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Publicado el 29 Julio, 2020 por Pastor Batista en Cultura
 
 

CULTURA COMUNITARIA

Desde la otra Casa

Acercamiento a una institución que en la etapa pos COVID-19 sigue abriendo sus puertas o llegando hasta la comunidad, con una programación que no discrimina edades
Desde la otra Casa

Cada nuevo ensayo va puliendo detalles en la danza.

Texto y fotos: PASTOR BATISTA VALDÉS

Tal vez para acompañar a su mamá a otro lugar, la pequeña María de la Caridad Ángel Bello Guerrero haya refunfuñado alguna que otra vez. Cada miércoles y viernes, sin embargo, cuando temprano en la mañana Tamara la toma de la mano, allá en Ceballos, y salen a luchar el primer medio de transporte que aparezca rumbo a Ciego de Ávila, el semblante de la niña no puede reflejar mayor dicha.

“Durante el verano pasado vio a otras niñas ensayando aquí, en la Casa de la Cultura José Inda Hernández, y me rogó que la pusiera en esta danza. Hablamos y no hubo dificultad. Esto lleva sacrificio, tiempo, pero vale la pena porque mi hija está aprendiendo…”.

En términos similares pudieran hablar Kaily Palenzuela Martínez y Lisliet Piñeiro Rondón, madres de Kaila Padrón y de Melissa Rodríguez, dos niñas del proyecto Blanco y negro, que inserta canto, baile y teatro.

“Nuestra programación, sin embargo, no solo transcurre aquí dentro –explica Helen Rodríguez Pereira, instructora–, hacemos actividades con y para personas de distintas edades en el hogar para niños sin amparo familiar, el Palacio de pioneros, asilos de ancianos, casas para abuelos, centros de reeducación, barrios y comunidades”.

Con un arraigo de décadas entre la población, acentuado en los meses del verano, la mencionada institución cultural avileña mantiene de enero a diciembre puertas abiertas de par en par a opciones como el taller multidisciplinario Tejiendo un sueño, con niños de cuatro a seis años, objeto de minucioso seguimiento con vistas a los grupos de creación.

Yoel López Nodal, metodólogo de cultura popular tradicional, pudiera estar hablando días enteros. “También tenemos talleres literarios, a cargo de asesores y escritores de la vanguardia artística; el Club del danzón para jóvenes y adultos mayores, un espacio dedicado al baile de casino, y el nombrado Laberinto de colores, para cultivar las artes plásticas; El Rincón de los cronopios, con literatura infanto-juvenil; y el taller Canta conmigo, entre otros”, puntualizó.

Llama la atención que no siempre Maoma tiene que venir a la montaña. Zonas y repartos como el de Canaleta y algunos incluso más alejados o desfavorecidos urbanísticamente, devienen a menudo epicentro de un burbujeo cultural que atrapa y contagia.

Desde la otra Casa

Durante todo el año la Casa organiza actividades sociales y comunitarias.

Así sucede, por ejemplo, con los proyectos Veraneando en mi consejo, Razones y Hoy te cuento, que llevan cultura, participación, intercambio y distracción al ventrículo comunitario.

Ese estilo de trabajo alinea lo que ha pedido el Consejo Nacional de Casas de Cultura mediante un amplio movimiento denominado Verano por la vida en la comunidad, para concretar las potencialidades de cada lugar en unas 1 200 instituciones educativas cubanas, incluyendo 140 campamentos y palacios de pioneros, que funcionarán como centros culturales en consejos populares.

Por eso, en mayor o menor grado, las Casas de Cultura se afincan en los 10 municipios avileños, en un contexto donde pueden faltar pintura para una pared, condiciones para escuchar con mejor calidad la música grabada, el vestuario necesario en ensayos y presentaciones… pero sobran voluntad y deseos de hacer bien las cosas con lo que se tenga a mano.

Bajo una temperatura en alza, la mañana avanza sobre toda la ciudad. Sumergida en su fantástico y sonoro mundo, la locutora Xiomara Isabel Aguilera y el metodólogo Iraldo Hernández preparan a un grupo de pequeños, llamados a mantener pletórica de salud esa locución que enorgullece a la provincia.

Tomadas de la mano y con cara de gozo, entran por la puerta principal las adolescentes Mélany Alegría y Vanesa Víltres. Atrás han dejado calles, parques, avenidas. No las espera el embrujo de los micrófonos. Su pasión es otra: la danza… la danza que aprenden en esta, su otra casa.


Pastor Batista

 
Pastor Batista