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Publicado el 16 Mayo, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

Riesgoso juego con la ética

En el panorama audiovisual, múltiples series estadounidenses tratan sobre mundos oprobiosos liderados por mercaderes de la medicina
Riesgoso juego con la ética.

La lucha entre el bien y el mal coloca en la mira principios y actitudes de amplias connotaciones en la justicia social, la verdad y la salud. (Foto: lovingseries).

Por SAHILY TABARES

Las nuevas prácticas de uso del medio televisual y la digitalización indican acelerados cambios en las audiencias, los de menos edad pasan del consumo lineal hacia celulares, tablets, computadoras, y mediante el uso de las redes sociales las personas dejan de ser pasivas para convertirse en productoras-difusoras o productoras-consumidoras de audiovisuales diversos sin límites de géneros, formatos, narrativas y estéticas.

En la actualidad, el auge de la COVID-19 genera múltiples exigencias desde la recepción, las mayorías demandan información, entretenimiento, pasarla bien ante la pantalla tradicional. Esta debe “responder” a dichas necesidades, de lo contrario la balanza se inclina hacia la búsqueda en el “paquete” de telenovelas turcas, seriales de violencia, sexo, bocados de fácil deglución (aunque no todas las propuestas del “envío” son primarias y edulcoradas).

En ninguna circunstancia puede simplificarse el impacto de la TV, su capacidad de persuasión en el espacio íntimo al socializar discursos e imágenes susceptibles de revelar conflictos, enfrentamientos y problemáticas universales.

Sensibilizar a los públicos con los asuntos más complejos de las sociedades es uno de los tantos desafíos que afrontan guionistas y realizadores, pues la pantalla hogareña lidera como escenario de producción y apropiación de significados, construcciones de imaginarios e identidades, dentro de ellos, lo educativo es una dimensión enaltecedora.

Los valores culturales, estéticos y éticos no son contenidos por diseminar en cada programa, sino una práctica, la cual debe perdurar en la narrativa televisiva de manera atractiva.

Constantemente los ponen en juego algunas series estadounidenses. Por ejemplo, El residente (Multivisión, lunes, miércoles, viernes, 9:30 p.m.) coloca en la mira mundos oprobiosos manipulados por mercaderes de la medicina. La lucha entre el bien y el mal tiene derroteros que coloca en la mira cuestiones de principios y actitudes de amplias connotaciones en la justicia social, la verdad y la salud.

Nunca olvidemos, el personaje es la fuerza motriz de la ficción. Caracterizarlo constituye un arte complejo: qué dice, cómo lo dice, para quién lo dice. La personalidad humana, en tanto misterio, está sujeta a disímiles fuerzas y contratiempos.

Esta esencia dramatúrgica se asume en un producto de alta teleaudiencia, la puesta Boston legal (Cubavisión, martes, miércoles, jueves, 3:15 p.m.). Lamentablemente ocupa un segmento dedicado a la niñez en el horario vespertino. Ninguno de los capítulos monotemáticos, dedicados a los públicos adultos, es inocente. Situaciones límites, rivalidades, venganzas, frustraciones, responden a una cadena de acciones bien diseñada en beneficio del avance de la trama.

De ningún modo Boston… plantea un divertimento a ultranza, la denotación en el plano ético “habla” crudamente a los públicos, solo hay que estar atentos. Testigos débiles, comportamientos inadecuados, luchas por el poder, subyacen en situaciones sobrecogedoras al concretar una justicia ciega.

La serie no descubre ni expone verdades absolutas ni valoraciones objetivas e irrefutables, señala áreas de sombras, falsedades. Al parecer, los integrantes del equipo de realización tratan de estimular la recepción ingeniosa para incomodar a quien se instale ante la pantalla sin el ánimo de reflexionar. Dominan un principio dramatúrgico esencial: trasladar una auténtica vida ficcional a la TV reclama la defensa de la verdad artística con elencos adecuados, caracterizaciones y sólidas estructuras que le otorguen consistencia al relato.

En la era de la comunicación cultural se transmiten conocimientos, rupturas e innovaciones mediante la conflictiva experiencia de apropiaciones e invenciones de códigos y mensajes para espectadores diversos.

Diferentes vías propician entender la TV actual, es preciso tener conciencia de referentes comparativos con los cuales la producción nacional queda emplazada ante los ojos de las mayorías. En el siglo XXI siguen vigentes la creación de expectativas, suspensos e intrigas, una confrontación en la que prevalece el reconocimiento y la identificación del humano con lo que cuenta la historia hasta considerarla propia.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares