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Publicado el 5 Junio, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

¿Mayo sin teatreros?

A propósito del aplazamiento del lucido evento regional, BOHEMIA se adentra en algunas referencias sobre su historia y trascendencia
¿Mayo sin teatreros?

Basada en los principales conceptos del Movimiento Pánico de Alejandro Jodorowsky, Las tres viejas, de los brasileños de Teatro Pândega, atraparon al auditorio del Hubert de Blanck, en 2012. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Desde hace varios años Mayo Teatral es una plaza esperada para los “teatrodictos” o ¿“teatrómanos”? cubanos y foráneos. Devenido espacio de integración y confluencias culturales, identitarias, ideológicas y sociales, esta cita bienal, organizada por la Casa de las Américas, es una experiencia artística única, en la cual los creadores involucrados cotejan estéticas, estilos, modos de hacer y llevar adelante el empeño de creer y asumir el arte como energía transformadora del mundo.

En estos días, su edición 11 tendría lugar en La Habana, de no ser por la emergencia sanitaria generada a raíz de la pandemia de COVID-19. Por tanto, teatristas, críticos y seguidores de las artes escénicas tendrán que aguardar el reencuentro previsto para 2021.

De acuerdo con declaraciones de sus organizadores, las jornadas postergadas mantendrán el mismo eje temático: Escena y desafío. Asimismo, preservarán el proyecto curatorial convenido y, hasta el momento, la totalidad de las agrupaciones participantes han confirmado su presencia, con muestra y programa del evento similares.

Este mayo sin teatro en Casa merece un sucinto recuento sobre su historia y relevancia, como núcleo de una tradición en la que el intercambio de saberes y la confraternización ya coexisten de manera indetenible.

¿Mayo sin teatreros?

Impresionó en la sala Adolfo Llauradó, en 2014, el tratamiento al robo de niños en la dictadura militar argentina que presentó la obra Instrucciones para abrazar el aire, de Arístides Vargas e interpretada por el propio dramaturgo junto a la actriz Charo Francés. (Foto: cubasi.cu).

A la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral se le denomina oficialmente así desde 2001, a partir de que sustituyera a una breve muestra adjunta a encuentros teóricos convocados a finales de los años 90, del pasado siglo, por la propia Casa de las Américas.

No obstante, los antecedentes del evento que hoy disfrutamos se conectan a aquellos Festivales de Teatro Latinoamericano emprendidos en la década de los 60 por la prestigiosa institución cultural, y con los cuales se convirtió en precursora de tales convocatorias en la región; también tuvieron sus equivalentes en los 80: los Encuentros de Teatristas Latinoamericanos y Caribeños.

Dichas citas, en sus distintas circunstancias y etapas, significaron una contribución excepcional para difundir lo más valioso del teatro contemporáneo en la región, y al mismo tiempo, favorecieron los necesarios e imprescindibles vínculos entre artistas, investigadores y sus públicos, precepto salvaguardado hasta la actualidad.

Durante estos años, cada una de las ediciones ha sido síntesis y esencia de una singular coincidencia entre distintas disciplinas artísticas, donde la diversidad temática, estilística y estética une y no escinde, a partir de poéticas y lecturas sorprendentes acerca de la contemporaneidad y sus problemáticas.

¿Mayo sin teatreros?

Una singular revisitación a Henri Ibsen protagonizaron los cubanos de la compañía Argos Teatro, con Mecánica, de Abel González Melo y dirigida por Carlos Celdrán. (Foto: YASSER EXPÓSITO).

Revisitaciones a los clásicos, autorreferencialidad, testimonios, como recursos escénicos, tejen relatos portadores de vivencias estrechamente relacionadas con la memoria más reciente de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.

Por las salas habaneras y las sedes en otras provincias han transitado colectivos notables. Son recordadas las actuaciones de Teatro La Candelaria y Matacandelas, ambos de Colombia; el Grupo Cultural Yuyachkani, de Perú; Teatro Pândega, de Brasil; Intimoteatroitinerante, de Argentina; Mateluna-Fundación Teatro, de Chile; Malayerba, de Ecuador; o Tojunto, de Puerto Rico, por solo citar unos pocos.

Pero, los del patio ­–El Ciervo Encantado, El Público, Teatro de la Luna, Teatro de las Estaciones, D´Dos, El Portazo, Macubá, La Rosa, Trébol, entre otros igualmente reconocidos–, también dejaron su impronta en los escenarios de más de 10 temporadas; algunos asentados fuera de la capital y con probada calidad, cuya incorporación a la muestra evidenció el carácter eminentemente selectivo del equipo curatorial y el cuidado por refrendar la visibilidad y representatividad del teatro cubano de excelencia.

Figuras tan sobresalientes como los argentinos Hernán Gené, Fernando Rubio y Eduardo Pavlovsky; el chileno Marco Antonio de la Parra, la brasileña Maria Alice Vergueiro, la colombiana Patricia Ariza, son algunas de las que se han advertido por aquí; con la mayor de las humildades, han compartido experiencias metodológicas e incluso, hasta los escollos que precedieron a la culminación del hecho artístico.

¿Mayo sin teatreros?

La obra del dramaturgo y actor Alberto Pedro volvió a seducir a la nómina de Teatro de la Luna, liderada por Raúl Martín, la cual en 2018 dio de qué hablar y reír con El banquete infinito. (Foto: RADIO CAMAGÜEY).

El Premio El Gallo de La Habana, instituido en 1966, ha sido un merecido reconocimiento para aquellos colectivos, personalidades, publicaciones o sucesos escénicos con una contribución excepcional al teatro en el continente y el Caribe. Los uruguayos del Teatro Circular de Montevideo, los cubanos de Teatro Escambray, el director, dramaturgo y actor argentino Arístides Vargas; los bolivianos de la compañía Teatro de los Andes; la pedagoga y dramaturga portorriqueña Rosa Luisa Márquez se hallan entre los agasajados en los últimos años.

Acompañando cada capítulo del evento, a modo de espacio para la memoria, el recuento y el pensamiento, la revista Conjunto que fundara el dramaturgo guatelmateco Manuel Galich, marca el pulso de la creación escénica como referente imprescindible de la materia más antiguo y continuado que se haya concebido a escala continental.

Dialogar, disentir, revelar y confesarnos desde el juego mágico al cual convida el teatro de esta América nuestra, es la máxima que ha animado –y anima- a Mayo Teatral. Pensarnos, crecer y reconocernos a partir de nuestras paradojas y utopías no es una certeza que se desplome por una tormenta en un mal día. Preparemos las velas, alistémonos todos y veámonos el próximo mayo en Casa y con teatreros.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez