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Publicado el 18 Agosto, 2020 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Eusebio Leal, un hijo de su tiempo

Acerca del Historiador de La Habana nos ofrece su testimonio un estrecho colaborador y discípulo suyo
EUSEBIO LEAL: un hijo de su tiempo.

Maestro y discípulo en una sesión académica en el Colegio San Gerónimo de La Habana. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Era un ser extraordinario. Ni doctorados ni condecoraciones ni títulos hicieron mella en su carácter sencillo y humilde. Al andar por las calles de su ciudad, sobrio en el vestir, sin ostentación, se detenía a conversar con el pueblo, empujaba una carretilla en la reconstrucción de un inmueble, conversaba amistosamente con un librero. Si algún periodista le solicitaba criterios sobre Céspedes u otro prócer, o en torno a la historia de Cuba y de su capital, accedía gustoso, aunque pocas horas después tuviera que partir para el aeropuerto al tener programado un viaje a Europa con vistas a participar en un evento.

Para quienes trabajaron estrechamente con él y tuvieron el privilegio de ganarse su afecto y amistad, de ser discípulos suyos, no es fácil hablar de Eusebio a pocas horas de su desaparición física. BOHEMIA agradece a Félix Julio Alfonso (Santa Clara, 1972), ensayista, historiador y profesor del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, que haya respondido nuestras preguntas acerca de El Hombre de La Habana, como lo bautizó el pueblo.

-¿Cómo conoció a Eusebio Leal?

EUSEBIO LEAL: un hijo de su tiempo.

Noviembre de 1979. Leal, entonces director del Museo Histórico de la Ciudad, encabeza las celebraciones por el aniversario de la fundación de la capital cubana. (Foto: Archivo de BOHEMIA/C. Pildaín).

-Lo conocí, como la inmensa mayoría de los cubanos, por su entrañable programa Andar La Habana, a inicios de los años 80 del siglo pasado. Pude verlo personalmente por primera vez en 1988, cuando yo tenía 16 años y vine a la capital a un Concurso Nacional de Historia para los preuniversitarios, cuyos anfitriones fueron aquel año el doctor Alejandro García Álvarez y el profesor Horacio Díaz Pendás. Al terminar el programa del concurso hicimos un recorrido por La Habana Vieja y nos encontramos a Eusebio en la esquina de Cuba y Obispo, vestido de gris y ofreciendo una de sus incontables charlas. Allí lo escuché por primera vez, con su voz bien timbrada y su inconfundible retórica, y fue para mí una experiencia inolvidable.

-¿Cuándo usted se integró a la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC)? ¿En qué momento comenzó a trabajar estrechamente con Leal?

-Quince años después (como el título del célebre libro de Raúl Roa) de aquel primer encuentro empecé a trabajar en la Oficina del Historiador, a instancias de la arquitecta Patricia Rodríguez Alomá, quien me sumó al entusiasta equipo del Plan Maestro para la Revitalización Integral de La Habana Vieja. Ya allí los encuentros fueron más frecuentes con Leal, y comenzó un trato que se hizo definitivo y mucho más cercano a partir del año 2010, en que me pidió lo asistiera en la coordinación de las actividades académicas del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana.

-¿Pudiera describirnos sus relaciones laborales en la OHCH?

-Eusebio tenía un modo muy singular y antiburocrático de relacionarse con sus colaboradores, como él nos llamaba. No te citaba para reuniones innecesarias ni le gustaba perder el tiempo. Bastaba una llamada telefónica para saber cómo andaban las cosas y para que tú le contaras aquello que resultaba de mayor prioridad o interés en el trabajo. Si algún asunto ameritaba urgencia te recibía de inmediato en su Oficina, que siempre estuvo abierta para todos.

-¿Qué característica de su personalidad lo ha impresionado más?

-En primer lugar, su extraordinaria capacidad de trabajo. Aun en los momentos más difíciles de su enfermedad no dejó de responder cartas y correos, de llamar a sus más cercanos colaboradores, de dar orientaciones y prodigar sueños. Tengo el ejemplo de que, ya en sus últimos días de vida, alcanzó a firmar los diplomas de los estudiantes que se graduaban en el curso 2019-2020. A ello debemos unir su inquebrantable sentido del deber, su austeridad, su profundo sentido de la ética y de la justicia. Su sagacidad como político y su pundonor como hombre de Estado que fue, al lado de Fidel y de Raúl. Y su lealtad sin fisuras a aquellas convicciones que lo acompañaron siempre: el amor a Cuba, a La Habana y a la Revolución.

EUSEBIO LEAL: un hijo de su tiempo.

Como Historiador de la Ciudad, en los años 80 dirigió el renacer del Centro Histórico habanero. (Foto: Archivo de BOHEMIA/E. Castro).

-¿Prefiere al comunicador antes que al historiador, o cree que las dos facetas son indisolubles, inseparables?

-No es posible separar ambas cualidades en un hombre de la vasta cultura y la simpar elocuencia de Eusebio. Tenía en grado supremo el don de la oratoria, de tejer admirablemente en emotivos discursos, siempre improvisados, hechos y sentimientos que no dejaban a nadie indiferente. Muchas veces me humedeció los ojos con sus vibrantes y patrióticos discursos, donde los hombres y mujeres que hicieron la historia de Cuba dejaban de ser estatuas marmóreas para transfigurarse en criaturas de carne y hueso, capaces de realizar actos épicos y heroicos, y también de yerros y extravíos. Como siempre dijo, había que entrar en la historia con la cabeza descubierta.

-Nos gustaría saber cómo era un día típico de trabajo para Eusebio Leal.

-Él sentía horror al vacío en sus días de trabajo. Aprovechaba hasta el más mínimo instante en hacer cosas útiles. Llegaba muy temprano a su Oficina, que tuvo diversas sedes en el Centro Histórico. Podía iniciar la jornada con su programa de radio, y de ahí salir hacia una obra a comprobar su progreso, y más tarde dirigirse a ofrecer una conferencia de prensa, responder la correspondencia, recibir a un embajador, caminar y conversar con las personas en la calle, y atender a mil y una vicisitudes de quienes lo requerían. Y en medio de tantas obligaciones y deberes, siempre encontró tiempo para leer y meditar. Muchas veces lo vi, visiblemente cansado, llegar al Colegio para sus clases con los alumnos de primer año, en horario vespertino después de las 6:00 de la tarde, y nunca faltó a ese compromiso con sus discípulos, ni a ningún otro.

-¿De qué modo reaccionaba Leal ante una situación difícil?

-Desde luego que tuvo situaciones muy difíciles, y también le tocó enfrentar los errores y oposiciones de otros. Pero siempre lo vi sereno y reflexivo, aunque llevara por dentro un desengaño o una pena muy honda. Solía actuar ante la adversidad con ecuanimidad, equilibrio y sin exabruptos. Eso sí, era enérgico y severo en sus decisiones contra quienes de manera deliberada no cumplían con su deber o eran ingratos a la confianza que se había depositado en ellos. Tuvo enemigos, cada vez menos, afortunadamente, a quienes derrotó con esfuerzo, astucia y perseverancia. A propósito de no pocos avatares, le gustaba mucho la sentencia del maestro venezolano Simón Rodríguez, que mandó grabar en el frontispicio de su última morada: “yo, deseando hacer de la tierra un paraíso para todos, la convierto en un infierno para mí”.

-¿Qué lo hacía feliz?

-Creo que lo hacían feliz muchas cosas: un jardín cuidado, un libro inolvidable, un niño con su aula nueva, un anciano atendido, una mujer hermosa, un edificio restaurado, el canto de los pájaros, los dulces… pero sobre todo saber que sus ideas y planes para el Centro Histórico se hacían realidad, y vencer de este modo la desidia de los hombres y el deterioro del tiempo.

-De los volúmenes que él publicó, ¿cuál o cuáles usted aprecia más?

-Tengo la fortuna de poseer la mayoría de sus libros, y varios me los dedicó con su letra de elegante caligrafía. De preferir, los prefiero todos, desde sus primeros textos, de modesta factura, como sus Breves apuntes de la historia de Cuba (1987) y Detén el paso caminante…La Habana Vieja (1987), pasando por libros de mayor entidad historiográfica como La Habana, ciudad antigua (1988), Regresar en el tiempo (1995) y Verba Volant (1990).

EUSEBIO LEAL: un hijo de su tiempo.

Tenía en grado supremo el don de la oratoria, de tejer admirablemente, en emotivos discursos, hechos y sentimientos. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

“A partir de la creación de Ediciones Boloña, esta casa editorial ha tenido la misión de publicar en su catálogo la obra de Eusebio Leal, en distinguidos volúmenes pertenecientes a su Colección Opus Habana, entre los que podemos mencionar Fundada esperanza (2003), La luz sobre el espejo (2004), Patria amada (2005), Fiñes (2007), Legado y memoria (2009), Hijo de mi tiempo (2013), Aeterna sapientia (2015) y Cuba, prendida del alma (2018). Sin olvidar los tomos de la serie Para no olvidar, que testimonia todo el proceso de salvaguarda y restauración del patrimonio habanero, y su riguroso trabajo en la edición crítica de El Diario Perdido de Céspedes, cuya última edición data de 2019. Te decía que me es muy difícil preferir uno en particular, porque cada libro de Eusebio es una lectura sorprendente y agradabilísima, muy placentera y profunda al mismo tiempo”.

-A título personal, ¿qué recordará siempre de ese ser humano excepcional?

-Ser amigo y discípulo de Eusebio Leal ha sido uno de los más grandes honores de mi vida. No podré nunca olvidar su generosidad y su noble trato conmigo, por lo que estaré eternamente en deuda de gratitud con él.

EUSEBIO LEAL: un hijo de su tiempo.

Ediciones Boloña ha tenido la misión de publicar en su catálogo la obra de Eusebio Leal. (Foto: habanaradio.cu).


Pedro Antonio García

 
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