1
Publicado el 4 Abril, 2020 por Jeiddy Martinez Armas en Cultura
 
 

ARTES PLÁSTICAS

Un artista original

Entrevista a un creador que desde su galería en La Habana Vieja ha hecho obras populares y participativas
Un artista original.

Obras de Leo D’Lázaro se han expuesto en importantes museos e instituciones dentro y fuera de Cuba.

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Fotos: Cortesía del entrevistado

Cuando entré por primera vez en El ojo del ciclón creía que estaba dentro de una obra pictórica. Podía ver de cerca cada color, luces y sombras en espacios perfectamente organizados. En el vórtice de la creación, Leo D’Lázaro.

Cerca de la calle Obispo se encuentra su galería. Tal vez el visitante entre y lo reciba otra persona, porque a Leonardo de Lázaro Cubillas no le alcanza el día, está casi todo el tiempo creando.

Debe ser por esa laboriosidad que, entre otros importantes reconocimientos, obtuvo en 1994 la Réplica del Machete de Máximo Gómez. Asimismo, su obra hipnotiza, conecta a la gente con el momento que está viviendo, por ser un arte real, interactivo y participativo.

Tras cumplir más de cinco décadas de vida, en esta entrevista exclusiva para BOHEMIA cuenta que desde pequeño tenía esa inquietud artística; además cómo ha podido conformar una obra tan prolífera y de qué manera se retroalimenta todo el tiempo del público.

–¿Cuál es su leitmotiv?

–El contacto con la realidad. Abrir mi galería, poder percibir esa luz que entra por la puerta y a la gente en su cotidianidad. Todo lo que pasa es impredecible, cada día vienen distintas personas a este espacio y entre ellas se establecen nuevas conexiones, ver ese espectáculo y sinergia es como asistir a una obra de teatro constante. El ojo del ciclón es como un gran cerebro, con una energía muy positiva.

–¿Cómo surge la galería?

Un artista original.

Sus manos de artista experto han creado obras de los materiales más insospechados.

–Hace 23 años, en el municipio de Playa, era un espacio a pocos metros de la costa, con un gran ventanal por donde observaba todos los días el agua, la naturaleza. Cuando los ciclones pasaban por La Habana, el mar entraba en el local y me traía cosas buenas.

“El nombre surgió un día que pintaba un cuadro, una especie de remolino en el cielo, abajo un diminuto mundo dentro de una manchita. En ese momento, en la radio recitaban un poema de Dulce María Loynaz, un fragmento decía: ‘el misterioso espacio donde hacen sonido los ciclones’. En ese instante me di cuenta de que ese lugar donde yo estaba era como un nido de huracán, entonces nombré al cuadro y a la galería El ojo del ciclón.

“Eso fue en 1997. Hoy este sitio es un laboratorio de arte, con forma de casa. En esta paz es donde creo. Aquí las personas llegan y se sienten como en su hogar, porque les pongo juegos artísticos con los que pueden interactuar y manifestar sus emociones reales. Si he avanzado en el proyecto es porque escucho la opinión de todo el mundo.

“Capto la realidad que me circunda mediante los distintos proyectos que confluyen en la galería, como el de tango, el shiatsu (masaje japonés curativo), talleres literarios, entre otros.

“Todo lo que conecta a las emociones de las personas es lo que yo busco, lo que rompa con esa incomunicación que tenemos ahora, por eso en la galería se investiga y se hace la arqueología del presente. En su interior me nutro y todo lo incorporo luego a la creación”.

–¿De qué modo has usado en tus obras el concepto de arqueología del presente?

Un artista original.

La originalidad de su obra demuestra que es posible ser un artista academicista y estar además en el gusto popular.

–Transformo objetos de la tecnología moderna en arqueológicos, como si cavara el presente a cada momento. Las primeras obras realizadas por mí con esa concepción fueron esculturas de piedra abiertas, en cuyo interior colocaba el cuerpo humano hecho con móviles, mandos de televisión, mouses, etcétera.

“La esencia de la arqueología del presente es que hacemos una historia constante que no termina nunca. Por eso debemos estar conscientes de lo que pasa a cada instante. Ha entrado mucha gente a la galería y me han dicho que parece un lugar histórico, sin yo decir nada al respecto.

“Los materiales que utilizo son la piedra, el cemento, el yeso; los colores: siena u ocre. Cualquier material sirve cuando uno tiene claro el concepto, lo que quiere hacer.

“Mi intención es vivir dentro del arte. He convertido muchos de los objetos que utilizo, como mi automóvil o hasta mi computadora, en obras, eso me permite disfrutarlos más. Lo más difícil es que sigan funcionando”.

–¿Es la galería un universo paralelo al real?

–No es un mundo onírico apartado de la cotidianidad, como el del surrealismo de Dalí, aunque busca en el inconsciente. Por ejemplo, una de mis obras se llama La Mónica Lisa y está formada por un pomo grande, un plato y un bombillo; es la Mona Lisa cubana, exprimiéndose el cerebro para ver si se le enciende el bombillo y descubre qué cocina.

“Uno de los momentos que más disfruto es cuando las personas interactúan con lo expuesto, porque entonces me doy cuenta de si realmente lo que yo hice es efectivo o ficticio. Los visitantes me dicen lo que sienten, observo sus gestos, cómo miran. Mi arte les entra por varios de los sentidos: oído, tacto, vista, olfato”.

–¿Por qué La Habana le inspira?

Un artista original.

Un espacio donde espontáneamente confluyen diversas manifestaciones artísticas, como un gran huracán.

–Como mi galería está en La Habana Vieja desde hace años, me encontré con la historicidad, con el patrimonio de esta ciudad y traspolé eso a mi obra. Fue lo que me permitió terminar de encontrar mi concepto artístico; de acuerdo con este, hace poco hice una obra que se inauguró en homenaje a los 500 años de la ciudad: dos adoquines y dentro de ellos un lente a través del cual se puede observar La Habana.

“Este contexto para mí es perfecto porque, además, es donde en la actualidad tienen lugar la mayoría de las exposiciones más importantes de Cuba”.

–¿Qué especialidad de las artes plásticas ha disfrutado más?

–En realidad, después de haberlas explorado todas, lo que más disfruto es poder reflejar algo a través de la herramienta que yo necesite en cada caso, ya sea si hago una escultura, una pintura, u obras donde está presente la fusión, la modalidad que más uso ahora.

“Cada vez que hago una obra, tiene ese objeto de la vida cotidiana, por ejemplo, fotografías que se mueven o una escultura que puede tener la imagen pegada en cemento. ¿Por qué la fotografía? Porque es lo inmediato, el presente, todo lo que va pasando la instantánea lo congela.

“Lo que pasa ahora mismo lo imprimo y hago un cuadro, porque esa instantánea al poco tiempo ya pasó, pero le pongo un espejo al cuadro y hace que esa imagen esté en eterno presente, porque estoy todo el tiempo trabajando en encontrarlo, no retenerlo. Hay maneras muy interesantes de hacerlo en este laboratorio de arte”.

 

Restauración del busto de José Martí

Un artista original.“No fue complicado. Cuando me dijeron cómo lo habían manchado con sangre, enseguida pensé en una solución acorde con el material que debía restaurar.

“Me sentí muy bien por llegar a BOHEMIA y poder recuperar esa obra de mi padre, José Delarra, que se había inaugurado en 1984. Fue gratificante trabajar con las personas de la revista. Laboré con muchos deseos, lo disfruté. La primera pintura que le di al busto fue impermeabilizante de techo de color rojo, después asfaltil y luego polvo dorado. Así cobró más vitalidad”.

 


Jeiddy Martinez Armas

 
Jeiddy Martinez Armas