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Publicado el 16 Julio, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

La desazón del arte

Ficciones audiovisuales que se transmiten por la TV Cubana durante el verano propician acuciosas reflexiones de la familia reunida en el hogar por el bien social debido al peligro de la COVID-19
La desazón del arte.

Disciplina y rigor caracterizan al equipo de Tras la huella que próximamente realizará nueva filmaciones.

Por SAHILY TABARES

En el mundo interconectado prevalece el desplazamiento progresivo de la TV por las redes sociales –medio que se utiliza de manera recurrente para obtener información–, no obstante, los filmes y las series mantienen su estatus de conquista sobre los públicos, quienes demuestran su interés en relatos y conflictos de la vida en directo.

En opinión del profesor Jesús Martín-Barbero: “Lo popular es lo que encuentra en lo masivo mediático un lugar donde exhibir sus gustos, estéticas y saberes”. Este criterio confirma el auge de producciones favorecidas con buenas historias de guionistas que emigraron del cine y aprovechan la repercusión de productos audiovisuales en el incremento del consumo en la pantalla chica o por Internet.

No por azar la programación televisual concebida para el período estival hace énfasis en telefilmes, películas y temporadas de series estadounidenses, las cuales han logrado establecer un hábito en audiencias participativas que resignifican valores, pues en tiempos de distanciamiento físico por el bien social, la familia es la intermediaria fundamental.

Entusiastas seguidores “vigilan” en el canal Multivisión, los horarios de las series Friends, La extraña, 911, Motel Bates, en las que no todos los contenidos y aparentes edulcoraciones son inocentes. Puede impresionar un héroe-tipo capaz de llevar sus acciones hasta las últimas consecuencias, de ahí la importancia de prestar atención a sus bocadillos, procederes, actitudes –a lo que dice y lo que hace–; justo en ese tránsito, la puesta visibiliza códigos de poder y demanda de la teleaudiencia una mirada atenta e interpretación exhaustiva, en lugar del mero disfrute o la tranquila complicidad. Los realizadores pensaron la intencionalidad de cada plano concebido para seducir al espectador, alimentar sus expectativas durante tantos capítulos y temporadas como lo decidan canales y productores interesados en mantener la preferencia. De hecho, invirtieron con el propósito de retenerlos frente al televisor.

Por su parte, los policíacos cubanos al estilo de Tras la huella aportan fábulas, moralejas, provocaciones que suelen motivar incluso a entrenados internautas. Basada en hechos reales, cada historia del referido espacio denuncia conductas delictivas de índole diversa: asesinatos, robos, violaciones, corrupción, tráfico y consumo de drogas, prostitución, malversaciones; fenómenos nocivos de repercusión social.

Transformar esas realidades complejas en un espectáculo artístico requiere proporcionar a los televidentes la comprensión de lo que ocurre y cómo ocurre mediante asociaciones de diversos aspectos, sin obviar que esa otra realidad pertenece a la ficción, a lo imaginario, constituye una extensión de la realidad subjetiva del creador y del espectador, en la medida en que logra ser objetivación del contenido ideológico y emocional de las personas.

No obstante, en ocasiones los propósitos evidentes de advertir, alertar, trasladar hábitos correctos, llevan en sí cargas de didactismo en situaciones y diseños de personajes-tipo, las cuales impiden modelar la riqueza expresiva de la imagen, su función simbólica.

Pensemos, si un personaje o tipo es estático, nunca duda, teme o vacila, se le pertrecha de una coraza o de la más exquisita inverosimilitud, no conquistará a quien está ávido de “ver” acciones en la trama en lugar de que le representen la perfección ganada a ultranza, lo cual es una falsedad. Urge seguir cultivando narrativas en las que proliferen confrontaciones, luchas, catarsis.

Existen evidencias de la calidad del policíaco cubano. Lo demostró, por ejemplo, la miniserie Con peligro para la vida (guion de Nilda Rodríguez y dirección del actor Omar Alí). El lenguaje de Tras la huella responde a la verdad de ficciones construidas sin rejuegos artificiosos o manipulaciones de sentimientos. Ellas son un medio idóneo para expresar una de las mayores virtudes del arte: la desazón que anima a pensarlo todo de nuevo, a revisar nuestra conducta sin descuidar la humildad de quien aprende a vivir en el diario acontecer. El campo audiovisual está listo para concebir nuevas experiencias que incluyan a sujetos de diferentes gustos, preferencias, urgencias informativas. Así lo exige la diversidad de tecnologías, redes, pantallas, relatos, estos no pueden estar ajenos a las necesidades y posibilidades expresivas de los públicos del siglo XXI, cada vez más demandantes y participativos.


Sahily Tabares

 
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