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Publicado el 4 Septiembre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV (II): Rostros que conmocionan

Desde la presentación concebida con fotos fijas en blanco y negro y en color la telenovela cubana El rostro de los días alerta a los públicos sobre el protagonismo de individualidades y familias que durante la trama llevan adelante múltiples conflictos y el desarrollo de situaciones dramáticas de elevada connotación psicosocial, las cuales motivarán más de un debate en los hogares
La telenovela el rostro de los días.

El personaje-tipo de la doctora Mariana (Roxana Broche) defiende la justicia, los valores éticos, el equilibrio físico y emocional de quienes la rodean.(Foto: tvcubana.icrt.cu).

Por SAHILY TABARES

Todo relato de ficción, por mucho que extreme su diferencia con lo “real”, ha de tener anclaje en lo verosímil, pues su textura es la vida. La memoria, el dato de absoluto verismo, las complejas amalgamas de la existencia son fuentes a las cuales suelen acudir los realizadores durante el acto de transfigurar lo visto o lo imaginado en relatos estremecedores.

Ocurre sin medias tintas en la telenovela El rostro de los días (Cubavisión, lunes, miércoles, viernes, 9:00 p.m.). Los guionistas Ángel Luis Martínez y Serguéi Svoboda abordan una amplia gama de conflictos, principios éticos, urgencias existenciales que movilizan a detractores del género, el cual se ha convertido en un fenómeno comunicativo, cultural, objeto de estudio en disciplinas del arte y las ciencias sociales.

Quizá poco se repara en el olfato de ambos creadores y del resto del equipo de realización para conducir dramatúrgicamente un relato enfocado en temáticas de alta sensibilidad: la adolescencia, la violencia en disímiles vertientes, el abuso sexual y los riesgos del maltrato infantil.

Muchos se preguntan: ¿por qué creció al parecer de la noche a la mañana un relato devenido certero estilete? Justamente, por el punto de vista al contar la historia, este regula las informaciones que orienta el sentido de la narración y propicia presentar en la pantalla de una manera explícita tragedias susceptibles de ocurrir en cualquier hogar quizá ajeno al grito de alerta ante el hecho malsano.

En la puesta, con dirección general de Noemí Cartaya y co-dirección de Felo Ruíz, se avizora desde la presentación diseñada mediante fotos fijas de familias que estas serán protagonistas de peripecias y situaciones dramáticas y sin ellas sería imposible establecer relaciones entre personajes-tipos y audiencias, son indispensables para alcanzar la felicidad al derribar un sinfín de obstáculos.

Acudir a la sorpresa, al suspenso, poner en juego las expectativas de espectadores emocionados, ha sido una estrategia comunicativa de larga data en la literatura y el audiovisual; los realizadores de El rostro… la emplean para componer escenas que definen el curso de una trama, desentrañar lo oculto detrás de máscaras, pareceres, bocadillos, gestos, Solo la acción permite poner en claro la falsedad, la traición, lo desconocido.

La reiteración de escenas caracterizadoras y escenas preparatorios en varios de los primeros capítulos conspiró contra el avance de la telenovela, por esto algunas personas han estimado: “Era lenta al principio, volvía sobre lo mismo”. No obstante, el desarrollo de las situaciones dramáticas en los conflictos permitió el diálogo activo de varias generaciones de televidentes con una telenovela actual, clásica, enriquecida por el melodrama y la tragedia (género no realista y realista, respectivamente), que al ser bien tratados colocó en lo mira lo que no se ve o lo que no se quiere ver.

Toda situación humana o actitud tiene un marco de expresión convencional en los géneros dramáticos, de los cuales se nutre la ficción televisual, que desempolva hallazgos en senderos transitados por la literatura, el teatro y el cine.

Como conciencia crítica de la sociedad en el sentido de perenne rebeldía e inconformidad puede revelarse una telenovela, esta clama por la participación individual y colectiva. Lo que no se visibiliza no existe. Urge seguir aprovechando las formas comunicativas de la TV, ese medio de bien público en nuestro país es múltiple, diverso en cuanto a intencionalidades, estéticas, interactividad expresiva y pensamiento descolonizador.

Rostros que conmocionan son descubiertos sin ambages en una recreación artística, la cual motiva a reflexionar detenidamente sobre la dirección de fotografía y las actuaciones de jóvenes y consagrados. No lo olvidemos, la actitud del actor y de la actriz ante el papel se divide entre un sentir y un mostrar, entre una función semántica (actuar que es esa persona) y una función deíctiva (indica un momento y un lugar desde donde expresa el texto). Volveremos en BOHEMIA sobre la repercusión de ambas especialidades en El rostro de los días.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares