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Publicado el 2 Abril, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Ruinas de una historia reemergente

El Fondo Editorial de Casa de las Américas pone a disposición de los lectores una interesante novela en formato digital
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Ruinas de una historia reemergente.

Una narración de honda riqueza conceptual y sensorial. (Foto: lajiribilla.cu)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Las cenizas del Cóndor es una obra literaria histórica impactante y excepcionalmente demoledora. A lo largo de casi 700 páginas, el lector se mantiene todo el tiempo expectante, en tanto se regodea intentando desenredar la madeja de acontecimientos insólitos y, en ocasiones, reales que ha concebido el autor, Fernando Butazzoni (Uruguay, 1953), en un relato repleto de pasajes donde lo testimonial excede la ficción.

En la actualidad es una de las escasas novelas que se adentran con precisión en el modelo represivo conocido como Plan Cóndor, el cual arrasó con la vida de tantos jóvenes y devastó familias enteras. Sin duda, el volumen deviene referencia imprescindible para acercar a las nuevas generaciones a uno de los episodios más sombríos y aciagos de la historia reciente latinoamericana.

Puesta a consideración de los lectores cubanos en la actual edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, por medio de memorias flash, el relato está basado en un hecho verídico acaecido en el año 2000, mientras el escritor, también periodista y guionista, formaba parte del equipo de un programa radial, en el cual figuras de distintas tendencias políticas –entre ellas, el expresidente José Mujica– debatían sobre la dictadura militar en aquel país.

En uno de esos encuentros, Butazzoni recibió una llamada telefónica de alguien que revelaba conocer el sitio exacto de un enterramiento clandestino donde posiblemente reposaran algunas de las personas desaparecidas hasta entonces. Dicha confidencia le generó un estado de inquietud y expectación tal que motivó una investigación que abarcaría más de una década.

La intención inicial no fue escribir una novela, según declaró el autor en 2014, poco después de publicado el libro. Sin embargo, los hechos dispuestos sobre el tapete tras la revelación no le encajaron en ningún género periodístico, pues se imponía la necesidad imperiosa de esclarecer, explicar el escenario político, social e ideológico de la época; y a la vez, contar un relato que no redujera las circunstancias a lo bueno y lo malo, la perversidad y la bondad, a guerrilleros y represores, más bien se alzara como una historia humana que evidenciara y comprendiera a hombres y mujeres en sus complejidades y discordancias.

Desde muy joven Fernando Butazzoni se integró a los avatares políticos por medio de las luchas estudiantiles que se gestaban en los años 70. Por sus ideas radicales y la militancia al movimiento izquierdista tupamaros, sufrió exilio. En 1973 se radicó en Cuba, donde estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Oriente y al graduarse ejerció como profesor de enseñanza secundaria y guionista de radio en la ciudad de Holguín.

Poco más de un lustro después (1979) era uno de los insurgentes que entrarían victoriosos en la ciudad de Managua como parte del ejército de liberación nacional sandinista que derrocó la dictadura de Somasa. Con apenas 25 abriles, por su libro de cuentos Los días de nuestra sangre, ganó el Premio Casa de las Américas, institución cultural a la que sirvió como secretario de redacción de su órgano oficial, entre 1982 y 1983.

Ruinas de una historia reemergente Ruinas de una historia reemergente.

Durante años Fernando Butazzoni ha colaborado con Casa de las Américas. (Foto: emisoradelsur.uy).

Tras varios años expatriado, regresó a su tierra natal donde desarrolló una exitosa carrera periodística que se extendió a distintos países de la región. Hasta el presente ha continuado y persiste en refrendar la postura progresista que le caracteriza desde la etapa juvenil.

Durante la indagación, Fernando Butazzoni recabó datos hasta entonces velados e incluso, vetados por gobiernos considerados democráticos. Una de las más valiosas virtudes del libro es que ofrece argumentos certeros, bien fundados y sustentados por fuentes confiables, sobre el establecimiento de un esquema de represión (Plan Cóndor) en Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay mucho antes de que la historia oficialmente reconocida lo considerara como tal.

Sin el más mínimo gesto compasivo muestra las personalidades, insensateces y liviandades de cabecillas fascistas del continente y los vínculos con sus homólogos en Europa. Presenta a un Augusto Pinochet retorcido, contradictorio, lunático y creído omnipotente, como en verdad debió ser. Con lujo de detalles cuenta interioridades de sucesos que nunca antes se habían expuesto a la opinión pública de manera tan exacta.

De ese modo Butazzoni salda una deuda humana y de tributo hacia sus hermanos tupamaros. Al propio tiempo, la novela ayuda a las jóvenes generaciones a comprender ciertos fenómenos políticos e ideológicos que ahora mismo en muchos países del continente devienen ruinas peligrosamente en rebrote de una misma tradición de despojo y coloniaje que, desde hace más de 40 años, ultraja y avasalla a los pueblos.

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Roxana Rodríguez

 
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