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Publicado el 14 Septiembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

MARIO BENEDETTI

Inolvidable presencia

Homenaje, en su centenario, a uno de los referentes más sobresalientes de las letras hispanoamericanas y universales, quien con la mayor de las Antillas tejió un puente de amor, sabiduría y amistad
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Desde su infancia quiso ser escritor

Desde su infancia quiso ser escritor. (Foto: cubadebate.cu)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Cuando la fama sorprendió a Mario Benedetti, tras la publicación de la novela La Tregua (Alfa, 1960), ya el notable poeta, novelista, ensayista, traductor, dramaturgo y periodista tenía un camino andado en las lides del universo literario y editorial, al tiempo que empezaba a mostrar la postura política que lo definiera en el decurso, como el revolucionario latinoamericano que fue.

Nació en la República Oriental del Uruguay, el 14 de septiembre de 1920, en el departamento de Tacuarembó (Paso de los Toros), donde residió los primeros años de vida hasta que la familia se mudó a la capital, Montevideo.

Por las limitadas condiciones económicas de su hogar tuvo que abandonar los estudios y comenzar a trabajar a la edad de 14 años. Fue recadero primero, y con superación y esfuerzo, llegó a ser taquígrafo, cajero, tenedor de libros, empleado público y de comercio, traductor, periodista y, por supuesto, el escritor que añoró ser desde la infancia.

A partir de 1945 congenió y confraternizó con intelectuales de diferentes hornadas en el Semanario Marcha, en el cual ejerció como director de la sección de literatura y donde permaneció hasta su clausura en 1974.

En tanto alternó labores organizativas, de redacción y liderazgo con distintas publicaciones de la región, como Marginalia, Número, La mañana, Peloduro, La Tribuna Popular, la bonaerense Tiempos Modernos, la mexicana Siempre y las cubanas Casa de las Américas, El Caimán Barbudo y Unión, las cuales marcaron los derroteros de una vida y obra, consagradas con éxito, a las letras.

Integró en varias ocasiones el jurado internacional del prestigioso galardón literario

Integró en varias ocasiones el jurado internacional del prestigioso galardón literario. (Foto: cervantesvirtual.com)

Aunque la crítica especializada lo enmarca en la llamada Generación del 45, e indistintamente también en la Generación de Marcha, Benedetti se mostró más identificado con esta última clasificación, por aglutinar a una mayor cantidad de creadores de diversas estéticas y conceptos.

Reconocido como uno de los referentes de la literatura latinoamericana y universal, el también escritor de Montevideanos (1959), Despistes y franquezas (1989), o las novelas Gracias por el fuego (Alfa, 1965), Primavera con una esquina rota (Nueva Imagen, 1982), La borra del café (Arca, 1992), se asumió bardo por antonomasia desde siempre.

“La poesía es el género en que yo creo expresarme mejor. Aunque la crítica generalmente no es de esa opinión, es el género donde estoy más cómodo y del cual me siento más cerca”, declaró cierta vez el autor de obras tan populares como Hagamos un trato y Táctica y estrategia.

Aun cuando navegó triunfal por casi todas las vertientes literarias, Benedetti incursionó en el guion y hasta fue actor circunstancial en una película de Eliseo Subiela: El lado oscuro del corazón (1992), en la cual declamaba versos suyos, nada más y nada menos que en alemán.

Por su orientación política, radical y revolucionaria, sufrió exilio tras el golpe de Estado de 1973 y vivió en Argentina, Perú, Cuba y España hasta mediados de la década de los 80, cuando regresó a su país natal y retomó su agitada actividad intelectual.

Con la mayor de las Antillas tejió un puente de amor, sabiduría y amistad, al integrar el jurado internacional del Premio Literario Casa de las Américas en enero de 1966, experiencia que se repitió en varias ediciones del laurel.

Poemas suyos fueron musicalizados por el español Joan Manuel Serrat, para el disco El sur también existe.

Poemas suyos fueron musicalizados por el español Joan Manuel Serrat, para el disco El sur también existe. (Foto: granma.cu)

En lo adelante se volvió sostenida y permanente su presencia en la prestigiosa institución cultural, entonces dirigida por Haydeé Santamaría, a quien lo unieron lazos de sincero afecto y aprecio. Fundó su Centro de Investigaciones Literarias y sentó las bases de lo que es hoy ese departamento.

“Comprendió que lo que lograra llevar adelante en aquel espacio literario complementaría los proyectos de divulgación de la institución, totalmente a la vanguardia del proceso cultural y político que se desarrollaba en la América Latina y el Caribe”, refirió la intelectual Trinidad Pérez Valdés, en el número 256, de la revista Casa de las Américas, en 2009, tras haber fallecido el escritor el 17 de mayo de ese año.

Esta vinculación con Casa se prolongó a lo largo de varios lustros; aun cuando por razones profesionales ya no integraba la nómina del consejo de dirección, publicó con asiduidad en su órgano oficial, la revista fundada y dirigida por el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, su gran amigo.

Sin duda, la Revolución Cubana significó para el autor de El país de la cola de paja (1960), el primer texto representativo de su militancia y compromiso ideológico, una transformación en la manera de percibir y sentir a América Latina; una definición integral como escritor revolucionario, sin desistir de la literatura, su razón de existir.

Publicó decenas de libros, muchos de ellos traducidos a disímiles idiomas.

Publicó decenas de libros, muchos de ellos traducidos a disímiles idiomas. (Foto: cubaperiodistas.cu)

A lo largo de su trayectoria creativa publicó decenas de títulos, muchos de ellos traducidos a 25 idiomas. Fue acreedor de distintos lauros y distinciones, incluso de manera póstuma, conferidos por acreditadas instituciones y organizaciones de diferentes países, como la Orden Félix Varela (1982) y la Medalla Haydeé Santamaría (1992), otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba; los nombramientos de Doctor Honoris Causa por universidades de América Latina y España. Igualmente, conquistó el galardón José Martí y los iberos Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y Méndez Pelayo.

En estos días en que se conmemora el centenario de su natalicio, regresan a la mente aquellos poemas recitados de memoria por jóvenes de diferentes épocas y latitudes; vuelven las siempre en boga grabaciones de recitales en su voz pasadas de mano en mano durante años.

“No, no estoy arrepentido de ser, mal que bien, un escritor; entre otras razones, porque creo que no habría podido no serlo”, expresó en alguna oportunidad, desde su sempiterna humildad; y es que este hombre sensible, de especial y afinado sentido del humor, fue un artista en letras mayúsculas.

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