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Publicado el 1 Septiembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Pedro de Oraá, una vida y obra ilustres

Pedro de Oraá, una vida y obra ilustres.

Es considerado referente imprescindible de la pintura abstracta y concreta en Cuba. (Foto: cubasi.cu)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Pedro de Oraá (1931-2020) integró una pléyade de creadores antillanos que dio nuevo sentido a la plástica nacional a partir de la segunda mitad del siglo XX. Era una época en que el abstraccionismo y el concretismo solo colmaban los grandes salones del arte universal y La Habana todavía, reticente a tal oleada vanguardista, crecía entre matices figurativos.

El notable poeta, narrador, ensayista, crítico, diseñador gráfico y artista visual cubano, falleció este 25 de agosto. Fue el último de los Diez Pintores Concretos, cuya obra trascendió por su original poética y la frescura de sus líneas.

“Agradables invasiones del espacio regidas por una lógica matemática, una visualidad en la que el movimiento parece estar determinado por la velocidad y su envés, por su descomposición, como la famosa flecha de Zenón de Elea”, comentó a principios de 2019 el crítico e historiador Rafael Acosta de Arriba sobre las obras de Pedro de Oraá, quien es considerado referente imprescindible de la pintura abstracta y concreta, estética en la cual no solo trabajó, experimentó y creó, sino desde la que instó, estimuló e instruyó a las nuevas hornadas de artistas.

Pedro de Oraá, una vida y obra ilustres.

Una estética singular caracterizó a su creación plástica. (Foto: la jiribilla.cu)

Hombre culto, sencillo y sosegado –como lo apreciaban aquellos que intimaron más con él–, descubrió muy precozmente cuál sería el camino que marcaría sus días. Nacido en La Habana, estudió pintura y escultura en la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro y construcción civil en la Escuela de Artes y Oficios, también de la capital. Mientras, alternaba tales aprendizajes con la creación poética. Llegó a publicar obras junto a otros bardos igualmente jóvenes y por esa razón viajó a Venezuela, donde se relacionó con destacados escritores y artistas plásticos.

En compañía de Loló Soldevilla, fundó en octubre de 1957 la galería Color-Luz. En ella organizaron varias exposiciones colectivas, algunas de resonancia internacional, como la titulada Diez Pintores Concretos. Los integrantes de esa novel agrupación inauguraron en 1961 A/Pintura Concreta, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes, a propósito de la Campaña de Alfabetización, y en la cual recreaban desde conceptos plásticos la primera letra del alfabeto castellano.

Aun cuando el afamado grupo tuvo una existencia efímera y en ese lapso apenas venció el escepticismo de la crítica, constituyó una ventana para advertir qué concepciones ideoestéticas se movían en las mecas del arte mundial.

A mediados de la década de los 60 viajó a Bulgaria, perteneciente al otrora bloque socialista de Europa del Este, a estudiar la lengua y literatura de ese país balcánico. Con tales conocimientos ejerció como traductor de diversos textos para editoriales y publicaciones cubanas y foráneas.

Con ingenio y virtud combinó la labor de pintor, escritor y diseñador. Sus poemas se han traducido al inglés, francés, alemán, polaco, ruso, búlgaro y sueco. Cultivó la crítica y el ensayo artístico, en los cuales demostró consistencia en los saberes y un elevado dominio de los temas que abordó.

Fueron sus títulos más destacados Visible e Invisible, El instante cernido, Estación de la hierba, Destrucción del horizonte, Tiempo y poesía, La voz de la tierra, Las destrucciones por el horizonte, Apuntes para una mítica de La Habana, Suma de ecos, Umbral, Vida secreta de La Giraldilla, y algunos más.

Pedro de Oraá, una vida y obra ilustres.

El grupo de los Diez Pintores Concretos devino una oportunidad inédita de asumir y comprender el arte contemporáneo. (Foto: lexusauto.es)

Recibió los premios nacionales de Diseño del Libro (2011), Artes Plásticas (2015) y el de Maestros de Juventudes (2019), conferidos por el Instituto Cubano del Libro, el Consejo Nacional de Artes Plásticas y la Asociación Hermanos Saíz, respectivamente.

Llevan el sello sugestivo e indeleble de Pedro de Oraá, en portadas e ilustraciones, los textos de reconocidos intelectuales como Dulce María Loynaz, Roberto Fernández Retamar, Fina García Marruz, Ángel Augier, Francisco de Oraá, José Lezama Lima, Cintio Vitier, Nicolás Guillén, César López, Lina de Feria y Basilia Papastamatiú, entre otros.

Durante su trayectoria artística realizó diversas exposiciones personales y colectivas, en Cuba y otras latitudes. Su obra se halla representada en el Museo Universitario del Chopo, en México y la Galería Nacional de Sofía, en Bulgaria. También, el Godwin-Ternbach Museum del Queens College de New York y el Museum of Cuban Fine Arts de Viena, en Austria. Asimismo, el Museo Nacional de Bellas Artes, de La Habana y en los fondos de Lannan Foundation, en Santa Fe, Nuevo México. Al momento de su deceso figuraba como miembro de la AIAP (Asociación Internacional de Artistas Plásticos), adscrita a la Unesco.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez