad, respectivamente, volví a gozar con las ocurrencias de Elpidio, María Silvia, el capitán Valdés, Media Cara, Resoples y hasta el sobrino Cetáceo. Solo lamenté que ya habían pasado muchas horas desde que la calabacita se despidiera.

De cualquier forma, el momento fue grato y de disfrute familiar. Me di cuenta de dónde habían surgido algunas frases que la sagacidad criolla y la costumbre incorporaron al gracejo popular para significar una u otra circunstancia.

Quién no ha usado la expresión “la están tirando con mausser” para señalar que situación se está poniendo difícil. O cuando un niño o niña es muy sagaz o astuto, el cartelito de “pillo o pilla manigüero (a)”, no hay manera de quitárselo de encima. Y si se quiere contener la lengua de alguien parlanchín, no falta un “¡Eutelia!” desaprobatorio.

Con los años varias generaciones de cubanos y cubanas aprendimos a querer y admirar a aquel “tal” hombre llamado Juan Padrón Blanco (1947-2020), matancero sensible y perspicaz. Descubrimos en él a un auténtico gestor de recursos simbólicos que excepcionalmente concibió un personaje icónico en nuestra cinematografía nacional y como nunca antes puso el género aventura en función de contar y exaltar nuestras gestas libertarias sin dejar de justipreciar lo más valioso de la cultura e identidad cubanas.

Este 24 de marzo cuando el más pillo de todos los pillos insurrectos mambises musitó un “hasta la vista, compay”, quienes nacimos en este archipiélago del Caribe heredamos  una riquísima filmografía repleta de personajes engrandecidos por la calidez y el humanismo que singularizan al ser cubano.

A casi 50 años de vida, Elpidio Valdés -el “patriota sin igual” como lo califica Silvio Rodríguez en la canción que acompaña la saga- deja su simiente de gracia extraordinaria y un acervo audiovisual sobre la historia patria, contada con absoluta originalidad y sencillez.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez