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Publicado el 8 Mayo, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

MIGUEL MATAMOROS

Impronta de savia antillana

A propósito del aniversario 126 del insigne músico cubano, BOHEMIA se acerca a su vida y obra
Impronta de savia antillana

Excepcionales aptitudes musicales exhibió Miguel Matamoros. (Foto: cadenahabana.icrt.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Luego de una trasnochada de etílico goce, quién no ha rematado la velada canturreando –a coro y sin “justo encono”– sobre la decepción amorosa de uno que a puro llanto furtivo derrama “lágrimas negras”. Quién no ha reparado en cómo camina la mujer de Antonio o en que si los cantantes son de la loma ¿por qué cantan en el llano?

Sin duda, son joyas del acervo musical de la mayor de las Antillas, redimidas del tiempo por varias generaciones e inscritas con el sello indeleble de Miguel Matamoros (1894-1971), prolífico músico y compositor antillano, nacido un día como hoy –8 de mayo–, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

Quizá por coincidencia histórica u obstinada voluntad, en similar fecha, pero 31 años después, el notable artista fundó la legendaria agrupación que se convirtiera en uno de los paradigmas de nuestra música: el trío Matamoros. Aunque en su debut respondía a otro nombre, sí desde los inicios lo integraron, además, Rafael Cueto y Siro Rodríguez. Luego el grupo derivó hacia otros formatos sonoros como el cuarteto, el septeto, el conjunto y hasta llegó a abarcar la composición de una orquesta.

Chofer de un acaudalado magnate cubano era el líder y precursor de la agrupación en los comienzos de su carrera artística. Junto con sus excepcionales aptitudes musicales, su aguzada intuición comercial lo llevó a comprender tempranamente que para no perecer en el olvido debían sonar en las vitrolas.

Dos años transcurrieron desde el debut del trío en La Habana hasta que pudieron grabar el primer fonograma con la firma Victor, casualmente también un día de mayo –el 28, de 1928–, en la ciudad de Nueva Jersey, en los Estados Unidos.

Apunta Cristóbal Díaz Ayala, en la Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana, que el director del estudio cuestionó el nombre de la alineación, entonces llamada Trío Oriental; según alegaba el empresario, ya existían otros conjuntos (un trío y un cuarteto) con igual designación, de manera que los “principiantes” debieron tomar una decisión definitoria sobre su identidad y se decidieron por el apellido de su artífice: Matamoros.

Impronta de savia antillana

Con su fonograma para la firma Víctor, en mayo de 1928, el trío alcanzó un récord de ventas. (Foto: habanaradio.cu)

Varios temas antológicos se incluyeron en aquel disco, cuyo récord de ventas para ese año (1928) alcanzó las sesenta mil copias. A lo largo de cuatro décadas, las voces y el ritmo de estos talentosos músicos devinieron embajadores de nuestras melodías en países de todos los continentes del orbe.

En el decurso de su existencia la agrupación logró registrar más de un centenar de grabaciones, muchas de ellas enriquecidas por el acompañamiento de prestigiosos vocalistas como Benny Moré y Carlos Embale.

Si bien la mayoría de las composiciones se atribuyen a la autoría de Miguel (exactamente, 252 obras), Siro y Cueto –aunque en menor medida– contribuyeron al repertorio, el cual exhibe valiosos aportes a la música popular cubana.

Al ingenio de estos extraordinarios artistas se deben cadenciosas fusiones entre el bolero y el son, cargadas de un montuno perfectamente bailable; o entre la trova y el son, como la celebérrima Lágrimas negras, sin la que, tal vez, no pueda sellarse ni la más atildada de las fiestas cubanas.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez