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Publicado el 14 Junio, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Admirada, aun sin nombrarla

Al cumplirse 108 años del natalicio de la sobresaliente escultora cubana, BOHEMIA le rinde homenaje
Admirada, aun sin nombrarla.

Aglutinó a varias generaciones de escultores y fue artífice del amplio movimiento generado en Las Tunas, cuyo aporte esencial radicó en resaltar la identidad de la urbe. (Foto: radiorebelde.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Poco, o casi nada, dice al más común de los oriundos de esta Isla, el nombre Grupo familiar (1947), con el cual se denomina oficialmente a un popular conjunto escultórico emplazado en La Habana. En tanto, si se rectifica que la referencia alude a los venaditos del Zoológico Nacional, a nadie le queda duda de qué y sobre quién se habla: Rita Longa Aróstegui (14 de junio de1912 – 29 de mayo de 2000), la escultura cubana más admirada y reconocida por nuestro pueblo.

Y es que esa tierna e íntima estampa no es la única retenida y perpetuada en el imaginario social de los habitantes de este archipiélago, otras como Virgen del camino (1948), en el municipio habanero de San Miguel del Padrón; la estilizada y etérea Ballerina (1950), del cabaret Tropicana; las Musas (1950), del cine-teatro Payret; las piezas Muerte del cisne (1959) y Forma, espacio y luz (1953), situadas en el Teatro Nacional de Cuba y el Museo Nacional de Bellas Artes, respectivamente, son solo algunas entre las tantas obras de la destacada artista, cuyo natalicio se conmemora en los próximos días.

Admirada, aun sin nombrarla.

La famosa Ballerina de Tropicana. (Foto: lajiribilla.co.cu).

De ascendencia aristocrática, desde temprana edad evidencia perspicacia y genio para asimilar saberes relacionados con las artes y las letras. La pintura seduce poderosamente a la niña y la madre define inscribirla, al terminar el bachillerato, en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, para que estudie dibujo comercial, profesión muy bien remunerada en la época.

Como hicieron muchos de sus contemporáneos (Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Jorge Arche, entre otros), su paso por ese centro es errático y fugaz; no obstante, la frugal estancia en la institución la impregna de los conocimientos del insigne escultor antillano Juan José Sicre.

Con apenas algunas herramientas academicistas y la experiencia autodidacta, siendo solo una veinteañera, inicia un prolífico y activo recorrido en el universo del arte, donde exhibe una presencia casi permanente en exposiciones colectivas y personales.

En 1934 se casa con el jurista Fernando Álvarez Tabío, quien a partir de los años 60, del pasado siglo, ejerciera como embajador permanente de Cuba ante la ONU y tras cesar en las funciones diplomáticas fuera profesor universitario y presidente del Instituto de Relaciones Internacionales. De ese, el único matrimonio de la creadora, nacen dos hijos.

Junto a varios de sus coetáneos, en la década de los 30 se une al Estudio Libre de Pintura y Escultura, fundado por el notable pintor y caricaturista Eduardo Abela Villarreal. Aquella práctica experimental sería su primera y casi exclusiva acción pedagógica, solo repetida muchos años después en el Taller de Guamá, con Celia Sánchez Manduley como inspiradora principal.

Admirada, aun sin nombrarla.

Forma, espacio y luz enriquece la colección de Bellas Artes. (Foto: pintorescubanos.org).

Comprometida con la Revolución, despliega una labor artística significativa: es la autora de Aldea taína (1961-1964), conjunto que se alza en el centro turístico Guamá, de la occidental provincia de Matanzas; y se devela como promotora sagaz de diversos proyectos y programas, entre ellos, la Comisión de Desarrollo de la Escultura Monumental y Ambiental (Codema), la cual presidiera desde 1980 hasta poco antes de su deceso.

Por ser esa modalidad de las artes visuales una disciplina subvalorada en Cuba durante años, Rita Longa se convierte en aglutinadora de varias generaciones de sus cultores y en artífice del amplio movimiento generado en Las Tunas, cuyo aporte esencial radicó en resaltar la identidad de la urbe, por ella misma bautizada como la Capital de la Escultura.

Una obra, una poética…

La espiritualidad y delicadeza que emanan de sus obras, figurativas y/o abstractas, se traduce en una poética singular, genuinamente cubana y en constante indagación hacia la perdurabilidad de lo bello, sin desasirse del sentido decorativo.

Sus esculturas reúnen y sintetizan múltiples ideas en un concepto único, esencial para abordar gestas históricas, figuras patrióticas, religiosas y de la cultura, temáticas que se enlazan a sus más hondas búsquedas en torno a la identidad.

Admirada, aun sin nombrarla.

Conjunto erigido a la entrada del Zoológico Nacional. (Foto: arteporexcelencias.com).

En alguna ocasión, la Premio Nacional de las Artes Plásticas 1995 confesaría que su incompetencia en cuanto a ciertas técnicas del dibujo la llevaría a desarrollar procedimientos sorprendentes para concretar las piezas; por ejemplo, a modo de boceto, proyectaba primero la futura obra a escala de un décimo del tamaño original y, tras corroborar su efectividad, la presentaba al arquitecto y al cliente para su aprobación.

La figura femenina y los persistentes flujos de agua son recursos recurrentes en la creación escultórica de esta mujer, diligente hasta los últimos años de su vida, quien rehuyó de las fórmulas, los efectismos, y concibió una obra vanguardista, diseminada en cada palmo del territorio nacional, ampliamente valorada y respetada por el pueblo, quien según Graziella Pogolotti, “la admira, la reconoce y la recuerda, aun sin nombrarla”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez