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Publicado el 7 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

CÉSAR PORTILLO DE LA LUZ

Vivir y cantar con sentimiento

Poseía un nivel cultural impresionante. Sus compañeros consideraban una enciclopedia viva de la música cubana a este hombre cuyo deceso ocurrió en un mes de mayo
Vivir y cantar con sentimiento.

Recibió la medalla Agustín Lara, otorgada por México, durante el 24º Festival Internacional Boleros de Oro, en junio de 2012. (Foto: cubasi.cu).

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Una vez, apenas bajó del escenario, me le acerqué para felicitarlo: había recibido la medalla Agustín Lara, otorgada por México, durante el 24º Festival Internacional Boleros de Oro, en junio de 2012. Fue uno de los últimos homenajes públicos a Portillo. Falleció el 4 de mayo de 2013.

Recuerdo que el maestro me prodigó una sonrisa limpia y con una energía casi impensable para alguien de 90 años de edad me repitió lo que tantas veces decía: “Me debo a ustedes, el pueblo es quien me ha sustentado”. Le agradecí por la pasión de su vida; y me confesó: “¿Qué sería del latir sin el sentimiento?” Comenté: “Entonces, maestro, vivir es como el filin”. “Exacto, lo que con más garra”, ripostó con esa expresión de felicidad tan suya.

La anécdota la vuelvo a traer a seis años de su muerte, en esta deferencia de BOHEMIA hacia uno de nuestros compositores más universales de todos los tiempos. Muchos han sido los interpretes de sus obras: Nat King Cole, Pedro Infante, José José, Lucho Gatica, Luis Miguel, Plácido Domingo, Christina Aguilera, Caetano Veloso, María Bethania, y hasta la Orquesta Sinfónica de Londres ha glosado sus piezas.

El alma del bolero

César Portillo de la Luz no se conformó solo con crear bellas canciones, sino que incursionó en otra manera de hacer el género bolero; así surgió el filin (del inglés feeling: sentimiento), influenciado armónicamente por el Jazz y hasta por la música de concierto. Al compositor de Noche cubana, Tú mi delirio y Contigo en la distancia se le escuchó afirmar que se había inspirado también en las piezas del músico impresionista francés, de finales del siglo XIX, Claude Debussy.

Y eso habla sobre su extensa cultura. Por ello trascendió la cubanidad para convertirse en ícono de ilustración de altos quilates. En el cabaret Pico Blanco nació una estética interpretativa que marcó la diferencia en el pentagrama sonoro de la Mayor de las Antillas. Al lado de José Antonio Méndez, Ñico Rojas, Rosendo Ruiz (hijo), Aida Diestro y Elena Burke, Portillo coquetea con la canción trovadoresca cubana, lo cual le permite un diálogo de gran alcance con el público a través de la emoción.

Fue ejemplo de consagración hasta el final. Supo ser auténtico, humilde y talentoso, característica cultivada y desplegada en el virtuosismo de una guitarra popular, aunque muy culta. De ahí que sus composiciones traspasaran los límites nacionales para insertarse, además, en bandas sonoras de más de cien filmes.

Vivir y cantar con sentimiento.

Ha trascendido por el virtuosismo de su guitarra. (Foto: encaribe.org).

Nació en Marianao, La Habana, el 31 de octubre de 1922, y es tenido por un compositor cuyos textos se distinguen por una profunda elaboración poética, amplio sentido armónico y líneas melódicas de vasta riqueza. Se inició en el canto a los 19 años y estuvo calentando la voz hasta la aciaga tarde de su fallecimiento.

Su labor se hace relevante dentro del ambiente trovadoresco, entre 1940 y 1950. Desde esa época solía presentarse en centros nocturnos y famosos cabarets de la capital como el Gato Tuerto, Sans-Souci y el Pico Blanco.

El sitio digital Ecured destaca un texto de Helio Orovio en el cual se pondera la sencillez del artista: “Cuando Portillo escribe Contigo en la distancia, en 1946, ya había alcanzado un nivel importante, esta canción marca el principio de su vida profesional y de una personalidad particular desde el punto de vista estilístico en el quehacer compositivo, es una canción que escribió cuando tenía 24 años, una edad en la que en la vida del hombre todo se expresa con vitalidad, con fuerza, con pasión. Cuando la hizo no tenía intención de vivir de la música. Hacía música porque era una necesidad particular, sin aspirar a sacarle ningún beneficio económico, ya que en aquel tiempo vivía de sus trabajos como pintor de brocha gorda y de las clases de guitarra”.

El propio Portillo confesaría en la prensa nacional, respecto a ese tema tan gustado del cancionero mundial, que al tratar sobre una vivencia tan universal, tan común, “se convirtió en una canción de todos”.

Cubano leal

Mundialmente conocidas son las fotografías donde aparece con el instrumento de cuerda en la mano, herramienta con la que aseguraba: “protejo a nuestro país contra los bárbaros”, en alusión al mal gusto y la chabacanería. No en balde era considerado un gentleman. Lució su elegancia y buen hacer incluso en clubes nocturnos de finales del siglo XX.

La reconocida compositora Marta Valdés ha dicho que “cada una de las propuestas en la guitarra de César Portillo de la Luz se diferencia de cualquier otra suya o ajena. Ya se trate de la canción libre o aquella expresada en el aire rítmico conocido como ‘slow’ en la jerga de la música popular, ya se trate de sus incursiones en el son, el cha cha chá o cualquier otra variante de cuantas han conseguido delinear el contorno finísimo de su catálogo, todas garantizan al oído fino esa gratificante noción de estilo que, con tanta frecuencia, se desvanece o cae al vacío total, motivada por el conformismo que las fórmulas de mercado se esmeran en imponer”.

Surgió de las capas más humildes de la sociedad, creció en una familia amante de lo más autóctono de la música cubana, así como de las tradiciones esenciales. Se distinguió, además, por ser un artista comprometido con su país.

En uno de los textos dedicados a su memoria, a raíz de la muerte del renombrado bolerista, el crítico de arte y periodista Pedro de la Hoz escribió en Granma que “al triunfar la Revolución, César Portillo ya tenía una obra consolidada. No le faltaron ofertas económicamente atractivas. Pero para quien siempre había simpatizado con la izquierda, los nuevos tiempos de la Patria representaban una oportunidad de realización colectiva en la que su individualidad tenía mucho que aportar. No se trataba únicamente de la dignificación del trabajo artístico, sino de la de todos los cubanos.

“Así lo entendió un hombre que experimentó un notable crecimiento intelectual a partir de la década de los 60, en los que se contó entre los fundadores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) —mano a mano con su amigo Nicolás Guillén—, estudió Filosofía y Economía Política, colaboró con el movimiento obrero y representó a Cuba en diversos escenarios internacionales”.

Vivir y cantar con sentimiento.

Fue un apasionado defensor de la Revolución y le dedicó sabias palabras desde los predios de la Uneac. (ARCHIVO BOHEMIA).

Su personalidad vibrante encontró asidero en el ambiente de la Uneac, donde fue muy respetado por su afiliación apasionada hacia la Revolución, la que defendió con sabias palabras. Lino Betancourt, periodista y musicógrafo cubano señaló que los “temas de César son inmortales y rebasan las fronteras de Cuba, son canciones internacionales. Lo recuerdo, añadió, no sólo por sus piezas, sino por sus intervenciones en asambleas de intelectuales y artistas. Cuando pedía la palabra nosotros estábamos atentos a sus precisiones, siempre tenían mucho fundamento. No solo era un eminente compositor, sino también un tremendo polemista”.

Por su parte, el director de la Orquesta Sinfónica Nacional, Enrique Pérez Mesa, ha sostenido una muy buena opinión del genial autor: “Era uno de los grandes de la música cubana, como creador, ser humano e indiscutible artista. Tuve el privilegio de trabajar junto a él y cada vez que conversábamos me daba cuenta de que poseía un nivel cultural impresionante. Era como una enciclopedia”, destacó. La escritora Nancy Morejón ha reafirmado este criterio al añadir otra cualidad destacada: haber sido “un ferviente lector”.

Mientras, el viceministro cubano de Cultura, Abel Acosta, resaltó que a sus aportes musicales “se suma su incuestionable defensa de las tradiciones y de la Patria”. El intelectual añadió que “si se escucha con detenimiento su tema Son al son, se puede apreciar un son rellollo, música cubana intacta puesta de relieve y en defensa de la cubanía. De ahí viene su letra: ‘Mi tierra linda porque te quiero, yo a ti te canto mí son entero…’”.

Tributo merecido

La popularidad ganada por César Portillo no lo obnubiló, más bien lo acercó todavía más a sus raíces populares y al amor que sentía por su país. Eso lo retribuyó Cuba entregándole varias condecoraciones estatales. Asimismo, por la obra de toda una vida, la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música de España lo distinguió con el Premio Latino en 2004. Y en la Isla, por esa fecha, recibió el Premio Nacional de Música. Con motivo de su cumpleaños 90, el general de ejército, Raúl Castro, entonces presidente cubano, le prodigó palabras de felicitaciones. Y en mayo de 2013 ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro y del propio Raúl encabezaron las honras fúnebres del eminente artista.

Vivir y cantar con sentimiento.

Foto: img.cdandlp.com

Varios ejemplos podrían constatar la entrega de este hombre orgulloso de su nacionalidad, sin embargo, siempre prefirió el anonimato, aunque sus coterráneos conocemos que honró a la Isla con donativos a instituciones culturales y de la salud, además de entregar su aporte financiero para la producción de un documental sobre los Cinco Héroes, luchadores antiterroristas, realizado por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

En homenaje a su desaparición física, recientemente transcurrió el 7º Concurso de Interpretación César Portillo de la Luz. De ese modo, al decir del cantante lírico Hugo Oslé, organizador del evento, “se hace justicia devolviéndole al maestro lo que realmente le pertenece”.

De lo anterior se infiere que, en el centenario de César Portillo de la Luz, dentro de tres años, se reconocerá la plenitud de su entrega. Esa que convierte el arte cubano en genuino embajador de nuestra cultura, la que nos sigue prestigiando a nivel mundial.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda