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Publicado el 14 Agosto, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

MANUEL SAUMELL ROBREDO

Precursor y guía

La cultura nacional recuerda a insigne músico de la Isla. En el aniversario 150 de su deceso, BOHEMIA rinde homenaje a tan notable figura, cuyo legado incidió de manera decisiva en la maduración y desarrollo de nuestra identidad sonoraLa cultura nacional recuerda a insigne músico de la Isla

Precursor y guía.

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Considerado padre del nacionalismo musical cubano, Manuel Saumell Robredo (1817-1870) nació en La Habana un 19 de abril y falleció, apenas 53 años después, justo un día como hoy, 14 de agosto. En el aniversario 150 de su deceso, BOHEMIA rinde homenaje a tan notable figura, cuyo legado incidió de manera decisiva en la maduración y desarrollo de nuestra identidad sonora.

Además de compositor y pianista, este genio de la música llegó a ser un virtuoso intérprete, profesor y arreglista. Según su biografía, fue hijo del contratista catalán responsable de las obras para instalar el alumbrado público habanero en 1827.

Por su procedencia humilde, careció de una formación académica durante la infancia; debió estudiar de forma autodidacta, empeño en el cual demostró ingenio y aptitud, pues apenas era un adolescente y andaba inmerso en los ajetreos de la composición.

Precursor y guía.En 1832 se convirtió en discípulo del pianista alsaciano Juan Federico Edelman, quien le procuró clases de perfeccionamiento; en tanto con Mauricio Pyke, empresario de ópera italiana de paso por la urbe antillana tiempo después, se instruyó en armonía, contrapunto, fuga e instrumentación.

Cuando tenía 22 años, intentó llevar adelante una ópera con personajes populares y elementos típicos de la vida en la mayor de las Antillas. Este sería un proyecto sin precedentes en nuestro continente, pero se vio frustrado por incomprensiones.

Se dice que a pesar de haber contraído nupcias con una habanera acaudalada –Concepción Amegui, madre de sus tres descendientes– tuvo una existencia azarosa, ceñida a privaciones económicas que, en ciertas ocasiones, le impidieron la plenitud creativa y demandaron de él grandes dosis de esfuerzo, sensibilidad y exigencia para conseguir sus anhelos.

De cualquier modo, fue un entusiasta de las artes. Interpretó el piano en iglesias, convocó a encuentros musicales, ofreció conciertos, realizó instrumentaciones y arreglos, impartió clases a las nuevas generaciones de la época. Trabó amistad con personalidades sobresalientes del panorama cultural. Conoció y admiró al destacado pianista estadounidense Louis Moreau Gottschalk.

A lo largo de su agitada vida contribuyó con sus saberes al lustre de importantes instituciones culturales, en algunas llegó a presidir la sección de Música, como en la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia y el Liceo Artístico y Literario de La Habana, en cuya fundación intervino junto con Ramón Pintó y el músico José Miró.

Precursor y guía.Aunque las contradanzas devinieron sus obras por excelencia, también incursionó en otras manifestaciones musicales, instrumentales u orquestales, en las cuales se evidencia sencillez, autóctona esencia criolla y elevado vuelo desde el punto de vista pianístico.

Los ojos de Pepa, La Gassier, La Matilde, La Nené, La amistad, La quejosita, Los chismes de Guanabacoa son algunas de las tantísimas contradanzas creadas por él, muchas ya con una base melódica y rítmica que significó el germen de géneros como el danzón, las habaneras y las guajiras, que en el decurso del tiempo se volvieron muy populares y seguidos.

Como muchos de sus contemporáneos, Manuel Saumell sintió de cerca el trepidar de su tierra, transida por el coloniaje. Y ese amor y respeto patrios lo incitó a concebir una obra extraordinaria que definió y perfiló los rasgos identitarios de nuestra cubanidad en el universo sonoro.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez