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Publicado el 24 Agosto, 2020 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Racismo y mafia militar en el cine

A propósito del filme El oficial y el espía, sobre el célebre Caso Dreyfus, transmitida en la TV cubana como parte de la programación de verano
Racismo y mafia militar en el cine.

Jean Dujardin (Georges Picquart, a la izquierda) y Louis Garrel (Alfred Dreyfus) en El oficial y el espía. (Foto: goldenglobes.com)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

El racismo crece como la mala hierba. Cuando se le estima en vías de extinción, rebrota con más ímpetu porque no se han extirpado sus raíces. Poco importa que en un país se elija para ocho años a un presidente negro, si un nuevo mandatario, en el siguiente cuatrienio, resucita los odios raciales y vuelven los linchamientos en plena vía pública, como fue el reciente asesinato a sangre fría de un afroamericano, perpetrado por policías blancos, en los Estados Unidos.

En la vieja y cansada Europa el racismo es tan viejo como la historia. A finales del siglo XIX, Francia se tornó escenario del célebre Caso Dreyfus, en el cual a un capitán de artillería lo acusaron de espía alemán con pruebas fabricadas y lo que más pesó en el veredicto de culpabilidad fue su origen judío. Este proceso alcanzó notoriedad internacional cuando el novelista Émile Zola denunció las ilegalidades cometidas, en su alegato J’Accuse…!, publicado en el diario L’Aurore.

Precisamente sobre este acontecimiento trata la cinta El oficial y el espía (2019), del cineasta polaco Roman Polanski (El bebé de Rosemary, El pianista). La idea de filmarla lo rondaba desde que finalizara el rodaje de El escritor (The ghost, 2010), basado en una novela de Robert Harris, su colaborador también en la adaptación cinematográfica. Polanski sugirió a este investigar sobre el craso error judicial decimonónico y del texto resultante salió el guion para la nueva película, que no concentra su atención en Dreyfus ni en Zola, como sus antecesoras en el séptimo arte, sino en Georges Picquart, el oficial francés de Inteligencia quien destapó todas las mentiras concernientes al caso.

Racismo y mafia militar en el cine.

Pauline (Emmanuelle Seigner) y Picquart en otro momento del filme. (Foto:imdb.com).

En el antecedente fílmico más memorable a la versión Polanski-Harris, La vida de Émile Zola (William Dieterle, 1937, protagonizado por un Paul Muni en excelente forma), el origen hebreo de Dreyfus fue censurado por la Warner Bros. Ahora el realizador polaco lo refleja en varias secuencias, cuando las turbas pagadas por la alta oficialidad francesa denuestan a Picquart y Zola como asalariados del judaísmo internacional. Incluso se evidencia cómo los “generales de la república” gala exculpan superficialmente a Esterhazy, pues un aristócrata hijo de un general era incapaz de tal infamia, no así un judío alsaciano como el inculpado.

Los prejuicios clasistas también quedan subrayados cuando en otra secuencia un general explica que el mayor Henri no es elevado a la jefatura de la Inteligencia gala por ser el hijo de un tendero y él mismo parecerlo, en cambio Picquart, el promovido, tiene una buena presencia, parece un aristócrata. Ironías del destino, Henry mintió y cometió perjurio por obedecer órdenes de la alta oficialidad y el seleccionado por su aspecto correcto resultó ser su Némesis.

Si bien el dúo Polanski-Harris, en su magnífico guion, deja bien claro el carácter de capos mafiosos de la jerarquía militar francesa, capaz de apelar al fraude, la falsificación, la mentira flagrante, y llegar incluso al asesinato –todavía hay en ese país quienes la responsabilizan de la extraña muerte de Henry en prisión y del asesinato en plena vía pública del abogado Ferdinand Laboirí–, nada dice acerca del destino de Esterhazy, nunca juzgado. Al final murió en un exilio dorado en Inglaterra en 1923. La hipótesis de que este hijo de papá haya sido un agente doble no se sostiene, porque entonces a Picquart, cuando lo denunció, no lo hubieran perseguido los generales con tanta vehemencia (llegaron a publicar en la prensa aspectos íntimos de su vida, entre ellos sus amoríos con una mujer casada).

Racismo y mafia militar en el cine.

Un detonante en la vida real y en la cinta: Émile Zola publica su famoso alegato. (Foto:imdb.com).

El oscarizado Jean Dujardin (El artista) interpreta muy orgánicamente al oficial Picquart, escoltado con eficacia por Emmanuelle Seigner (Frantic, La vida en rosa), en el papel de Pauline, la amante de este; Louis Garrel (Un castillo en Italia), como Dreyfus; y un elenco que en general, lejos de desentonar, apuntaló felizmente la realización, sobre todo los actores que encarnaron a los jerarcas militares.

A pesar del barraje mediático en su contra (ayudaron las acusaciones a Polanski por violación, de las cuales no hemos tenido más noticia a partir de la crisis por la pandemia), el filme se alzó con el Gran Premio en Venecia y con otros lauros, entre ellos 11 nominaciones al César de 2019, de las cuales ganó tres (director, guion y vestuario). Independientemente de que su realizador no es ningún santo (no es la primera vez que se ve involucrado en una acusación similar), el filme molestaba a sectores de poder que prefieren ver enterrados en el olvido escabrosos acontecimientos del pasado.

Si por su apego a la veracidad histórica y su valentía en la denuncia, El oficial y el espía merece un aplauso, por la profesionalidad de su realización trasciende a la categoría de memorable. Filme que agarra de principio a fin, sin fisuras, es a juicio de este comentarista lo mejor de Polanski desde que nos deleitara con esa obra maestra que es El pianista.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García