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Publicado el 28 Agosto, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

TELENOVELA (I): Lía o la inocencia perdida

Reflexiones sobre un fenómeno comunicativo y cultural de gran trascendencia en las sociedades latinoamericanas que estudian disciplinas del arte y las ciencias sociales y su incidencia en El rostro de los días, puesta de producción nacional, la cual conmociona en las redes sociales a públicos de diferentes sexos y edades

TELENOVELA (I): Lía o la inocencia perdida.Por SAHILY TABARES

Con la historia de la humanidad surge el relato. Está presente en todos los géneros: el cuento, la novela, la radionovela, la telenovela, los mitos… Lo cierto es que hoy las historias no se quedan en las comarcas ni en los pueblos. Ahora, los medios de comunicación audiovisuales son los narradores por excelencia y sus consecuencias traspasan fronteras, culturas e idiomas.

Vivimos en un sistema-mundo donde acontecen procesos de reconfiguración, dada la convergencia de novedades y exigencias de la socialización de contenidos en beneficio del más amplio concepto de cultura y de los usos de blogs, Facebook, Twitter, Youtube.

No obstante este dinámico panorama solemos preguntarnos: ¿por qué una telenovela puede cautivar a las mayorías? ¿Su discurso es un documento antropológico o psicológico? ¿Los antecedentes del género proceden de diferentes matrices culturales?

Un relato de tanta aceptación merece indagaciones acuciosas, de ningún modo por azar la telenovela es el primer producto de exportación y difusión de la industria audiovisual en América Latina. No obstante el protagonismo de las series en temporadas largas o cortas según las urgencias de las televisoras y de los públicos, la narración telenovelesca deviene un fenómeno comunicativo y cultural de repercusión social, condición que la convierte en objeto de estudio de diversas disciplinas del arte y de las ciencias sociales.

De hecho el acercamiento desde la cientificidad motiva atender la diversa procedencia cultural de sus antecedentes. Entre ellos descuellan el melodrama teatral de 1800, la novela europea del siglo 19, la novela de folletín por entregas de inicios de del 20, las radionovelas, los filmes norteamericanos, las ficciones radiales de hechos reales, la fotonovela y las historias ilustradas. Dicho acervo nutre la ficción telenovelesca, pero esta tiene su identidad propia como relato televisual más allá de cualquier relación lógica con formas culturales o literarias preexistentes.

En términos de lenguaje, producción y consumo cultural, la TV renueva códigos y acude a géneros dramáticos de probado impacto en las audiencias. El más recurrente es el melodrama con sus especificidades: personajes-tipo (el villano, el héroe, la víctima), el tema amoroso como eje de la trama y la emocionalidad discursiva.

Por todo esto los realizadores se esmeran al abordar conflictos, los cuales remiten a lo que ocurre aquí y ahora, sugieren pistas, esbozan ideas, propician comprender las estrategias de un producto  de dimensiones artística, estética, dramatúrgica, técnica, comunicativa.

Determinadas puestas abren reflexiones sobre nuevos modos de profundizar en la búsqueda social del conocimiento. Contradicciones, actitudes, y filosofías sobre la vida activan el interés de grupos creativos por colocar peligros inminentes ante la mirada y la conciencia de las personas.

Así ocurre en la telenovela El rostro de los días. La puesta ha conmocionado a públicos de diferentes edades y sexos. Aunque lo guionistas Angel Luis Martínez y Serguéi Svoboda plantean desde su punto de vista una amplia gama de planteamientos sensibles a cualquier cubano o cubana, focalizar la violencia y el abuso sexual y los riesgos del maltrato infantil en una acción subordinada del relato –mal llamada subtrama- promueve los  análisis de mensajes, textos, contextos, discursos no abordados sistemáticamente en el medio televisual con la frecuencia merecida.

Al colocar la mira en situaciones de alta sensibilidad que implican las relaciones entre una madre, una hija y un padrastro, además de tener una connotación familiar y social revela cómo el arte puede aproximarse a lo real sin la pretensión de ser un tratado sociológico o de otro tipo.

Pensemos en las estrategias comunicativas de un relato que juega con las expectativas de las audiencias, el secreto, el silencio y, precisamente, en ese proceso dramatúrgico hace meditar no solo en Lía y en la pérdida de su inocencia, lo cual es terriblemente doloroso, sino en la amalgama compleja de vidas colocadas al límite.

¿Qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió, son interrogantes inmanentes en El rostro de los días para alertar a todos desde los conflictos articulados sabiamente. Cada proposición cultural escoge, dentro de la madeja intrincada que suele ser lo real, aquellas aristas o fenómenos que considera pertinentes y en este sentido se destaca un derecho inalienable de los creadores desde tiempos inmemoriales.

Nuestra  TV tradicional de servicio público hace énfasis en un concepto esencial: los medios de comunicación audiovisuales son texto y contexto, no es posible analizar el discurso mediático aislado de la sociedad en que se produce y circula. Sin duda, la captación de las individualidades nos permitirá comprender lo universal, lo propio, lo íntimo.

Volveremos sobre El rostro de los días para profundizar en el valor del arte, este educa al movilizar conciencias y acciones.


Sahily Tabares

 
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