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Publicado el 6 Junio, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

Provocar el hecho verdadero

En tiempo de la COVID-19 problemáticas tratadas en el filme Se permuta y en otras ficciones cubanas devienen alertas para evitar conductas antisociales y la doble moral
Provocar el hecho verdadero.

Las reflexiones éticas que defienden los personajes de Isabel Santos y Mario Balmaseda, en Se permuta,  están avaladas por la artisticidad en el desempeño actoral. (Foto: esbilla.wordpress.com).

Por SAHILY TABARES

Desde la antigüedad, preocupaciones éticas, sociales y políticas, dilemas del ser humano en los laberintos de la existencia, alimentan la discursividad artística.

En el panorama mediático, las ficciones generan impactos en la construcción de imaginarios y la opinión pública. Relatos concebidos para las representaciones en las pantallas se multiplican en la sociedad interconectada, forman parte de la cultura compartida por comunidades.

La TV cubana, sus creadores y directivos afrontan múltiples desafíos debido a las estresantes condiciones que impone la pandemia en el mundo, urge continuar sensibilizando a los públicos con problemáticas complejas, conflictos, conductas inadecuadas. En las narraciones audiovisuales personajes disímiles fustigan esquemas, prejuicios, censuras, tabúes arraigados, sinfín de intolerancias e inercias.

Volver a ver Se permuta, del director Juan Carlos Tabío, en el espacio Cine en familia (Cubavisión, viernes, 2:00 p.m.) motivó a revisitar una narración que en tono de comedia retoma la corrupción, la desidia de funcionarios, el oportunismo y la doble moral. Peripecias y situaciones apelan intencionalmente al establecimiento de sugerentes dinámicas, estas distancian al espectador de lo que se dice y cómo se dice mediante rejuegos cómicos y melodramáticos con un marcado carácter artificial. No obstante, lo sucedido puede ocurrir o, por lo menos, queda en tela de juicio.

¿Cómo “intervienen” actores y actrices en un relato que critica vanidades, arribismos, y al unísono deja bien claro: defender el amor a toda costa es una prioridad sin límites ni obstáculos?

Isabel Santos (Yolanda) y Mario Balmaseda (Pepe) instauran reflexiones éticas conmovedoras, las defienden sin artificios, incluso aprovechan los incidentes cruciales, los avances o retrocesos de la trama, en la obtención de un propósito: ser ellos mismos De una manera u otra el televidente cinéfilo espera exploraciones honestas de la vida privada para que en cualquier latitud la historia sea instructiva, fascinante.

¿Se olvidan estos requerimientos en puestas de la televisión nacional? ¿Y en las de otros países?

Ambas interrogantes sugieren otra: ¿Cuál es la principal tarea de un argumento? Comunicar una emoción significativa. Por supuesto, la emoción no es una fuerza estática, sino un movimiento in crescendo que impulsa la fuerza del deseo y las acciones de los intérpretes.

Pensemos, ¿por qué el gesto, los momentos sublimes de personajes o tipos carecen, en ocasiones, de un principio esencial: comunicar emociones? El detalle es el que logra el efecto en la ficción. Stendhal lo llamó “el pequeño hecho verdadero”. Pasarlo por alto afecta nexos que establecemos para incorporar a nuestra vida las vivencias del intérprete-personaje.

La sentimentalidad expresiva influye en la apertura del ser humano, este debe seguir queriéndose. Es preciso nutrir las puestas audiovisuales con subjetividades atractivas, encuadres, ritmos que propicien mecanismos de interacciones emocionales y participativos.

En las narrativas actuales y en la Poética de Aristóteles, la intriga no es estática, forma parte de un proceso integrador, el cual requiere dudas, angustias, sospechas, alegrías, suposiciones, de quienes frente a la pantalla están dispuestos a retirarse sin permiso de lo que ocurre ante ellos.

Sin duda, el canon griego todavía vigente demuestra que el logro de la perfección se expresa mediante la unidad de las partes; para todo guionista trabajar con una buena premisa –lo demostró Tabío– garantiza la unidad de acción y la integridad de las partes en función del punto de partida de la historia.

Aunque en ocasiones se olvida, la TV media entre la elaboración del conocimiento de la realidad y la valoración de los sujetos de esa realidad, reafirma la dimensión antropológica de la cultura, que es un ente híbrido, heterogéneo, donde confluyen repertorios populares, cultos y masivos.

No olvidemos, las puestas en escena no son solo producciones de sentido, sino de sensaciones que alcanzan su clímax en narraciones estructuradas con el propósito de seducir a cada persona, de lo contrario se pierde la conexión participativa de las mayorías.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares