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Publicado el 2 Julio, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ELISEO DIEGO

Leyenda viva de la literatura

A propósito del centenario del insigne poeta cubano, BOHEMIA se suma a las acciones conmemorativas
Leyenda viva de la literatura.

Foto: bohemia.cu

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

“Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos. Y lo hago, no por vanidad, ni por el deseo de brillar o qué se yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”, se autodefinió en cierta oportunidad el también pedagogo, traductor y ensayista Eliseo Diego, a quien el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Libro y otras instituciones de la mayor de las Antillas le tributan, por estos días, diversos homenajes por el centenario de su natalicio, este 2 de julio.

Para esa jornada se previó, en el horario del mediodía, develar una tarja en su casa natal, sita en Obrapía y Compostela, en el centro histórico habanero. Y pocas horas después, se espera la transmisión online, desde la Biblioteca Nacional José Martí, del acto de recordación, en el cual se pretende participen poetas, actores, investigadores de su obra y trovadores.

Reconocido como una de las figuras esenciales de la lírica cubana del siglo XX, Eliseo Julio de Jesús de Diego Fernández-Cuervo –su verdadero nombre– se doctoró en Pedagogía por la Universidad de La Habana en 1940. Perteneció a la generación de intelectuales fundadores del grupo Orígenes, a cuya publicación aportara innumerables poemas, pero también algunos cuentos, los cuales aún no han sido valorados con la hondura que merecen.

Fue profesor de literatura inglesa y norteamericana, e instituciones tan prestigiosas como Casa de las Américas, la Biblioteca Nacional José Martí y la revista Unión, órgano oficial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) apreciaron de cerca su ingenio y excepcional dominio de la lengua.

Concibió ensayos notables y muchos de sus poemarios conquistaron en Cuba el premio de la Crítica –incluso, en ocasiones de manera consecutiva–, pero el más recordado, y tal vez aquel que encarna, con mayor exactitud, el germen de su existencia y espiritualidad poética, es En la Calzada de Jesús del Monte, calificado por la crítica nacional y extranjera un clásico de la literatura hispanoamericana.

Sus traducciones y versiones a las obras de los más sobresalientes autores de la literatura infantil universal llevaron el sello indeleble de su magisterio, en un género que cultivó casi desde su adolescencia y nunca le dejó abandonar esa sensibilidad especial para comprender la esencia de la juventud y la niñez.

Leyenda viva de la literatura.

Foto: bohemia.cu

La pulcritud y cadencia de sus versos y prosas lo convierten en un autor extraordinario, muy seguido y apreciado, en especial, por los jóvenes y todos aquellos amantes de la buena poesía, de la majestad en la literatura.

Por el conjunto de su obra ganó el Premio Nacional de Literatura en 1986; y en 1993 fue merecedor del Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

Recorrió naciones de casi todos los continentes y un volumen significativo de ediciones y reediciones de la obra de este bardo impenitente lo revelan como un intelectual estimado, leído y estudiado en distinguidas universidades del mundo.

La excelsitud del autor de Por los extraños pueblos (1958), El oscuro esplendor (1966), Inventario de asombros (1982), Cuatro de Oros (1990), entre otros textos, se advirtió de modo especial cuando el colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, señalara que “es uno de los poetas más grandes de la lengua castellana”.

Aunque dejó de existir el 1º de marzo de 1994, en Ciudad de México, sus restos reposan en suelo cubano, justo en la Necrópolis de Colón, donde –por azar o suerte– se hallan muy cerca del panteón de su amigo José Lezama Lima.

No obstante, el escritor mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, tras conocer la desoladora noticia de su deceso, no pudo ser más explícito y concluyente: “solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez